La apasionante historia de los mundiales (de 1930 a 2026) y Genios del Mundial 2026

Para Alberto Lati, entender a Lucho Díaz o a Messi pasa por conocer de dónde vienen. Por eso sus libros siempre empiezan antes de que empiece la historia.

Alberto Lati lleva décadas contando el fútbol desde adentro. Esta vez habla de sus libro - Cortesía

Dos libros —uno de ellos recién publicado— recorren la historia de los Mundiales y las infancias de sus protagonistas para mostrar que, detrás de cada genio, hay una historia de resiliencia, contexto y asombro. Entre memoria, geopolítica y pasión, el legendario cronista convierte el fútbol en una forma de leer el mundo: un territorio donde el balón nunca rueda aislado de la condición humana.

Por Alan Téllez 

¿Cómo defines hoy tu oficio: periodista, cronista, escritor o narrador de la condición humana a través del deporte?

—Me parece que todo se resume a contar historias, eso es lo que yo disfruto verdaderamente. Se traduce en no perder la capacidad de asombro. Equivale a mantener la curiosidad intacta y a tener ganas de contar de la manera más robusta posible, no obviando los contextos ni cada una de las condiciones o circunstancias que dan un sentido completo y muy complejo a toda la realidad deportiva.

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Ilustración del libro Genios del Mundial – cortesía

¿En qué momento entendiste que el fútbol era mucho más que un juego y que ahí había historias que merecían contarse con mayor profundidad?

—Me parece que los viajes me dieron esa pauta, un poco por necesidad. ¿A qué me refiero con esto? La necesidad era propia, por adaptarme a una cultura ajena y vivir en un país que no era el mío. Y eso terminó también reflejando otra necesidad: que una cobertura de tanto tiempo —como una Copa del Mundo o unos Juegos Olímpicos— no puede limitarse a solamente mencionar lo estrictamente deportivo o atlético. Tiene que acercarse y tomar fuerza, empoderarse y enriquecerse con varios rubros más. A partir de eso fue surgiendo una manera —que es la única que yo hoy puedo concebir— de contar el deporte. No me gusta la superioridad moral, no creo que sea mejor ni peor. Más bien, es la única desde la cual yo sería genuino y eso es cierto. 

A lo largo de tu trayectoria has entrevistado perfiles muy distintos ¿Qué te han enseñado esas conversaciones sobre las personas?

—Hay muchos vasos comunicantes: factores que se van repitiendo, lo que me lleva de lleno a mi interés primordial en las infancias de los grandes deportistas. Esos factores son la resiliencia, la tenacidad, la gran capacidad para levantarse. Eso es lo que yo admiro más. Me encanta el talento, pero también entiendo el esfuerzo como el primero de los talentos, la ética del trabajo. 

Y lo vemos reflejado en esta serie de libros que has escrito y publicado…

Sí. Y de alguna manera cuando nació la voluntad de hacer esta colección con 100 genios del balón que, en 2018, empezamos a trabajarlo. No estaba claro hacia dónde tenía que ir o cuál era el enfoque que queríamos darle. Lo que sí estaba claro es lo que queríamos hacer. Empecé a escribir las primeras historias y de repente me di cuenta de que no era lo que yo pretendía. Tuve que borrar absolutamente todo —yo creo que ya llevaría por entonces unas 15 o 20 historias— y volver a empezar, entendiendo que lo que a mí me gusta contar es la precuela. La película ya está muy vista: ya sabemos lo exitosos que son, lo glamurosos que son y los millones que cobran. Pero ¿qué sucedió antes y cómo lucharon para encaramarse a ese pedestal?

Cuéntame sobre tus dos libros más recientes: La apasionante historia de los mundiales y Genios del Mundial 2026. ¿Qué nos vamos a encontrar en ellos?

—Son muy diferentes. La apasionante historia de los mundiales es un recuento desde Uruguay 1930 —el primer Campeonato Mundial de fútbol— hasta la actualidad, yendo torneo por torneo con muchos niveles de lectura y atendiendo muchos tipos de interés. Por ejemplo, está la visión geopolítica, la histórica, la tecnológica… Pero también está la visión futbolística, dramática, insólita… muchas curiosidades. Fue un proceso de investigación muy complicado y muy profundo, para reunir demasiados datos y, por supuesto, las estrellas, y así que abordamos cada Copa del Mundo —como a mí me gusta—. El libro se publicó hace unos meses y he notado que distintos tipos de aficionados se sienten identificados con él, porque ha atendido desde muchos ángulos lo que es cada mundial.

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Ilustración de Cristiano Ronaldo en el libro de Alberto Lati – cortesía / genios del mundial 2026

Mientras los escribías, ¿hubo alguna historia que te hiciera cuestionar algo que creías entender o que te sorprendiera especialmente?

—De La apasionante historia de los mundiales, te voy a ser sincero, ya lo tenía muy madurado. La verdadera sorpresa llegó para mí con los Genios del Mundial 2026, y aquí llego a la otra parte de la pregunta que no te había respondido: con los Genios del Mundial 2026 uno podría pensar “si ya publiqué 100 genios del balón, 100 dioses del Olimpo, 100 glorias de México, y previo al Mundial de Qatar publiqué Genios de Qatar —el hermanito de este libro—, ¿cuánto más me puedo sorprender de lo que encuentro de información en una investigación con llamadas, con contactos, con familiares, con gente que vio crecer a los jugadores… ¿Cuánto más me puedo asombrar si ya la historia, en principio —uno podría pensar– ya está dicha?”. Y me sorprendí muchísimo, no paro de sorprenderme. De hecho, cada vez que investigo y cuento historias de cómo empezaron diversos genios del balón, me doy cuenta de que quiero hacerlo mucho más, porque las historias tienen la resiliencia —como te decía antes— como hilo conductor; pero al mismo tiempo, tienen una serie de tesituras, condiciones y circunstancias muy adversas. Trataba de pensar —aterrizando un poco— en frases de Tolstoy, ¿no? Todas las infancias de los futbolistas se parecen, pero al mismo tiempo qué diferentes son entre sí de unas unas y otras. Tienen elementos que te permiten dimensionar lo que representó para ellos llegar hasta donde están. Lo mismo sucede con los asiáticos —como Takefusa Kubo y Kang-in Lee— que con los latinoamericanos —como Messi, “Dibu”, Julián Álvarez, Fede Valverde, Lucho Díaz, Moi Caicedo, Raúl Jiménez, Johan Vázquez—, los europeos, los africanos… Realmente hay muchos elementos muy curiosos.

Tanto en tus coberturas como en tus libros te detienes en detalles que muchas veces pasan desapercibidos. ¿Por qué poner el foco ahí?

—Porque creo que son historias que no pueden pasar desapercibidas y porque mucho de los orígenes termina por explicar o justificar lo que sucede en la actualidad. Para tener un retrato completo de lo que está pasando hoy, es imprescindible asomarnos a lo que viene atrás. Si queremos entender al volcánico Raphinha, del Barcelona y la selección brasileña, hay que ver lo que le costó llegar, hay que ver por las que pasó. Queremos entender la manera de pelear cada pelota que tiene Lucho Díaz o Moi Caicedo, entonces hay que ver sus orígenes, respectivamente, en la Guajira o en Ecuador, y de cada uno de sus jugadores. Queremos entender lo que siente Riyad Mahrez con Argelia, Hakimi con Marruecos, Haller con Costa de Marfil —entendiendo que Mahrez y Haller nacieron en Francia y Hakimi, en España— y toda la reivindicación que ellos tuvieron para elegir vestir la camiseta de la tierra de sus antepasados y no la de su país de nacimiento. 

Sueles conectar el fútbol con lo que ocurre fuera de la cancha. ¿Por qué consideras importante mirar el deporte desde ese ángulo?

—Esto es curioso. Uno no va a explicar perfectamente lo que pasa en “la tierra de lo impredecible” —que es un partido de fútbol—; pero uno sí va a ver ciertas dinámicas, ciertos valores o ciertas condicionantes. ¿Por qué es importante? Porque no podemos aislar un partido de fútbol como tampoco podemos aislar unos Juegos Olímpicos, así como ningún episodio de una novela, una película, una obra arquitectónica… Y lo llevamos adonde tú quieras. No podemos aislarlo de su contexto. Todo tuvo un sitio en el que se dio, un sitio contra el que se rebeló y un sitio al que desafió. Por todo eso es importante. Aparte, no me gustan los retratos de dos dimensiones que buscan aplanar completamente a alguien, ya no a un solo genio histórico del balón, ¡imagínate, uno actual! Me gusta darle todas las dimensiones adecuadas. 

¿Sientes que la forma de vivir un Mundial ha cambiado? ¿Hemos ganado algo o también se ha perdido parte de esa experiencia?

—En cuanto al rol del balón, va a ser el mismo Mundial y la misma pasión. Sí ha cambiado. Basta con decir que cuando yo nací había 16 países participantes, luego 24, 32 y ahora vamos para 48. Sí ha cambiado esto. Antes era un país fijo, cuando vino 2002 y eran dos países nos pareció excesivo. Hoy tenemos tres y de qué dimensión. Claro que ha cambiado, pero rodando el balón es la misma pasión. 

Ilustración de Lionel Messi
Ilustración de Lionel Messi en el libro de Alberto Lati – cortesía / genios del mundial 2026

Como sabes, esta entrevista es para Esquire Colombia. ¿Cómo ves hoy a la selección colombiana de cara a lo que viene?

—Me parece que es un equipo apasionante, me gusta. De repente me ha sorprendido que tuvo un bajón, pero no dudo que van a resolverlo. Tienen demasiado desequilibrio, tienen futbolistas de mucha relevancia en cada línea. Me pregunto qué tipo de James podremos ver. Sabemos que no importa cómo ande James, cuando viste el uniforme colombiano tiene un rendimiento muy especial. Al mismo tiempo, Lucho Díaz —en Liverpool primero y ahora en el Bayern— se ha consolidado como uno de los mejores extremos que puede jugar en la zona delantera. No dudo que hoy Colombia llega a la Copa del Mundo como la tercera fuerza del continente. Argentina y Brasil son inamovibles. Me ha gustado más lo que ha jugado Colombia que lo que ha jugado Brasil, ciertamente; aunque entendemos que Brasil tiene toda una ciencia histórica y un peso específico distinto que no hace falta discutir o desmenuzar, creo que Colombia hoy se encuentra en ese punto con todo merecimiento. 

¿Crees que le vaya mejor a lo que hicieron en Brasil 2014? 

—Espero que sí. Depende mucho del cuadro, de las series, de que Colombia tenga una primera fase en la que termine mandando como tiene que mandar en su grupo —creo que así será— y, a partir de eso, a ver cómo se van dando los cruces. En 2014 la selección colombiana me pareció una gran revelación porque la ausencia de Radamel Falcao en aquel momento, dada la lesión que había sufrido, me parecía que era un gran golpe. James creció exponencialmente en aquel momento y el equipo hizo un Mundial en el que fueron los verdaderos animadores, es la realidad. Y llegaron a poner auténticamente a Brasil en jaque en aquellos cuartos de final. Llegar más allá de los cuartos de final es muy complicado, pero que es un equipo que nadie se quiere encontrar en la cancha por potencia, por transiciones y también por orden táctico. Es un equipo muy ordenado y eso hay que resaltarlo. Y bueno, además va a tener cierta ventaja, ¿no? Puede considerarse como local en el continente, ¿no?, pues juega en México y en Estados Unidos, entonces hay mucha comunidad colombiana en las ciudades —aunque lo mismo me tocó ver a los colombianos jugando en el Mundial de Rusia y había un estruendo a ritmo de vallenato llevándolos para todos lados—. 

Has recorrido prácticamente todos los continentes. ¿En qué se diferencia la forma de vivir el fútbol en Latinoamérica frente a otras regiones del mundo?

—La forma es más explosiva. Es cierto que uno termina apoyando a un equipo como es culturalmente y eso se termina por demostrarse. Y aquí vale quitarnos los antifaces de estereotipos: que un alemán no pueda ser pasional, hombre, hay que verlo; claro que pueden ser pasionales y hay que ver el romanticismo, el Sturm und Drang y las corrientes artísticas que tuvieron. ¡Claro que pueden serlo!, incluso atormentados, pero sí, sí pueden. Sin embargo, sí creo que en América Latina hay otra manera de sentirlo que yo solamente equipararía con la Europa mediterránea: quizá Italia y España, y acaso algunos puntos de África.

Ilustración de Luis Diaz en el libro de Alberto Lati
Ilustración de Luis Diaz en el libro de Alberto Lati – cortesía / genios del mundial 2026

¿Qué es lo que el espectador no alcanza a dimensionar sobre lo que implica cubrir un evento de esa magnitud?

—Primero, lo relevante. Cuando cubres un evento, no es que la gente sepa el trabajo que te costó, sino que le des algo memorable en tu cobertura. Es como si un pintor viniera a exigir que sepas cuántas horas se pasó pintando. Lo importante no es cuántas horas te pasaste; hay gente que no se pasó las horas y mira nada más lo que te entregó, y esto aplica para cualquier rubro. Pero sí es un desgaste tremendo porque son muchos traslados, son pocas horas de sueño; muchas veces implica estar disponible en un horario cambiado —aunque en este caso no va a suceder—. De hecho, romperé una bonita racha porque veníamos de París y antes, de Qatar, y antes, de Tokio, y antes, de Rusia. Desde Brasil 2014 o Río 2016 no tenemos un horario más o menos de la mano. Son demasiados factores. Y sobre todo porque, si verdaderamente vas a cubrir un evento de estos, tienes que caminar el país y tienes que entenderlo, y si no te das el tiempo, no lo vas a lograr. 

En lo personal, ¿cómo te preparas hoy para cubrir un Mundial? ¿Sigues algún ritual o la experiencia ya marca el camino?

—No, por inercia jamás. Es algo extraordinario y no lo podemos tratar como algo ordinario.

Más que ritual, sí me meto a lo que tengo que meterme, que es una lectura de cuánto tengo que leer, tanto del evento como de los países anfitriones. 

Nos tocará vivir un momento histórico: México será el primer país en organizar tres Mundiales. Pero no veremos una final en el Estadio Azteca. ¿Cómo lees ese contraste entre el peso de la historia y lo que viene en 2026?

—A mí me ilusiona que el Azteca tenga su cuota de Mundial. Y yo tampoco hubiera esperado que lograra recibir más. Sé que muchos de mis compatriotas están profundamente decepcionados y desilusionados por lo que nos tocó. No nos engañemos, Estados Unidos tenía esta candidatura amarrada con o sin nosotros, aunque los canadienses lo hubieran conseguido. Y por otro lado, la economía de países como México —y creo que estaremos de acuerdo con que Colombia también— no podría soportar hacer un Mundial, ni ya digamos de 104 partidos como este, ni siquiera de 64 como los anteriores. La forma que tenemos de que una generación de mexicanos disfrute de lo que es tener un Mundial, aunque sea un pedazo, es esa: compartiéndolo sin importar el papel que nos haya tocado en esto, ¿no? Finalmente tendremos partidos de la Selección mexicana jugando en nuestro país. 

¿Tienes algún crack que consideres que sea el próximo en aparecer en tu siguiente libro del Mundial 2026 y algún equipo favorito que creas que será el campeón?

—Por vueltas que doy a mi listado, yo sigo yendo con Francia, España, Argentina, Portugal e Inglaterra, en ese orden. No haberte mencionado Brasil ni Alemania es lo mejor que puede pasar, porque volando fuera del radar se hacen más peligrosos. Y respecto a los cracks, espero mucho de Michael Olise, no tuve duda en incluirlo en mi libro. Espero mucho de Vitinha, de Julián Álvarez —quien ya tuvo un gran mundial en Qatar y no dudo que otra vez será una situación parecida—, así como de muchos futbolistas más que aparecen en Genios del Mundial 2026

¿Cómo ves a Kylian Mbappé para este Mundial?

—Estoy convencido de que será líder y que hará muchos goles —en una de esas, terminamos esta Copa del Mundo con Kylian como líder histórico de goles de los Mundiales—. Mbappé, a su corta edad, ya está solamente a cuatro goles de alcanzar a Klose; de hecho ya es el máximo goleador histórico de las finales del Mundial. Entonces, yo pienso que Kylian puede tener una Copa del Mundo muy importante con todo lo que tiene la selección francesa. 

Después de todo lo que has vivido, ¿qué historia sientes que todavía te falta contar? 

—Al que le gusta contar historias, no piensa en las que contó; piensa en las que siguen. Entonces, me parece que hay mucho por contar y por explorar, con mucha ilusión de poder tener la ocasión de lo que representa un megaevento deportivo para hacerlo. 

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