El salario emocional: por qué cada vez más personas están redefiniendo el éxito profesional

Después de dejar el mundo corporativo, Alejandro Torres encontró en la educación financiera y la creación de contenido una nueva forma de éxito: una que combina propósito, impacto y libertad personal.

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Con el tiempo, Alejandro Torres entendió algo clave: el dinero no es el objetivo, sino una forma de diseñar la vida que se quiere vivir. De la estructura implacable de la consultoría corporativa al vértigo (y la libertad) de crear contenido, su historia es la de alguien que cambió la seguridad por propósito, y el sueldo fijo por un salario emocional que no se mide en números, pero sí en impacto. Aquí, una conversación sobre desaprender, emprender sin romantizar y entender que, al final, moverse (aunque sea con miedo) siempre es mejor que quedarse en pausa.

¿Cómo es tu relación con el dinero? 

«Ha evolucionado con el tiempo, pero digamos que siempre ha sido una buena relación. A diferencia de otras cosas, como la alimentación (que ha sido una relación un poco bumpy), con el dinero es muy sana. Siempre he entendido que es una herramienta para cumplir sueños y siempre he sido muy organizado alrededor de él.

Digamos que esta etapa en la que estoy tal vez sea en la que más desorganizado he estado, dado que siempre había sido empleado, había tenido un flujo fijo y ahora ese no es el caso. Entonces, por cosas de la vida y por todo lo que estoy haciendo, esa organización se sale un poquito de control, pero cada vez estoy aprendiendo a manejar de manera diferente esa relación»

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Estudiaste ingeniería industrial y trabajaste en consultoría, una etapa que, según has dicho, te dio una forma muy estructurada de pensar. ¿Qué aprendizaje de esa experiencia sigues aplicando hoy en tu forma de emprender?

«Varias cosas. La primera es esa mentalidad de ser un problem solver. Cuando estás en consultoría, entras a una empresa distinta y a una industria que de pronto nunca en la vida habías escuchado y rápidamente tienes que absorber cómo funciona la industria y tu cliente, y hacerte el experto para hacer las recomendaciones correctas al cliente.

Entonces, esa capacidad de aprender rápido, de adaptarte al cambio, con pocos recursos, con poco tiempo y con poco sueño y, sobre todo, buscar cómo solucionar; eso, por un lado. Y lo segundo es la comunicación; creo que ahí uno aprende a saberse comunicar muy bien, a construir slides poderosos en los que uno va llegando desde el problema hasta la solución; eso es importante.»

Si la consultoría es la “medicina de las empresas”, ¿cuál dirías que es la enfermedad más común? ¿Qué diagnóstico se repite una y otra vez?

«No, eso no se puede [definir]. Hay muchísimos tipos de problemas. Hay empresas que tienen problemas financieros, de flujo de caja, de inventarios, de logística o de tecnología (sobre todo ahora), en los que las empresas están buscando ayuda para saber cómo integrar todo el tema de la inteligencia artificial. Pero problemas hay de todo tipo. «

Cuando fundaste Mae Selva con amigos, viviste tanto éxitos como momentos difíciles. ¿Qué aprendiste sobre emprender con amigos y cómo separar la amistad de las decisiones de negocio?

«Sí. Al final uno tiende a romantizar que una relación de amistad puede traducirse inmediatamente en una de negocios. Y no, tiene que ser al revés. Creo que los mejores socios que he tenido son personas que primero supe cómo trabajaban y después (curiosamente) nos volvimos amigos; pero primero entendí cómo trabajaban antes de que fueran mis amigos. 

Anteriormente, ese fue un error muy grande: con mis dos primeros socios fuimos muy románticos. Primero, en el tema que era skincare (que sobre todo es para mujeres) y de pronto, en esa época, no estábamos muy interesados en esos temas, pero nos pareció interesante porque nos llamó la plata, ya que veíamos que era una industria que estaba creciendo mucho.

Sin embargo, ahí también hubo un aprendizaje importante: no solamente te tiene que llamar la plata, sino también tiene que ser una cosa que te llame a ti la atención y te mueva. Y precisamente por eso, cada uno de nosotros empezó a flaquear en sus compromisos. Y sí, a mí me tocó decirles a mis socios “o se van ustedes o me voy yo; yo no quiero arriesgar la amistad por esto”. «

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¿Qué conversación o reglas hay que tener antes de firmar cualquier sociedad?

«Es importante saber cómo trabaja la gente y saber, sobre todo, que tus valores están alineados a los valores de esa persona, que están buscando cosas similares en términos de propósito; y también que sean perfiles complementarios: que lo que tu amigo pueda hacer sean cosas que de pronto tú no seas muy bueno para hacer». 

Querías ser profesor en algún momento de tu vida, ¿cierto? 

«No es que fuera mi carrera [soñada] como tal, pero siempre me dije: «cuando sea grande, después de que la reviente en cualquier cosa que haga a nivel profesional, me gustaría volver a la academia, ya sea a un colegio o a una universidad, para enseñar todo lo muy bueno que hice en mi vida”. «

¿Dirías que se te adelantó esa idea con la creación de contenido, que al final ese anhelo de compartir conocimiento es el hilo conductor de por qué te está yendo bien en redes sociales?

«Sí, yo creo que sí. Más que el querer enseñarle a la gente, considero que mi propósito es que la gente (cuando hablamos de finanzas personales) mejore su relación con la plata, y eso es a través de la educación. Asimismo, que la audiencia entienda que no son temas tan complicados, que se pueden entender de una manera un poco más sencilla. También trato de hacerlo muchísimo más relajado en comparación con otros compañeros que hacen cosas similares. 

Y sí, es un propósito muy bonito, que se me ha adelantado mucho y sobre todo que me ha dado también un salario emocional cuando de pronto el salario económico no está tan alto; ese salario emocional de recibir mensajes de personas diciéndote: «oye, gracias por esto». Me llegaron hace poquito un par de ellos que me hicieron muy feliz: “Gracias a ese pódcast que escuché, me lancé a emprender por mi cuenta”. Otra me dijo: «Gracias a tu curso, tomé decisiones financieras importantes que necesitaba hacer hace muchos años y pagué muchas deudas”, y bueno, todo eso me llena un montón.»

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Nunca había escuchado eso del “salario emocional”. ¿No le dabas el suficiente peso antes? ¿Lo conocías? 

«No. Digamos que era consciente del concepto y fue una de las cosas que también me motivó a renunciar al mundo corporativo. Me hacía falta un propósito y un salario emocional, por más que mi salario económico fuera gigante. Ahí fue donde hice el trade off de estar con unas esposas, porque gano extremadamente bien, estoy perfectamente cómodo, con mi salario puedo comprar todo lo que necesito, invertir, viajar y me queda. Y di ese cambio por buscar un poco más esa área de promoción y ese propósito; eventualmente creo que cuando uno es auténtico, el salario económico se equiparará.» 

Dicen por ahí que el conocimiento es poder. En un mundo saturado de contenido, ¿consideras que el más valioso es el que ayuda a los demás a tomar mejores decisiones en la vida? 

«Sí, creo que el contenido más valioso es el que te enseña a tomar decisiones, el que te cuestiona lo suficiente para que digas: «a partir de aquí quiero tomar una decisión». ¿Cuál decisión? La que sea. Siempre digo que “el movimiento es vida”. Si tú te quedas mirando y scrolleando —ya sea Instagram, TikTok o incluso un curso mío—, pero no haces nada a partir de ello, no estás haciendo nada. A mí lo que más me importa es que la gente diga: «oiga, yo vi esto, voy a hacer esto otro». «

¿No te vuela la cabeza pensar cómo las redes sociales comenzaron como espacios inofensivos para compartir nuestros gustos, preferencias musicales o selfies, y ahora moldean nuestra forma de existir? 

«Fíjate que curiosamente cuando me metí a este mundo de redes sociales, no fue de la nada. Es porque mi esposa es una figura importante en este mundo. Y cuando la conocí antes de ser esposos, me negaba rotundamente a que me sacara en sus redes sociales porque odiaba esta industria, porque me parecía precisamente eso: que hay un montón de cosas negativas y superficiales que suceden en ellas. 

Hasta que empecé a vivir con ella y empecé a entender que su salario emocional era espectacular, que Ana María, todos los días, así como yo, recibía mensajes que decían: «oye, gracias, porque tú me estás ayudando” en lo que sea. Ana María habla de salud mental y recibe mensajes todos los días de chicas que le dicen: «gracias a ti no me maté”, “gracias a ti me levanté de la cama».

Entonces, me dije: «uno puede hacer el bien con estas plataformas”, y empecé a indagar mejor y es cierto. Y por eso mismo me parece que si bien hay muchas cosas negativas en redes sociales, también hay cosas muy positivas, y ahí es donde uno tiene que impactar desde lo positivo, siempre con un propósito importante para que la gente pueda vivir mejor.»

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Por la mañana leí un post que decía que los creadores de contenido son la nueva fuerza de trabajo, que las plataformas son las nuevas fábricas, el contenido es la labor y la atención es la moneda de cambio. ¿Te hace sentido? 

«Totalmente de acuerdo. Lastimosamente, los algoritmos de las diferentes empresas de redes sociales están optimizando cada vez más la atención; buscan que tú estés más tiempo viendo sus plataformas, porque a través de eso te pueden vender productos, no nos digamos mentiras. Al final la clave está en cómo logras que la gente preste atención a cosas que realmente valgan la pena para ella.» 

¿Qué es lo que la creación de contenido te ha enseñado que no te dio trabajar en una empresa del tamaño de Microsoft? 

«Esa parte del propósito. Cuando creas contenido, al final son tus ideas, tu audiencia y lo que tú quieras comunicar. En cambio, cuando trabajas para una empresa grande, tienes unos lineamientos, unas reglas y no puedes salirte del script por más que quisieras. Pero aquí eres libre de hacer lo que sea y de construir tu propia plataforma, de hablar de los temas que te gustan con el propósito que tú quieres.

Otra cosa que también me ha enseñado es a soñar en grande. Al final, cuando uno está en un trabajo, tiene un cap en cuanto a tus responsabilidades, tu rol y tu salario. Aquí no; aquí, por el contrario, puedes hablar con quien sea y, de un día para otro, puedes decir: «quiero tener un pódcast, quiero escribir un libro, quiero hacer unos cursos o quiero tomarme unas fotos para una revista”, lo que sea. Y eso puede aportar a tu comunidad, lo que representa una libertad muy chévere que te permite decir: “no tengas miedo de soñar”. «

¿Te ha tocado desaprender algo de toda tu carrera en corporativo ahora?

«Sí, me ha tocado desaprender mucho. Una de las cosas es el tema del horario de oficina. Por ejemplo, en esta entrevista —si tú me preguntas— no siento que estoy trabajando. ¿Sabes? He aprendido que este tipo de cosas también son trabajo, por más que se sientan, en mi caso, como algo completamente ajeno. O también al grabar un video; yo decía: «pues no he trabajado nada porque no me sentaba frente al computador”. «

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Te entiendo; uno de los grandes shocks es darse cuenta de la labor titánica que es “crear contenido”. Lo hacen ver tan fácil que es irreal… 

«Es un trabajo de todo el día. En mi trabajo corporativo yo me desconectaba: era viernes y hasta el lunes no vuelve a existir nada; y en mis vacaciones, hasta que regrese, no vuelve a existir el trabajo. Aquí, no puedo desconectarme nunca, ni siquiera en mis vacaciones. Conscientemente lo hago porque tomé la decisión, pero sé que es muy esclavizante. Hace poco estaba de viaje un par de días, el algoritmo te castiga y tu audiencia te castiga.»

Créditos:

Director Editorial: Gerard Angulo
Entrevista: Luis Téllez
Fotografía: José Henar
Realización, Vanessa López
Grooming: Mar Medina
Asistente de moda: Sofia Escobar
Producción: Yuliet Delgado