Beto Montenegro: el éxito global, la creatividad sin reglas y el significado de ¿Dónde es el after?

Mientras Rawayana vive el momento más importante de su carrera, Beto Montenegro reflexiona sobre la creatividad sin límites, el poder de las raíces venezolanas, el impacto de las redes sociales y el verdadero significado detrás de ¿Dónde es el after?.

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Están en todos lados: en las playlists, en los trending topics, en las reels de Instagram y en los trends de TikTok… Rawayana no es nuevo en el panorama, pero está viviendo su mejor momento musical después de regalarnos su más reciente álbum: ¿Dónde es el after?. BetoMontenegro, su vocalista, nos lleva por la espontaneidad con la que nacen sus temas, la libertad para recrear sonidos y la forma en la que, incluso dentro de la fiesta, existe un mensaje, una narrativa, una intención.

Porque sí, así como cantamos Domingo Familiar e Inglés en Miami, también nos hacemos una pregunta más profunda: ¿dónde se pasa el after de la vida?

Antes de hablar de música, queremos conocer tu proceso creativo. ¿Eres una persona que necesita silencio o caos para crear?

—No tengo muchas reglas. Hay momentos de silencio que son creativos y momentos de caos y diversión que también pueden serlo. Lo que intento es que no haya mucha regla; así siento que estoy haciendo algo diferente, porque no soy muy rutinario, sobre todo en lo que respecta a la creatividad.

Esa espontaneidad se ve en sus canciones, que son una mezcla de muchos sonidos. Si tuvieras que explicarle a alguien (quizá a un artista de jazz muy técnico) por qué el ruido y la magia de Rawayana funcionan tan bien, ¿qué le dirías?

—Antes sentía que era más difícil esa lucha entre géneros. Sentía que todo el mundo estaba más hermético en su universo y ahora veo que es más fácil poder decir que a mí me gusta la música y que si mañana me gusta un género y al día siguiente me gusta otro, puedo hacer los dos e integrarle cierta identidad a cualquier cosa que se haga.

Por tanto, le diría al jazzista: no te cierres. Al fin y al cabo, si estudias los proyectos de jazz que fueron revolucionarios, lo fueron precisamente porque no se quedaron en lo purista, sino que rompieron con muchas cosas, y a mí me encanta esa idea, ¿sabes? Ya todo está inventado, entonces ¿cómo puedes mezclar las cosas?

Ahora están en un boom mundial, están en todos lados. ¿Cuál crees que fue un momento decisivo para dar ese salto global?

—La música, pues los últimos discos han conectado mucho con la gente. Eso hace que los premios que llegan y los reconocimientos (que son momentos especiales) tomen más relevancia cuando tienes el apoyo de una comunidad grande, de un público y de la industria. Esas dos cosas son la mezcla perfecta para que más gente se entere de quién eres y de lo que estás haciendo.

Sé que son un grupo, pero ¿cómo manejas tu propia creatividad o individualidad? ¿Tienes oportunidad de explorar algo individual dentro de la banda?

—Sí, a pesar de que muchas veces nos hemos vendido como una banda, no funcionamos tal cual. Somos un grupo de amigos que tocamos juntos, pero lideramos la creatividad y la producción entre el baterista y yo. Entonces sí, nos permitimos mucho y, sobre todo en este último álbum, ha sido un proyecto muy individual. Nos hemos dado esas licencias y la idea de banda es algo que no quisiéramos que nos limitara.

Si en algún momento alguien del proyecto tiene algo que decir, que lo diga y ayudamos a canalizar eso. Respetamos mucho esa individualidad también. Nosotros somos muy distintos, y no solamente los cuatro de la foto, sino todos los que participan en el proyecto. Eso nos gusta; nos permitimos entrar y salir de formatos. No sabemos cómo vamos a resultar en el próximo disco ni en el siguiente, pero nos gusta estar transformándonos en lo que sea que queramos.

Justo eso que mencionabas: experiencias propias o sociales que se transforman en música. ¿Hay alguna que nos puedas compartir, algún momento que se haya convertido en letra o canción?

—Yo creo que el 80 o el 90 por ciento de las cosas que cantamos son cosas que pensamos o que pasaron, casi todo. Y hay un espacio de creatividad que es más de ficción, ¿no?, que tú dices: “bueno, ¿cómo interpretaría una canción en una situación de este tipo?” Pero sí, la mayoría de las canciones son cosas que se sintieron, que pasaron. Cualquiera tiene al menos una barra o, conceptualmente, son cosas reales. Por ejemplo, en este último disco hay una canción que se llama La noche que no había Uber, esa canción pasó [ríe].

Otro ejemplo es el arte de este disco; ha sido muy divertido porque coincidió en que entré en la soltería después de muchos éxitos con nuestro álbum anterior. Entonces, estamos celebrando eso y, por tanto, lo he disfrutado mucho. El disco tiene muchas historias que son anécdotas reales o cosas que pensé, que sentí; y eso está cool.

¿Cuál es el secreto para mantenerse como amigos? La industria muchas veces empuja a los grupos hacia proyectos solistas. ¿Cómo han logrado seguir unidos?

—Considero que es porque hemos entendido los roles y porque nos tenemos mucho cariño genuino, ¿sabes? No ha sido fácil porque el proyecto se ha ido transformando con el tiempo, y las prioridades de los que lo integran también han ido cambiando. Pero siendo empáticos y respetando la individualidad.

A veces me frikea un poco el hecho de que si yo digo algo, eso representa a otra gente, porque de alguna manera todos pensamos de manera muy distinta. Y ahí es donde respeto mucho la individualidad: yo pienso de manera muy distinta de todos y todos piensan distinto entre sí. Tenemos algo en común que es el amor por la música, compartimos eso y lo respetamos mucho. Eso nos ha hecho convivir en tranquilidad.

¿Cómo ves el papel de las redes sociales hoy? También influyen en qué canciones pegan y cuáles no. ¿Te imaginabas que tendrían este peso cuando empezaron?

—Ya era así. Todo lo que hicimos nosotros fue por redes sociales, solo que va cambiando. Ahora me gusta porque TikTok es muy creativo. La responsabilidad de la creatividad no es solamente de lo que uno propone, sino de la gente, ¿sabes? Son muy cómicas las cosas que la gente se inventa. Eso me gusta, estoy disfrutando ver cómo la gente saca pedacitos de las canciones, hace trends, se inventa cosas y se las muestra a la abuela y demás.

Lo veo muy creativo y creo que hay un peso importante en la creatividad de quien nos sigue; eso me encanta y lo estoy disfrutando mucho. Como todo, esto va cambiando: nosotros empezamos por Twitter; el nombre de la banda nació, en gran parte, influenciado por la época de Twitter; después, YouTube; después, Instagram… y ahora estamos en la era de TikTok. Es lindo ver cómo las cosas van cambiando.

Hay canciones que, a partir de donde nacen y de si lo que estás haciendo es genuino, van a conectar con alguien. Y las redes te dan esa inmediatez de saber si conectas con mucha gente… Yo estoy muy contento con que mucha gente pueda sacar música y que todo el mundo tenga la oportunidad de compartir lo que hace, a pesar de que es un reto porque ahora hay muchas propuestas. Igual hay mucha música interesante que, si uno se fija y es curioso, encuentra cosas lindas.

¿Cómo viven ahora, a la distancia, el amor por Venezuela? ¿Cómo se mantienen conectados con sus raíces?

—Bien, como hay tanta gente fuera de Venezuela, uno se encuentra con eso todo el tiempo. Y nosotros tenemos una conexión tan fuerte con el país que está con nosotros. Últimamente ha sido muy lindo ver cómo culturalmente la sociedad está aprendiendo de este momento histórico, y soy muy optimista sobre hacia dónde va. A pesar de que han sido momentos difíciles, estos te hacen aprender de otra manera y más rápido. Entonces, me siento optimista.

Para los artistas latinos, ¿la meta sigue siendo Miami o ahora buscan conquistar otras ciudades como Bogotá, Caracas o Ciudad de México?

—No respondería desde la industria porque la verdad es que no sé. Me he dado cuenta de que mientras más auténtico seas, mejor te va hoy en día. Entonces a la autenticidad se le está dando mucha importancia y también, definitivamente, a las raíces, como C. Tangana con El Madrileño, Rosalía, Tokischa… Recientemente escuché el disco de Vicente García. Percibo una tendencia en los artistas de mostrar: “yo soy de aquí y aquí se escucha esto”.

Sin embargo, desde mi forma de ver, mientras más globales seamos (no solo a nivel musical, sino también mentalmente) podremos ver qué está pasando en Australia, Asia, Medio Oriente… Todo en cuestión de segundos. Creo que ahí va la cosa. Ahora tenemos traductores automáticos: con un botoncito vemos en nuestro idioma qué está pasando en otros sitios. Siento que el mundo está ahí y que deberíamos estar más cerca.

Lo de Miami… Yo me siento un poquito de ahí porque me fui de Venezuela a Miami y lo entiendo. Pero la ciudad también se está convirtiendo en un sitio que recibe gente de muchos lugares, entonces no veo que tengas que ir ahora a Miami para que te vaya bien. 

La industria está en un momento de “oye, mira, yo soy de aquí”. Ya se ha hecho tanto y se está haciendo tanto que para mí lo próximo es: “ok, yo soy de aquí, ¿cómo eres tú?”, y será común que veamos a un artista venezolano que haga un corrido y otro haga un vallenato […]. Siento que la música está en ese momento, pues hay mucho intercambio musical. Ahora viene ese momento en que rompemos la barrera de los idiomas para ser un mundo con menos fronteras y más universal.

¿Dónde es el after?, ¿qué significa para ustedes en esta nueva etapa más global? ¿Cómo han recibido el álbum?

—Muy bien, estoy muy contento con la respuesta y con el momento. Al final, los ciclos (por lo menos para mí) de los discos son vivencias y moods en los que he estado y que luego comparto con la gente. Y eso es lindo, porque es algo que me encanta de ser artista: pensar cosas y comunicarlas por medio de canciones, audiovisuales, arte.

Ese momento en el que empieza el intercambio entre el público y el artista es algo muy lindo de vivir porque es impredecible: pasa de todo. Estamos en ese momento: el disco salió en enero y vamos a empezar a girar y a mostrarlo en su versión en vivo al mundo. Estoy emocionado.

El título del álbum es muy potente: ¿Dónde es el after? Más allá de la canción, a nivel personal, ¿dónde encuentras tú ese after, esa pausa después del escenario?

—A mí siempre me llamó la atención que de donde nosotros somos, la música popular tiene una característica muy interesante: bailamos nuestras penas. Tú estás en una fiesta en Venezuela y estás cantando El Niágara en bicicleta de Juan Luis Guerra. Cuando le prestas atención, hay un party prendido, pero estás hablando de una canción sobre la crisis de la salud en Latinoamérica, o La Rebelión de Joe Arroyo, que habla de la esclavitud, pero la estás bailando.

Entonces, este disco tiene un poquito de ese principio: planteamos un concepto en torno a la fiesta donde nos planteamos “está bien que seamos alegres, pero ¿hacia dónde vamos luego?”. Eso es lo que me gusta de ¿Dónde es el after?: nos preguntamos hacia dónde vamos, al menos. Y es una condición humana muy común: uno tiene miedo al futuro y se pregunta: “¿hacia dónde vamos?, ¿cuál va a ser nuestro after?” Conceptualmente, el universo que hemos creado va por ahí.

Para mí, luego de cualquier evento (no solo conciertos), he encontrado que mientras más intencional sea con lo que hago, más tranquilidad me da el futuro. Si salgo de un concierto y sentí que todo lo hice con intención, ese posconcierto puede convertirse en un after real: un encuentro íntimo con amigos o conmigo mismo. Me da tranquilidad saber que estoy viviendo intensamente.

Si tuvieras que definir tu Domingo familiar ideal, ¿cómo sería?

—Últimamente no estoy tan cerca de mi familia porque siguen en Venezuela, pero tengo una familia elegida muy linda. Cuando estoy de viaje y logro compartir con amigos que quiero, los domingos me encantan. Muchos son de trabajo, pero si puedo compartir con gente que elijo como familia, me alegra mucho. 

Para cerrar: si mañana hicieras un after enorme en las calles de Venezuela, ¿qué tres artistas (vivos o muertos) invitarías?

Wow, uff. Invitaría a Simón Díaz —que es como nuestra leyenda—, ¡estaría brutal! Me encantaría que fuese Juan Luis Guerra, la gente ama a Juan Luis… y Bad Bunny, nunca ha ido, yo lo invitaría.


Créditos:
Director editorial: @gerardangulo
Fotografía: @frances.rou
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Producción: @_yulietd
Locación: @_mustudio_
Entrevista: @bianca_cosulich