Por: Gustavo Higueruela
Este artículo se publicó originalmente en Esquire España.
Quién le iba a decir a Pau Cubarsí que a sus 19 años iba a ser campeón del mundo y elegido como mejor jugador joven del Mundial 2026. Y no lo digo por decir, porque Pau debutó con el primer equipo del FC Barcelona el 18 enero de 2024 en un partido de Copa del Rey, y tres días más tarde hizo lo propio en Liga en un partido contra el Betis.
Tenía poco más de 3 años cuando Andrés Iniesta convirtió a España a campeona mundial con aquel maravilloso gol en el minuto 116 en el estadio Soccer City de Johannesburgo. Por eso, es complicado que tenga recuerdos de aquel momento histórico, que habrá visto una y mil veces en Internet. Pero ahora ya tiene su propio momento en vivo y en directo con el gol de su compañero de equipo Ferran Torres ante Argentina que nos ha valido la segunda estrella en la camiseta.
Y se ha hecho mayor con la Roja, con la que ha jugado todos los minutos que ha disputado España en el Mundial que acaba de terminar. No se le puede pedir más a un chico que llegó sin meter mucho ruido y se ha hecho con la titularidad tanto en su club como en la Selección. Gran parte de su éxito y de su caída en gracia entre la afición es que se trata de un chaval normal que cae bien independientemente de tus colores. De hecho, durante la larga entrevista que nos concedió unas semanas antes de comenzar el Mundial, nos reconoció que se considera una buena persona, algo que hace un tiempo no se llevaba muy bien con jugar de central.
Para los menos avezados en términos futbolísticos, hay que decir que jugar en la posición de defensa central se ha identificado tradicionalmente con ser un jugador leñero, normalmente duro y malencarado con los delanteros rivales. Para muestra, lo que hicieron muchos de los defensas argentinos en la final de ayer, que repartieron a diestro y siniestro con el objetivo de diezmar a los jugadores españoles.

Por eso, nuestro compañero Oriol Rodríguez le comentó que ha roto con esos tópicos. En un principio, Pau se mostró dudoso, pero luego respondió con claridad: «Soy buena persona fuera del campo, pero dentro también debes tener carácter. Si no, se intentan aprovechar de ti. En el campo debes ser fuerte y apretar«. Y es desde ahí desde donde ejerce este liderazgo tan sorprendente para un chico de su edad: «Me gusta asumir el papel de líder, ser el compañero que ayuda a sus compañeros. Dentro de un vestuario es muy importante tener este tipo de figuras que ayuden a los demás y que siempre aporten cosas positivas al equipo».
El catalán matizó sus palabras después, hablando de la experiencia que dan los minutos jugados al máximo nivel sin necesidad de convertirse en un jugador sucio: «Poco a poco vas ganando una experiencia que es la que hace que al final saques la mala leche. Lo mismo cuando alguna acción no te sale como querías o alguna cosa no sucede como debería y te sale esa rabia de dentro. Pero siempre con respeto«.

Con esa misma filosofía profesional y personal hemos tenido otros ejemplos en el pasado. Quizás, el más paradigmático en las última década sea la figura de Carles Puyol, un jugador que también jugaba de central pero que a base de buen hacer y buena actitud consiguió unir a los aficionados de todos los equipos cuando jugaba con la Selección, además de ser respetado cuando jugaba con el FC Barcelona por ser siempre respetuoso con los rivales.
