Noventa minutos y una ronda más: La relación cultural y millonaria entre la cerveza y los Mundiales

Más allá del marcador, la cerveza cuenta otra historia del fútbol: la de los rituales, las barras, los bares llenos, las sobremesas y esa economía emocional que se activa cada cuatro años cuando el planeta decide mirar el mismo partido.

Qatar 2022 prohibió el alcohol en los estadios. El Mundial 2026 lo permite en todos - pexels

Por Nancy Estrada

Hay números que explican un torneo y otros que revelan su temperatura emocional. El Mundial 2026 tendrá 48 selecciones, 104 partidos y 16 ciudades sede repartidas entre México, Estados Unidos y Canadá; es, hasta ahora, la edición más grande de la historia. Pero mientras las estadísticas oficiales hablan de goles, asistencias, tiros al arco y kilómetros recorridos, hay otra cifra imposible de medir con exactitud: la cantidad de cervezas que se destapan frente a una pantalla, en un estadio, en una terraza o en ese bar donde todos creen saber más que el técnico.

La cerveza no necesita aparecer en el acta del partido para ser protagonista. Su lugar está en el borde del vaso, en la espuma que baja mientras se canta un himno, en la ronda que alguien paga después de un gol, en la discusión que se alarga hasta el tercer tiempo. Pocas bebidas han entendido tan bien el lenguaje del fútbol: es democrática sin dejar de tener sofisticación, cotidiana pero capaz de volverse ritual, simple en apariencia y compleja cuando se le mira de cerca.

¿Cuánta cerveza se consume durante un Mundial de fútbol?

De acuerdo con el reporte global de Kirin, el consumo mundial de cerveza alcanzó aproximadamente 194,12 millones de kilolitros en 2024, un aumento de 0,5% frente al año anterior. Traducido a un lenguaje menos industrial y más futbolero: el planeta sigue encontrando en la cerveza una forma de reunión. China se mantiene como el mayor consumidor total, mientras que República Checa conserva el primer lugar en consumo per cápita, con 148,8 litros por persona al año. El dato importa porque el Mundial no inventa la sed: la concentra.

Durante un mes, los hábitos sociales se sincronizan. La gente cambia horarios, reserva mesas, organiza comidas, planea viajes y convierte partidos aparentemente lejanos en excusas íntimas. Un Japón contra Croacia puede terminar siendo el plan de la tarde. Un México contra cualquiera, una reunión familiar. Un Colombia clasificado —o simplemente un buen cruce de octavos— puede detener oficinas, restaurantes y grupos de WhatsApp. En ese mapa, la cerveza funciona como una especie de moneda social. No se trata solo de beber, sino de compartir un código. Pedir una ronda es una forma de decir “estamos en esto juntos”. Elegir una artesanal, una lager ligera o una sin alcohol también habla de época, de estilo.

La cerveza y el fútbol comparten el mismo ritual: reunirse, esperar y celebrar juntos – pexels

Por qué la cerveza y el fútbol son la combinación más rentable del mundo

El fútbol tiene sus propios sonidos: el golpe seco del balón, el murmullo previo al penal, el grito que llega dos segundos antes desde el edificio de enfrente. La cerveza tiene los suyos: el destape, el choque de vasos, el hielo cayendo en la hielera, el mesero abriéndose paso entre mesas imposibles. En los Mundiales, ambos lenguajes se mezclan hasta volverse inseparables. Por eso hablar de cerveza no es reducirla a litros vendidos. Es observar cómo se comporta una ciudad cuando hay partido: cuántas mesas se reservan, cuántas pantallas se encienden, cuántos amigos que no se ven desde hace meses encuentran una razón para verse, cuántas conversaciones empiezan con una alineación y terminan en política, viajes, cine, música o memoria familiar. La cerveza es, en muchos sentidos, el marcador invisible del Mundial: si el partido se gana, acompaña la celebración; si se pierde, suaviza la caída. Si el juego es aburrido, sostiene la conversación; si hay prórroga, se vuelve resistencia líquida.

Qatar 2022 y la prohibición del alcohol: lo que cambió para siempre en los Mundiales

La histórica y lucrativa alianza entre el fútbol y la industria cervecera enfrentó un choque cultural sin precedentes en Qatar 2022. Solo 48 horas antes del partido inaugural, las autoridades locales revocaron el acuerdo comercial con la FIFA, prohibiendo la venta de cerveza con alcohol en los perímetros de los estadios y limitando su consumo exclusivo a Fan Zones seleccionadas en horarios restringidos.

La decisión alteró la tradicional experiencia festiva de la afición global y obligó a Budweiser, patrocinador histórico del torneo, a replantear en tiempo récord una estrategia de distribución y marketing diseñada para operar a escala masiva. Más allá de las pérdidas económicas, el episodio dejó claro algo mucho más relevante: incluso frente a contratos multimillonarios, las reglas culturales del país anfitrión siguen teniendo la última palabra.

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En Qatar 2022 se prohibió el alcohol en los estadios. En 2026, estará permitido en todos – pexels

Mundial 2026: cuánto dinero genera la cerveza

Si Qatar representó una pausa incómoda para la industria cervecera, Norteamérica aparece ahora como el escenario perfecto para recuperar el terreno perdido.

Del 11 de junio al 19 de julio, el Mundial 2026 se jugará en tres países anfitriones, una geografía ideal para entender la relación entre fútbol, consumo y cultura urbana. México aporta la pasión de calle y cantina; Estados Unidos, la escala del espectáculo; Canadá, una sofisticación más contenida pero igualmente hospitalaria. Y aunque el estadio es el escenario oficial, la verdadera tribuna contemporánea está repartida: bares de hotel, rooftops, restaurantes con pantallas gigantes, casas donde alguien presume su parrilla y apartamentos donde el dress code es camiseta vintage y tenis blancos.

La estrategia comercial del torneo también cambió. Michelob ULTRA fue nombrada cerveza patrocinadora oficial de la Copa Mundial de la FIFA 2026, desplazando el protagonismo histórico que Budweiser mantuvo durante décadas. La marca, perteneciente a Anheuser-Busch InBev, firmó un acuerdo estimado en más de 250 millones de dólares para el ciclo que culmina en 2026 y aseguró los derechos exclusivos de venta de cerveza, cerveza sin alcohol y bebidas listas para consumir en los 16 estadios sede.

A nivel corporativo, el objetivo es claro: aprovechar la infraestructura regional de Anheuser-Busch en Estados Unidos, Grupo Modelo en México y Labatt en Canadá para dominar el mercado norteamericano durante el torneo y capitalizar uno de los eventos de consumo más grandes del planeta.

El evento se consolida como el más grande en la historia de la FIFA al expandir su asistencia proyectada a 6.5 millones de espectadores presenciales en los estadios. Esta masiva afluencia, combinada con un calendario extendido a 104 partidos, se estima que detonará un consumo global adicional de 568 millones de litros de cerveza únicamente durante los meses de junio y julio. Según previsiones financieras de firmas como Barclays y Jefferies, las ciudades sede experimentarán un repunte de entre el 2.5% y el 9.9% en el volumen de ventas de cerveza en comparación con sus promedios anuales habituales.

A diferencia de la edición anterior, el marco normativo de 2026 ofrece un entorno regulatorio considerablemente más flexible y favorable para la comercialización. El consumo de alcohol estará totalmente permitido dentro de las tribunas y zonas oficiales para aficionados de los 16 estadios de la NFL y recintos históricos como el Estadio Azteca y el MetLife Stadium. No obstante, el control fuera de los inmuebles recaerá estrictamente en las normativas locales y municipales de cada sede; por ejemplo, el Gobierno de la Ciudad de México ya ratificó que mantendrá una política de cero tolerancia para la venta y el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública fuera de los perímetros oficiales de control de la FIFA.

Desde la perspectiva bursátil de Wall Street, los analistas de corporaciones bancarias como Goldman Sachs y Bernstein han posicionado a Anheuser-Busch InBev (NYSE: BUD) como uno de los principales beneficiarios directos del torneo. Tras presentar un sólido reporte financiero al inicio del año —con un incremento del 20.8% en su beneficio por acción subyacente—, la directiva de la multinacional proyecta que el «efecto Mundial» aportará un crecimiento directo de entre 20 y 30 puntos básicos en sus volúmenes globales. Esto respalda sólidamente su previsión de crecimiento anual de flujo operativo (EBITDA) fijada entre el 4% y el 8% para el cierre del año fiscal.

Beber menos, beber mejor: cómo cambió el consumo de alcohol en los Mundiales

Durante años, la imagen fue casi caricaturesca: fútbol, cerveza y exceso. Pero el hombre actual —ese que viaja, cocina, entrena y sabe distinguir entre ruido y conversación— está renegociando su relación con el alcohol. Beber menos, beber mejor, alternar con agua, elegir opciones sin alcohol o privilegiar calidad sobre cantidad ya no suena a renuncia, sino a criterio. Ese cambio también se nota en la industria. La cerveza sin alcohol ha ganado terreno como una de las categorías más dinámicas del mercado global, impulsada por consumidores que no quieren salir de la escena social, pero sí controlar mejor la noche.

En otras palabras: el ritual permanece, la forma evoluciona. El Mundial será un laboratorio perfecto para verlo: habrá quien siga pidiendo la misma marca de siempre porque la nostalgia también se bebe; habrá quien llegue con cervezas artesanales para impresionar al grupo; habrá quien haga maridajes con tacos, hamburguesas, asados, sushi o empanadas; y habrá quien descubra que no necesita terminar la noche destruido para sentir que vivió el partido.

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El Mundial 2026 proyecta 568 millones de litros de cerveza consumidos en junio y julio – pexels

El ritual de la cerveza en el fútbol: una tradición que no tiene sustituto

La cerveza es la bebida por excelencia del Mundial porque entiende algo que el fútbol sabe desde siempre: el placer no está solo en el resultado, sino en la espera; en abrir la primera antes de que ruede el balón; en llenar el refrigerador como quien prepara una ceremonia; en decir “una más” cuando el partido se va a tiempos extra; en guardar una edición especial, una lata bonita o un vaso del torneo como souvenir sentimental. 

Cada Mundial deja goles, villanos, héroes, memes y canciones; pero también deja sabores: el amargor de una derrota inesperada, la frescura de una victoria imposible, la espuma de una tarde que parecía cualquiera y terminó convertida en recuerdo. En números, la cerveza puede medirse en millones de litros. En la vida real, se mide de otro modo: en brindis, en mesas compartidas, en gritos que se vuelven abrazo. Y quizá por eso, mientras el fútbol siga siendo una excusa para reunirnos, siempre habrá una botella sudando sobre la mesa, esperando el minuto exacto para celebrar.

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