Camilo: el álbum que nació para sus hijas y terminó siendo una carta a sí mismo

En su quinto álbum, Camilo transforma las canciones que imaginó para sus hijas en un viaje hacia su propia infancia. En conversación con Esquire Colombia, reflexiona sobre la paternidad, la fe y las lecciones que el tiempo le hizo olvidar. También habla del vacío que persiste incluso después de alcanzar los sueños que alguna vez parecían suficientes.

Gabardina, Golden Goose, Camisa, Alfredo Martínez, Jeans y botas, Thoro.

Camilo comenzó Para Cuando Sean Mayores con Índigo y Amaranto en mente. Quería dejarles canciones a las que pudieran regresar al crecer, pero mientras escribía se dio cuenta de que muchas de esas cosas que quería recordarles eran las mismas que él había olvidado con los años. Así, su quinto álbum de estudio terminó llevándolo de vuelta a su propia infancia y a preguntarse qué había cambiado en él durante el camino.

Las 13 canciones del disco nos hablan de la identidad, la familia, el amor, la fe y todo aquello que Camilo empezó a ver distinto desde que es papá. En conversación con Esquire Colombia, nos habla de lo que sus hijas ya saben y algún día podrían olvidar, de las barreras que pone para proteger su corazón cuando publica música y de ese vacío que siguió ahí incluso después de los Grammy, los estadios y muchos de los sueños que alguna vez quiso cumplir.

Ya han pasado varias semanas desde el lanzamiento de Para Cuando Sean Mayores y pronto vuelves a salir de gira. ¿Cómo está tu corazón hoy?

Me siento muy satisfecho con lo que está pasando ahora que el álbum está afuera. Estaba muy nervioso porque este disco es tan importante y significativo para mí que tenía miedo de haber perdido un poco la objetividad por estar demasiado cerca de él.

Pensaba: “¿Será que esto solamente es increíble para mí?”. Como cuando alguien te muestra fotos de sus hijos en el celular convencido de que todo el mundo quiere verlas. Pero ha sido muy satisfactorio ver cómo la gente está recibiendo el álbum de una manera tan significativa, trascendental y bonita.

Empezaste a escribir este álbum para tus hijas y, en el camino, descubriste que quien más lo necesitaba eras tú. ¿Por qué?

Siento que quien verdaderamente necesita este álbum es mi yo actual, quien soy hoy. Yo estaba tratando de escribir un álbum pensando que mis hijas lo necesitaban muchísimo y después descubrí que ellas lo van a necesitar cuando se olviden de las cosas que ya saben ahora.

Los niños vienen con una data que después olvidan, que después olvidamos. El Camilo de ocho años también la tenía y se le olvidó porque crecer es muy estimulante. A mis hijas les va a pasar eso, pero ahí va a estar el álbum para recordarles, no las cosas que papá cree que son importantes, sino aquellas cosas que son reales en ellas hoy y que algún día pueden olvidar. Esas son las más valiosas.

En “El Traje” hablas de perder parte de esa esencia. ¿Cómo fue darte cuenta de que habías dejado entrar cosas que no hacían parte de ti?

La perspectiva siempre llega cuando uno se aleja de las cosas. Cuando estás metido en el chicharrón de crecer no te enteras de los trueques y los negocios que estás haciendo. Nadie te pone un contrato al frente y te dice: “Bueno, tu inocencia a cambio de la ambición”. No te das cuenta de que eso está pasando.

Después pasa el tiempo, te alejas y dices: “Me robaron”. Es como esos magos en la calle que hacen que mires hacia otro lado y, cuando reaccionas, ya te quitaron algo. Mientras sucede no te das cuenta.

Escuchando el álbum, “El Traje” y “El Cisne” casi podrían entenderse como dos partes de una misma historia. ¿Lo ves así?

Sí. Creo que “El Cisne” es la buena noticia después de “El Traje”. “El Traje” es un lamento, casi una canción fúnebre, una despedida de una versión de uno que murió, de una versión anterior que ya no existe.

“El Cisne” empieza mirando todo lo que uno estuvo a punto de perder para siempre y después habla de encontrar la casa, ese lugar al que perteneces, y sentir que el corazón vuelve y dice: “Ah, acá puedo volver a ser yo”.

Uno se conforma con espacios donde tiene que parecer algo o disfrazarse de algo. “El Cisne” habla de alguien que vuelve a encontrar ese sentido de pertenencia. Cuando uno es chiquito es más fácil pertenecer; luego creces y empieza la pregunta: “Bueno, ¿cuál es mi lugar?”.

¿Cómo conviven el Camilo de las tarimas y las multitudes con el Camilo esposo, papá, hijo y amigo?

Pienso que somos múltiples. Cada persona tiene una esencia y esa esencia tiene distintas proyecciones hacia afuera. Hay unas muy puras, como la que sacas de ti para interactuar con tus hijos, y hay otras que requieren otro tipo de interacción, como un escenario o una entrevista.

No es el mismo personaje. Siempre he querido pensar que sí, que es exactamente igual, y cada vez intento que mi esencia quepa en cada uno de esos avatares, pero no son iguales.

Hay ciertas barreras que pongo cuando saco música para proteger mi corazón. Con mis hijas esas barreras no existen. Con ellas no vivo pensando que de pronto van a romperme el corazón; soy completamente vulnerable. Cuando estoy escribiendo tampoco tengo ninguna barrera, pero cuando saco el álbum levanto algunas porque nunca sé si me van a tirar un mal, si le va a ir muy mal o si alguien va a decir que mi disco es una mierda.

Con mis hijas y con mi esposa no vivo así. Hay cosas diferentes, pero la energía que anima todas esas versiones de mí es la misma.

Camilo en la portada de Esquire Colombia

Para Cuando Sean Mayores comienza con “Los Cuentos”, donde asumes el papel de cuentacuentos. ¿Qué cuentos te contaron a ti cuando eras niño?

Recuerdo mucho a mis papás recitándome cuentos de Rafael Pombo. También me gustaban mucho las historias de Hans Christian Andersen, de los hermanos Grimm y las fábulas nórdicas.

Me fascinaban porque eran historias infantiles, pero tenían ciertas sombras. Siento que ese tipo de sombras se están extinguiendo un poco en los cuentos infantiles.

Hoy parece casi un lujo sentarse a leer un cuento y darle tiempo a la imaginación, por todo este avance digital. ¿Cómo manejan en casa la relación de Índigo y Amaranto con la tecnología?

Mis hijas tienen acceso a contenidos multimedia en momentos específicos. Por ejemplo, saben que cuando tenemos un vuelo largo pueden ver pelis. Elegimos películas que ya hemos visto juntos. A Índigo, por ejemplo, le puede gustar una película de Hayao Miyazaki como El viaje de Chihiro y después quiere verla en español, verla en inglés y comparar lo que dicen.

No tienen tanto acceso a videos. Siguen muy apegadas a los libros y les encantan. En casa tenemos una biblioteca infantil muy bacana y ellas saben perfectamente qué libro quieren que les leamos.

La literatura infantil me parece una de las cosas más fascinantes del mundo. Cuando viajamos y encontramos ferias de libros infantiles, vamos a comprar. Hay libros que me vuelan la cabeza por los formatos que encuentran para sensibilizarte.

Les leemos muchísimo, juegan con libros e inventan historias. Yo también les invento muchas. Su favorita es la de un cíclope que se llama Glon Glon, que no tiene visión periférica y se va chocando con las cosas y con distintos personajes. Me piden que se las cuente una y otra vez y, si cambio algo, inmediatamente me dicen: “No, papá, eso no es así. Estás cambiando la historia”.

Ahora que este universo llegará a una nueva gira, ¿cómo imaginas la dirección creativa del tour?

Toda la dirección creativa la está haciendo mi esposa y eso me emociona muchísimo porque Evaluna es, de alguna manera, un personaje de fábula. Ella, como nadie, sabe traducir este universo.

Justo antes de venir acá tuvimos una reunión. Ella está en Miami y me mostró la primera aproximación clara de cómo va a quedar la escenografía. Es increíble porque este álbum nos da un universo muy interesante.

Los conciertos de La Tribu siempre han sido espacios muy familiares, pero siento que este es el álbum más “La Tribu” de todos los que he sacado. Nos da la excusa perfecta para entregarnos a soñar muchas cosas para el tour. Va a haber elementos teatrales, personajes y sorpresas.

Primero estamos construyendo un libreto muy claro que permita traducir los estímulos del álbum y mantener una estructura puntual. Después, habrá ciudades donde puedan suceder cosas únicas: invitados que solamente podemos tener en determinados lugares o espacios que permiten ciertas variaciones estéticas.

Camilo en la portada de Esquire Colombia
Camisa; “Not” wear (The Meta Society), Pantalón: Charvec Studio

Has dicho que nunca has hecho un concierto con zapatos y que el escenario es un lugar sagrado para ti. ¿Por qué?

No uso zapatos en el escenario porque para mí se convierte en un lugar sagrado cuando puedo estar completamente presente.

Tengo una relación particular con los zapatos: cuando los tengo puestos sé que no estoy en mi casa. Estar con zapatos en mi casa significa que acabo de llegar o que estoy a punto de irme. Son como una señal que me dice: “No te acomodes porque no estás en tu lugar”.

Cuando llego a mi casa, a la casa de mis papás, a la naturaleza o a cualquier lugar donde siento que puedo aterrizar, me quito los zapatos. Quiero que el escenario sea una extensión de esos lugares.

Pienso también en la historia de Moisés cuando le dicen que se quite los zapatos porque está en territorio sagrado. No es que él convierta ese territorio en sagrado al quitárselos; al hacerlo descubre que ya lo era.

Además, llevo tanto tiempo tocando descalzo que si llego a una prueba de sonido con zapatos siento que me voy a chocar con algo. Descalzo conozco el piso. Toco el borde del escenario con los dedos y sé dónde está, siento los cables y las esquinas del tapete. Con zapatos siento que tengo un accesorio con el que me voy a caer.

En este disco cada canción parece tener una identidad sonora muy precisa. ¿Cómo decides qué sonido necesita cada historia?

Gran parte de la producción empieza cuando escribo las canciones. Mientras estoy escribiendo ya me estoy imaginando algo. Incluso el primer demo, que casi siempre es guitarra y voz, ya implica una tensión, un crecimiento, el momento en el que puede entrar una batería, los cortes o los espacios.

No termino la canción y después pienso: “Bueno, ¿ahora qué hago acá?”. En este álbum, menos aún.

Es un disco de muy pocos elementos. Puede parecer mucho más sofisticado que otras cosas que he hecho por la energía unificada que tiene, pero hay canciones con batería, bajo, guitarra acústica, dos guitarras acústicas, un teclado y la voz. Nada más. El universo nace de cómo están organizados dinámicamente esos elementos.

Procuro que las primeras ideas de producción estén agarradas a la energía inicial de la canción y que todo lo que llegue después sea coherente con lo que dicen la letra y la melodía.

Por ejemplo, en “El Ruiseñor”, cuando llega la crisis de identidad, entra un teclado que genera una sensación casi de sueño. Estás flotando, anestesiado, como en una alucinación. Quiero que esos teclados me hagan sentir exactamente lo que está diciendo la letra.

La producción persigue todo eso. También tuve la fortuna de trabajar con gente muy dura, con ideas fantásticas, así que fue la suma de todos esos poderes.

Camilo en la portada de Esquire Colombia
Suéter, Golden GOOSE.

En “La Campana” le hablas directamente a Dios. Después de alcanzar tantos sueños, ¿hubo un momento en el que entendiste que aquello que estabas buscando no estaba ahí?

He tenido la bendición de cumplir muchísimos sueños. No somos tantas las personas que tenemos la oportunidad de alcanzar casi todo lo que hemos soñado, y además tan temprano. Siento que tengo una vida larguísima por delante y ya he alcanzado muchas de las cosas con las que soñaba.

Pero cada vez que cumplo un sueño nuevo, consigo algo que quería, compro algo que soñaba comprar o llego a un lugar al que quería llegar, descubro que esa no era la sed que tenía.

Es increíble vivirlo, pero permanece esa insaciabilidad. Piensas: “Si este era mi sueño más grande, ¿por qué apenas lo consigo vuelvo a sentir un vacío?”. Y no significa pensar que mi carrera es una mierda. Es descubrir: “Yo creía que este hueco se llenaba con un Grammy”. Entonces piensas que tal vez se llena con dos. Llega el segundo y tampoco.

Después piensas que es llenar estadios. Llenas el estadio y tampoco. Piensas que es tener hijos, ser papá, encontrar a la persona que amas. Lo tienes y es fantástico, pero todavía existe un espacio ahí.

Tener claridad sobre ese lugar que no se llena con nada, sumado a las experiencias sutiles que he tenido persiguiendo a Dios, me ha dado una sensación de saciedad que no me ha dado ninguna otra cosa.

Entonces digo: “Parece que es por acá”. Para mí tiene un carácter muy práctico, casi empírico: hay un hueco y está la naturaleza del agua que puede llenarlo. Hay cosas que no lo llenan y siento que, en esa dirección, ese vacío empieza a encontrar un poco de plenitud.

Por eso escribí “La Campana”. La necesidad que tengo de Él es la que me permite dar pasos hacia Él. Y siento que esa misma necesidad está puesta dentro de mí como un cordón que me lleva de vuelta hacia Él.

Créditos:
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Producción: @melisadupe
Video: @jennifer_lameiro
Entrevista: @ramecabrera