Durante más de dos décadas, el apellido Montoya ha ocupado un lugar importante dentro del automovilismo internacional. Hoy, mientras Sebastián construye su camino en Fórmula 2, Juan Pablo y su hijo hablan sobre presión, disciplina, frustraciones y lo que significa compartir una carrera deportiva entre generaciones completamente distintas.
Compartir una carrera deportiva entre padre e hijo cambia completamente la manera en la que se vive el automovilismo. Las temporadas pierden su carácter individual y cada resultado termina afectando a dos generaciones al mismo tiempo. Esa dinámica atraviesa gran parte de la conversación entre Juan Pablo y Sebastián Montoya, quienes hoy atraviesan etapas completamente distintas de sus carreras.
Mientras Juan Pablo construyó su trayectoria entre Fórmula 1, IndyCar, NASCAR y las carreras de resistencia, Sebastián desarrolla su proceso en Fórmula 2 en una industria mucho más expuesta y acelerada que la que existía durante los primeros años de su padre en el automovilismo internacional. Ambos recuerdan el mejor momento que han compartido en una pista: los dos mencionan carreras específicas antes que discursos emocionales.

Momentos especiales y frustraciones en la pista
Juan Pablo recuerda especialmente el momento en que empezaron a competir juntos en prototipos y también la primera victoria de Sebastián en Abu Dhabi:
‘Eso fue un momento muy especial’, afirma. Sin embargo, revela también el lado menos visible del deporte. ‘En las carreras se viven más frustraciones que felicidades. Las celebraciones son muy pocas, pero muy bien vividas‘, explica Juan Pablo.
Sebastián señala el Petit Le Mans de 2022 como el momento más especial que han compartido. Explica que la temporada estuvo marcada por situaciones en que los resultados parecían encaminados hacia la victoria y terminaron torciéndose por accidentes o decisiones externas:
‘En Le Mans íbamos ganando, en Sebring íbamos ganando y nos estrellaron. En Watkins Glen veníamos ganando y nos dieron una penalidad. Finalmente pudimos quedar en el podio juntos después de diez horas y fue algo muy especial’, recuerda.
La conversación regresa a una misma idea: dentro del automovilismo profesional, aprender a manejar la frustración termina siendo tan importante como competir. Sebastián menciona el fin de semana de Miami, en este mismo año, como uno de los momentos más difíciles de su carrera reciente: ‘Teníamos mucho potencial y muchas cosas fuera de mi control salieron mal’. Aun así, insiste en que incluso esos momentos hacen parte del proceso competitivo: ‘De los momentos malos se aprende y ellos lideran a los momentos buenos’.
Esa forma de entender el deporte también aparece cuando hablan sobre la relación que construyeron fuera de los resultados. Más allá de los campeonatos, ambos describen una dinámica marcada por años de convivencia dentro de las pistas, los viajes y hasta las temporadas completas alrededor del automovilismo.
El apellido Montoya y la presión de competir bajo una referencia histórica
Aunque Sebastián creció viendo la carrera de Juan Pablo desde muy pequeño, ambos entienden que el automovilismo actual funciona con dinámicas completamente diferentes a las que existían para Juan Pablo durante su etapa en Fórmula 1. Hoy las categorías formativas conviven con la tensión de las redes sociales y una exposición pública mucho más inmediata. Los pilotos jóvenes no solamente deben competir dentro de la pista, sino que enfrentan expectativas externas desde edades muy tempranas.
Aun así, cuando le preguntan a Sebastián qué significa cargar con el apellido Montoya en Fórmula 2, responde: ‘Yo mismo me pongo más presión al saber las cosas que puedo hacer y lo duro que trabajo’. También explica que el apellido representa algo importante para él, aunque insiste en que su motivación principal continúa en el trabajo diario y en el proceso deportivo que está construyendo actualmente, con el respaldo constante de su padre y de su entorno como parte fundamental de su carrera. ‘Mi papá siempre ha estado ahí para mí, siempre me apoya y tengo un equipo muy bueno a mi alrededor que quiere lo mejor para mí’, explica.
La disciplina reaparece constantemente en la conversación. Cuando le preguntamos a Juan Pablo qué es lo que más le enorgullece de Sebastián, su respuesta no gira alrededor de victorias sino de su perrenque, como le decimos en Colombia: ‘Lo que más me enorgullece es lo duro que trabaja, la dedicación, las ganas de sacar esto adelante y tener un gran futuro. Le ha tocado muy duro y él no se rinde por nada’, afirma.

Cómo cambió el automovilismo entre la generación de Juan Pablo y la de Sebastián
Uno de los temas más presentes durante la conversación es la diferencia entre el automovilismo que conoció Juan Pablo durante sus primeros años y el que enfrenta hoy Sebastián dentro de categorías internacionales. Según explica el experimentado piloto colombiano, actualmente la preparación es mucho más técnica y compleja que hace veinte años: ‘Hoy en día un piloto tiene simuladores en la casa, hay muchas más bases y mucha más información para prepararse. Hay videos y herramientas que en mi época no existían‘.
Ese cambio también modificó la manera de competir dentro de la pista. Cuando le preguntan si el estilo agresivo que caracterizó gran parte de su carrera todavía funcionaría actualmente, responde que el automovilismo moderno tiene dinámicas diferentes desde las categorías menores. ‘En nuestra época era agresivo para pasar. Hoy en día es más agresivo para intimidar‘, afirma mientras habla sobre comportamientos que observa en las categorías actuales, desde el karting.
La diferencia no se queda solo en la técnica: la nueva generación también concibe el futuro del deporte de otra manera. Sebastián es concreto cuando habla de sus ambiciones: ‘Me gustaría correr Fórmula 1, ganar el campeonato, correr Indy, ganar las 500 millas y también competir en Le Mans‘. Sin embargo, aclara que su enfoque actual sigue estando en el trabajo diario: ‘Ni siquiera sé qué se viene la próxima semana. Estoy enfocado en lo que tengo enfrente’.
Esa idea vuelve a aparecer cuando le preguntan cómo se imagina dentro de diez años. ‘Quiero mirar atrás y sentirme contento con el trabajo que hice. Si uno piensa demasiado en el futuro es muy difícil adivinar qué va a pasar. Para mí es más importante aprovechar todos los días, trabajar duro y disfrutar’, afirma.
Brasil 2001, Jos Verstappen y una de las rivalidades más recordadas de la Fórmula 1
En la carrera de Juan Pablo Montoya existen episodios que todavía aparecen en conversaciones sobre Fórmula 1 más de veinte años después. Uno de ellos ocurrió durante el Gran Premio de Brasil 2001, cuando un accidente con Jos Verstappen sacó al piloto colombiano de una carrera en la que venía teniendo un desempeño sólido durante su temporada de debut.
La escena se convirtió rápidamente en uno de los momentos más comentados de aquella época, lo que contribuyó a construir la imagen agresiva con la que muchos identificaron a Juan Pablo durante sus años en Fórmula 1. Sin embargo, cuando le preguntan hoy por ese episodio, dice: ‘Él cometió un error, se le fueron las luces y me pegó por detrás’. Más de veinte años después, la relación entre los dos pilotos sigue siendo distante, aunque cordial. ‘Si nos vemos en la pista nos saludamos y hablamos un poco, pero muy poco. Cada uno está en su tema’, comenta.
Durante la entrevista, Juan Pablo también habla sobre las figuras que marcaron sus primeros años dentro del automovilismo. Recuerda especialmente la influencia de Ayrton Senna durante su infancia y explica que, en Colombia, Senna funcionaba como una referencia constante para quienes empezaban a competir.
‘Siempre fui muy fan de Senna. Todavía estaba en kart cuando él murió, estaba empezando con carros, apenas. En Colombia esa era la referencia realmente’, afirma. Ese contexto ayuda a entender cómo se construyó gran parte de la generación de pilotos latinoamericanos que crecieron viendo Fórmula 1 a finales de los años ochenta y principios de los noventa.

Colombia, los medios y el futuro del automovilismo
Juan Pablo Montoya habla de su relación con los medios nacionales, pues por muchos años existió la percepción de que el piloto se había alejado de la prensa colombiana después de salir de Fórmula 1, algo que él niega directamente durante la entrevista.
‘Realmente no estuve alejado. Creo que a los medios no les interesó tanto cuando me fui de Fórmula 1‘, afirma. También explica que continuó dando entrevistas durante otras etapas de su carrera, aunque considera que varias categorías en las que compitió después no recibieron la misma atención mediática en Colombia.
Más adelante, aclara que gran parte de sus visitas al país obedecían a razones personales y familiares más que a compromisos públicos para entrevistas: ‘Cuando iba a Colombia era porque me gustaba pasar tiempo en Colombia. No quiere decir que iba a trabajar; iba de vacaciones».
Con todo esto en mente, surge la curiosidad sobre el futuro del automovilismo colombiano y la posibilidad de que el país vuelva a acercarse a una carrera de Fórmula 1. Juan Pablo reconoce que Colombia estuvo cerca de conseguir una fecha en el calendario hace algunos años, aunque considera que actualmente el panorama depende de la existencia de pilotos colombianos consolidados en la parrilla.
En medio de esa conversación, inevitablemente sale el tema de uno de los proyectos que más expectativas ha generado recientemente en el automovilismo colombiano: el festival que Juan Pablo y Sebastián Montoya realizarán el próximo 16 de agosto en Barranquilla. El evento busca reunir exhibiciones, experiencias en torno al deporte motor y actividades enfocadas en acercar nuevamente el automovilismo internacional al público colombiano, algo que durante años había perdido visibilidad dentro del país.
Para Juan Pablo, este tipo de iniciativas también funcionan como una oportunidad para abrir conversaciones acerca del futuro del automovilismo en Colombia y a las posibilidades reales que tiene el país de consolidar nuevos pilotos dentro de categorías internacionales. Más allá del espectáculo, el festival de Barranquilla se convierte en una estrategia para volver a conectar el automovilismo con nuevas generaciones de aficionados colombianos, especialmente en un momento en que Sebastián empieza a construir su propio camino dentro de categorías internacionales.
El apellido que aún tiene capítulos por escribir
Más allá de Fórmula 1, Le Mans o cualquier campeonato, permanece algo más evidente: el vínculo entre padre e hijo que une a Juan Pablo y Sebastián Montoya, una relación que los hizo fuertes en momentos de presión y también en instantes que marcaron sus carreras para siempre. En un deporte en el que los resultados cambian en segundos y en el que pocas veces existe la estabilidad, ambos encontraron una forma de mantenerse unidos a través del trabajo y la confianza mutua.
Queda claro que el apellido Montoya aún tiene capítulos por escribir en el automovilismo internacional. Mientras Juan Pablo observa el deporte desde la experiencia de haber competido en algunas de las categorías más importantes del mundo, Sebastián construye su propio camino en una generación completamente distinta, mucho más rápida, expuesta y exigente.
Y en medio de todo eso, también aparece algo mucho más simple y humano: un padre viendo crecer a su hijo en el mismo deporte que marcó gran parte de su vida. Feliz Día del Padre a Juan Pablo Montoya, por seguir construyendo legado dentro y fuera de la pista.
