Más de una generación ha tenido la oportunidad de conectar con las letras y los ritmos de Juanes, uno de los nombres colombianos y latinos más importantes de la industria musical. Un talento innato que siempre ha tenido algo que decir: desde lo poético, lo íntimo, lo personal y, por supuesto, lo romántico.
Ahora, con décadas de trayectoria, llega una etapa distinta que busca reinventarse sin perder la esencia de conectar desde lo natural. En este momento se revela otra cara, una que siempre estuvo ahí: la de JuanesTeban. No solo su nombre de nacimiento (su identidad verdadera), sino también el espíritu de un álbum que reúne un mensaje de introspección y que, sorprendentemente, nos recuerda que aún podemos seguir conociéndolo. Y qué mejor manera de hacerlo que a través de la música.

El colombiano Juanes reafirma algo que hoy parece escaso: la música hecha desde lo natural. No solo desde el corazón, sino desde la conciencia. En JuanesTeban, su nuevo álbum, hay una búsqueda clara por volver a lo esencial: al origen, a la tierra, a lo que no necesita artificio para sentirse real.
Parte de ese proceso lo llevó incluso a Costa Rica, donde grabó algunos de los visualizers y piezas visuales del proyecto. El resultado no es solo estético, es coherente: una obra que respira naturaleza, que se siente orgánica y profundamente conectada con lo latino. A esto se suma una serie de colaboraciones con artistas de la región que amplían el universo del disco sin traicionar su esencia.
Hay algo más en juego aquí. JuanesTeban suena a evolución honesta. El amor, el perdón, el paso del tiempo y la transformación personal atraviesan el álbum como temas centrales, pero lo hacen desde un humano.
Al escucharlo por primera vez, la conexión es inmediata: letras que pesan, visuales que acompañan sin distraer, una voz que sigue siendo reconocible pero más libre, y ritmos que vuelven a una raíz latina que no busca validación externa. Es música que no intenta llenar playlists, sino quedarse.
Después de años de trayectoria, Juanes no parece interesado en seguir tendencias. Lo suyo es contar historias, sostener una identidad y, en el proceso, recordarnos por qué seguimos escuchándolo.
En un momento en el que todo parece dominado por la inteligencia artificial y el ruido digital, JuanesTeban se siente muy humano, muy latino; además mezcla lo vintage con lo moderno. ¿Qué buscas transmitir emocionalmente con ese sonido?
—Me encanta usar amplificadores reales y tocar con mis amigos; que todo el proceso de grabación sea verdaderamente muy humano, de prueba y error. Vivo enamorado del sonido de los setenta y los sesenta. Me encanta lo que pasaba musicalmente en esa época a nivel sonoro, y esos discos hoy en día siguen siendo muy vigentes: The Beatles, los Rolling Stones, Led Zeppelin, Black Sabbath… todas esas bandas de esa época marcaron un comienzo muy importante. Vivo conectado ahí, como algo que me mantiene pegado a la esencia de lo que soy como músico. Y a nivel de sentimientos, es muy libre: puedes sentir lo que quieras, acordarte de tu vida y tus historias.
Muchos no sabían que también te gusta dibujar. ¿Qué encuentras en el dibujo que no encuentras en la música, o de qué manera se conectan estas dos formas de expresión para ti?
—El dibujo suena de otra manera, porque lo hace con los colores. Cuando ves un dibujo, resuena en ti; uno se conecta por alguna razón específica. Nadie sabe cómo; es algo muy efímero, muy extraño. Uno dice: “me gusta”, “lo odio” o “no me hace nada”. Así funciona la música también. Hay gente que dice: “me encanta”, “no me gusta” o “esa canción me mueve el alma”.
Es lo mismo, solo que en el dibujo es con los colores y en una escultura es con la forma. Hay sillas que te parecen bonitas, otras horribles, incómodas o cómodas. Entonces el diseño tiene muchas formas: el gráfico, que es sobre papel; el industrial, que es sobre la forma; y el de los sentimientos, que es la música. Pero creo que todos tienen su sonido, aunque es diferente.
En el álbum hay colaboraciones con artistas de distintos países de Latinoamérica. ¿Qué te hace sentir que una voz es la indicada para entrar en una canción?
—El primer paso es decir: “ok, me gusta lo que hace ese artista”. Hay admiración, ¿cierto? Hay amistad con algunos de ellos, como Mon Laferte: nos conocemos desde hace muchos años, somos amigos, hemos trabajado y girado juntos, hay una historia. Me fascina lo que hace esa mujer; para mí es una locura […]. Con Vivir Quintana, la conozco un poquito más, hemos compartido varias veces. Me enamoré de su voz, de su música, de su historia y de lo que ella representa […]. Escuché su música, su voz, la conocí personalmente y todo me llevó a decir: “Qué cool, cómo me conecto con esa persona”.
Con Rawayana nos conocemos desde hace unos diez años, siempre me ha parecido muy cool lo que hacen: diferente y fresco. Cuando Beto fue al estudio, escuchó la canción, escribió sus textos y de inmediato fue como un color totalmente diferente al que yo tenía en mi paleta […]. Le da otra vida a la canción.
Y con Conociendo Rusia igual: es un chico argentino [Mateo], parte de una nueva ola de rock en español argentino que está arrasando. Me encanta lo que hace, cómo canta […]. Lo conocí hace unos cinco años. Un día, en los Grammy de Las Vegas, me acerqué y le dije: “Hermano, soy súperfan de tu música, me encanta cómo cantas”. Nos saludamos y ya. Después, haciendo este álbum, Nico Cotton —con quien lo produje— es amigo suyo. Entonces dije: “Oye, si es amigo tuyo, invitemos a Mateo” […]
Y después está Bomba Estéreo, que es colombiana y me fascina desde su primera canción. Escuchaba esa música y me parecía superrara, diferente, colombiana, autóctona pero electrónica. Li es una mujer que canta con una sensualidad brusca, que es lo que yo siento de ella. Me parece muy diferente y especial. Y así se fue dando todo.

Juanes siempre ha existido, no es realmente un personaje. Hoy, en esta nueva etapa musical, ¿eres Juan Esteban tanto para el público como en el escenario? ¿Te defines bajo una sola identidad?
—La verdad, yo creo que soy una sola persona. Si hablas conmigo aquí, si vas a mi casa, si salimos a tomar un café o si estás en un concierto… quizás lo que yo hable contigo es muy parecido a lo que hablo en los shows. Y si me pasa algo en el momento de escribir, claro, pienso en hacer una canción, porque eso es lo que hago. Pero sigo siendo la misma persona.
Después de tantos años de carrera, ¿cómo defines hoy el éxito en tu vida?
—En este momento de mi vida, el éxito significa poder identificarme y sentirme realizado con algo que hago. Es totalmente ajeno a ser famoso, para mí eso no tiene nada que ver con el éxito. Uno puede ser muy famoso y muy desgraciado en la vida, muy triste. Y uno puede ser enormemente exitoso y no tan famoso. Entonces mi éxito está en poder hacer lo que me gusta, disfrutarlo, sentirme orgulloso de eso y salir —en mi caso— a tocar por todas partes. Pero siento que va más conectado con realizarme.
En este álbum también se siente un regreso a tus raíces, al Juanes que conocimos por primera vez. ¿Ese proceso de mirar hacia adentro llegó con la madurez o hubo un momento específico que te llevó a él?
—Sí, yo creo que tiene que ver con los años. La madurez implica muchas cosas: el dolor de equivocarte, las lecciones que te da la vida, aprender con el tiempo. Uno va creciendo a través del dolor, pero también de la alegría, de mis hijos, del amor hermoso de mi familia, de los fans… y también del proceso de ver cómo cambian las prioridades en la vida: lo que antes para mí era realmente importante hoy no tiene ningún significado; y lo que antes no importaba para nada, hoy sí me importa mucho. Entonces para mí se trata de ir encontrando un lugar donde haya más balance.

En la canción Humano hablas de aceptar los errores. ¿Crees que reconocer las fallas y pedir segundas oportunidades es una de las mayores fortalezas que puede tener un hombre?
—Yo creo que sí, tanto el hombre como la mujer. Primero que todo, todos nos equivocamos, siempre. Entonces, no tener una segunda oportunidad sería absurdo. En esa canción yo me refería más a cómo nos hemos dejado de conectar con la mirada de otras personas, cómo hemos perdido los abrazos o el momento de compartir.
La tecnología y el algoritmo nos han llevado a un individualismo increíble: vas en un avión, en un restaurante o incluso en casa… y todo el mundo está en el teléfono. Eso ya es parte de nuestra vida, pero a mí me hace sentir esa necesidad de encontrar a alguien con quien hablar; no solo estar conectado al teléfono, enviar mensajes o ver redes sociales. A pesar de los errores, yo necesito estar con mis amigos, con mi esposa, con mis hijos, con la gente de verdad, porque me hace falta ese contacto: esa es la reflexión de esa canción.
En La carta hablas de cómo el ruido del éxito puede hacer que uno descuide momentos importantes. ¿Cómo has aprendido a equilibrar tu carrera con tu vida personal y familiar?
—Ha sido a través de experiencias y golpes duros, la verdad. Antes no sabía cómo parar ni cómo decir no. Era una mezcla de incapacidad para negarme y también de ambición. Entonces era: más giras, más discos, más todo. Me pasé así diez años y al décimo año estaba reventado: no podía más. Terminé en un lugar tan triste, donde odiaba lo que hacía; se había perdido el alma. Fue una etapa muy loca que afortunadamente me enseñó a tener un balance: estar en casa, trabajar mucho, pero mantener un equilibrio y no andar como un demente por ahí.
Grabaste el álbum de una forma muy artesanal, muy rústica. ¿Ese proceso es también una forma de defender el valor de lo humano dentro de la música?
—Sí, yo creo que sí. Pareciera que vamos contra la corriente, pensando que esto todavía es importante […] No satanizo otras formas de hacer música, para nada. Pero sí creo que esto va en contra de lo artificial, de todo lo sintético, de lo intangible. Y también es muy chévere; yo no digo que esa forma de hacer música esté mal, pero creo que voy por este lado porque así fue como empecé en la música.
Amo, admiro y tengo mucho respeto por una persona que toca bien un instrumento, que canta bien o que escribe bien una canción. Hoy en día eso tiene mucho más valor para mí que meterme en una página, escribir un prompt y sacar una canción en quince segundos. Está bien, también es increíble que eso exista, pero no es humano. Es algo efímero.
Todos los videos y visualizers del disco son muy naturales ¿Cuál es tu conexión con la naturaleza y por qué quisiste plasmarla también en los videos?
—Para mí es muy importante la conexión con la naturaleza: con los árboles, con el agua, con todo lo que realmente somos. Siento que la Tierra es un ser vivo y que nosotros somos parte de ella. Los edificios y todo lo demás son creaciones del ser humano, pero no forman parte de lo que naturalmente somos. Todo esto me gusta porque genera la idea de un viaje por distintos lugares. Lo hicimos en Costa Rica —fuimos a grabar allá—, un país increíble. Esa conexión con lo simple, lo natural, lo humano, volver a eso, es lo que buscábamos.

Cuando pensamos en Juanes, inevitablemente nos vienen muchas canciones a la mente. Antes estaba La camisa negra… Pero hoy, ¿qué camisa llevas puesta?
—La verdad es que me encanta el color negro; pero también pienso que cuando mezclas todos los colores, al final obtienes negro. Entonces siento que el negro es parte de todo. La vida no es un solo color: me encanta disfrutar del sol, de un día gris, del mar azul, de la lluvia; me encanta el cemento, el asfalto, la madera. Todos los colores son importantes. Tener la posibilidad de ver colores es un milagro […]. Mis canciones, mis letras y mi disco tienen eso: todos los colores.
Las fotos con Juanes forman parte de la edición abril–mayo 2026 de Esquire Colombia, junto con el resto de nuestras entrevistas del bimestre, donde el enfoque estuvo puesto en Colombia. En este número reunimos a artistas que no solo representan a su país, sino también su cultura, su pasión y su forma de habitar el presente. Voces que entienden sus proyectos como una extensión de lo que aman y de aquello que los define.
Te invitamos a recorrer estas conversaciones y a adentrarte en sus historias en las páginas de esta edición, donde cada encuentro revela una manera distinta (y profundamente personal) de crear
Créditos:
Director Editorial: @gerardangulo
Fotografía: @carlos_ruizc
Realización: @vanecl._
Grooming: @sil_navarroo
Asistente de moda: @paulinacortes._ por @myfashionacademy.mx y @ser.mua
Producción: @_yulietd
Entrevista: @bianca_cosulich
