De recortes de prensa al lienzo: 7 obras de Beatriz González para recordar

El día 9 de enero del 2026, Colombia se despidió de una de sus mayores exponentes del arte, Beatriz González.

Foto: Catálogo razonado Beatriz González

Beatriz González fue pintora e historiadora del arte, santandereana nacida en 1932, usó el arte como medio para plasmar la realidad del país y mediante su pincel retratar el dolor. Desde la toma del Palacio de Justicia, hasta los protagonistas de la vida política, la movida social y el mundo religioso cristiano de Colombia. Tras su muerte, recordamos 7 obras clave de la artista, la importancia de representar la memoria y el poder que tienen la muerte y el dolor como herramientas para narrar historias y darles permanencia en el tiempo.

Por: Manuela Otálora Rodríguez

Sus referentes fueron periódicos y fotografías de prensa que mostraban la cruda realidad de un país que atravesaba una ola de violencia. Según sus palabras su arte presentó de manera irónica una denuncia política sobre el país y una crítica a la violencia desde la mirada del dolor y la muerte.

Sus medios muchas veces trascendieron el lienzo plano, su mirada crítica se plasmó en metales, muebles (camas, mesa, cunas, armarios, entre otros), televisores, llantas, cortinas de baño, vasijas de barro, todo para así romper el esquema tradicional del arte y la figuración boteriana. Hoy en día el arte se mueve fácilmente en objetos del uso diario, pero en su época esto significó la ruptura del esquema clásico y planteaba una crítica sobre la amnesia ante la situación del país.

¿Por qué Beatriz González usó recortes de periódicos en su obra?

Los referentes de Gonzalez fueron los hechos históricos, la realidad del país en donde vivía, en sus propias palabras “mirar al otro a través de la mirada de otros” era su manera de entender el contexto en el que vivía. Su interés por conservar recortes inició desde que era una niña, recopila imágenes que le suscitaban algo en ella, sin embargo solo fue hasta la década de los sesenta que decidió vincularlo en su carrera artística.

El uso de recortes fue un medio para denunciar la situación del país y para generar una memoria colectiva. En vez de una noticia efímera que se perdería cuando las personas pasaran la página del periodico, Beatriz optó por hacer de las noticias un símbolo que perdura en el tiempo. Porque en un país que ha vivido tanta violencia recordar es una manera de evitar que la historia se vuelva a repetir.

Años 60: arte, prensa y violencia

En la década de los 60 Beatriz se dedicó a usar imágenes del arte universal que habían sido teñidas con tintes locales como láminas populares, postales, prensa y fotografías familiares y en 1965 pintó Los Suicidas del Sisga utilizando una foto del periodico. Dando inicio al comienzo de su distinguido sello: toda obra parte de una imagen impresa.

Años 80: la reportería gráfica del conflicto armado

A partir de los años 80, la artista comenzó a utilizar como principal modelo de estudio e investigación la reportería gráfica dejando registro de la difícil realidad nacional, producto del narcotráfico, el paramilitarismo, la indiferencia estatal, la migración forzada y problemas sociales dolorosos por los cuales atravesaba el país.

7 obras para entender a Beatriz González

Hemos seleccionado 7 obras de Beatriz González, como una retrospectiva de su obra y por su importancia en la memoria colectiva de un país.

  • Los suicidas del Sisga No 1
  • Yolanda en los altares
  • Minimina
  • Las delicias 2
  • Máteme a mí que yo ya viví
  • Los papagayos
  • Auras Anónimas, en los columnarios de Bogotá

¿Cuál es la historia detrás de las obras de Beatriz González basadas en recortes de prensa?

Los suicidas del Sisga No 1

Una de las obras más reconocidas de González y que marcó un comienzo en su carrera. Una pintura que nos muestra a dos jóvenes, Antonio Maria Martinez, de 25 años, y Tulia Vargas, de 20 años, con unas rosas en las manos y facciones jubilosas. Sus sonrisas era lo último que plasmarían en este mundo. En 1965 Antonio y Tulia se suicidaron en la Represa del Sisga, antes de irse dejaron unas cartas y esa fotografía para sus familiares.

El motivo de su decisión quedó en las manos de diferentes narraciones externas, unos afirman que fue por amor, sus familias no estaban de acuerdo con el matrimonio y ellos vivos o muertos preferían estar juntos. Otros investigadores sostienen que hubo un tema mucho más religioso, aseguran que Antonio tenía la convicción de que solo encontraría felicidad eterna más allá de la vida, porque el mundo terrenal estaba lleno de pecado y Tulia siguió sus pasos.

Yolanda en los altares

Esta obra muestra a la lideresa campesina Yolanda Izquierdo, representante de los campesinos de Córdoba y Urabá, quienes estaban en una constante lucha para recuperar sus tierras, las cuales habían sido robadas por un grupo paramilitar. Su desenlace fue el de muchas que decidieron alzar la voz, en 2007 el grupo paramilitar la mató buscando su silencio y acabar con su lucha. Beatriz congeló una memoria que no fue un caso aislado, sino una realidad constante en un país donde hablar y luchar muchas veces se “resolvía” con el silencio y la violencia.

Minimina

Una joven vallecaucana de 31 años sentada en un muro de piedras, no parece ser una fotografía que nos cuente mucho, sin embargo el titular que la acompañaba “Martha nunca quiso abandonar la montaña donde la mató una mina”, nos cuenta una historia desgarradora.

Martha murió por el impacto de una mina antipersonas que se encontró por accidente, las autoridades afirmaron que la mina fue dejada por algún grupo armado, las FARC o los paramilitares. Esta no solo se llevó la vida Martha, sino que falleció con su bebe de 9 meses aferrado a sus brazos y con otro de 3 meses en su vientre.

El uso del verde fue una herramienta que Beatriz decidió implementar en varias obras para retratar la muerte “Tiene mucho que ver con la muerte, los cadáveres se van volviendo verdosos. Pienso que el verde le da a la piel un concepto más funerario que alegre” mencionó en una entrevista.

Las delicias 2

Esta obra nace de la masacre del Chigorodó, en la cual murieron 18 personas tras ser sorprendidas en un bar mientras bailaban, asesinadas por un grupo armado que interrumpió la fiesta para socavar con el pueblo y expandir el miedo.

Hace parte de la serie “Las Delicias», donde Beatriz retrata y congela las expresiones de sufrimiento de los familiares de las 18 víctimas. Expresiones que manifiestan un dolor profundo por la muerte injustificada de un acto violento.

Máteme a mí que yo ya viví

Esta obra tiene un título de un recorte de prensa que no corresponde al que usó Beatriz para dibujar la silueta de la mujer llorando. En el recorte vemos a una señora afligida por un familiar asesinado en una masacre de 6 personas en Cartagena, mientras que el título lo tomó de un titular de otro recorte que tenía guardado.

La noticia de este ultimo relata un asesinato en medellin, en manos de un grupo armado que entro a una casa a matar a una señora y a su hija. Sin embargo, el grupo se encuentra primero con la abuela, quien les pide que le perdonen la vida a su hija y a su nieta y que se la lleven a ella en cambio. El grupo armado acabó con la vida de las más jóvenes y dejó como única sobreviviente a la abuela.

Beatriz que retrató el dolor como tema principal de su obra usa dos recortes como elemento simbólico para explicar que el sufrimiento es transversal en todas las regiones de Colombia y las escenas de violencia se repiten incontables veces.

Los papagayos

En los años 70 Beatriz comenzó a hacer su trabajo más político, ella lo denominó “arte denuncia”. Su colección de imágenes de periódicos con funcionarios del gobierno y miembros de las fuerzas armadas en actos delictivos creció a tal punto que decidió crear una obra de 74.93 cm x 198.12 cm donde retrata al presidente Belisario Betancur y miembros de las fuerzas armadas. Los rostros alienados de identidad sugiere una secuencia mecánica que representa como la historia se ha repetido una y otra vez, con gobernantes que siguen contribuyendo con la violencia al conflicto.

Foto: Catálogo razonado Beatriz González

Auras Anónimas, en los columnarios de Bogotá

Esta obra consiste en una intervención de 8.957 lápidas con imágenes de cargueros impresas en serigrafía manual y talladas en losas. Beatriz usó fotografías de reportajes de personas llevando cadáveres exhumados resultado del conflicto armado, “Las escenas que usé son de soldados o campesinos cargando cadáveres y estoy segura de que esta obra no tiene vencimiento porque tiene una utilidad de memoria. Quiero cautivar las auras de los miles de muertos que pueden estar flotando acá y ofrecer un espacio para que los que quieran puedan hacer su duelo”, comentó en una entrevista.

Las obras se ubican sobre las tumbas vacías de Los Columbarios. El título de la obra Auras Anónimas, viene de la intención de Beatriz de guardar las auras de cada persona, porque el aura es única e irremplazable y merece ser reconocida para y por su memoria.

Los Columbarios de Bogotá y la memoria histórica de Colombia

Los Columbarios del Cementerio Central de Bogotá se construyeron entre 1947 y 1956 como respuesta a la alta demanda de espacios funerarios tras la época de violencia, por esta razón popularmente comenzó a llamarse el cementerio de los pobres, pues allí llegaban los restos de los campesinos, obreros, artesanos, soldados, empleadas domésticas, lavanderas y toda aquella persona que con su oficio moldeara la ciudad desde lo “popular”.

Durante la administración de Enrique Peñalosa se decide clausurar el cementerio a principios de los 2000 por abandono y falta de inversión, se comenzó la proyección de un campo de fútbol y un patinódromo. Durante esta época Doris Salcedo encabeza un proyecto junto con otros artistas, quienes deciden intervenir en el cementerio para devolverle la carga simbólica y evitar su demolición. Victor Laignelet realizó la primera intervención colocando rosas en algunas columnas. Antanas Mockus escribió en las construcciones frases como “La vida es sagrada” y en el 2009 se suma Beatriz González con su obra Auras Anónimas.

Gracias a este movimiento desde el 2003 los Columbarios fueron reconocidos como bienes de interés cultural. Es la necrópolis por excelencia de Bogotá y la nación, que carga en sí valores artísticos e históricos y la memoria de un país se encuentra resguardada en ella.

La memoria de Beatriz González permanecerá en las imágenes que retrató y en la capacidad de su arte para preservar la historia, contar lo que ocurrió y evitar el olvido. Generando una conciencia de la vida construida desde lo colectivo y lo cotidiano.