Pocos mundos son tan competitivos como el de la relojería. Las casas de lujo buscan reinventarse constantemente para ofrecer nuevos diseños, modelos y funciones, apostando por la modernidad. Pero estos esfuerzos pueden perder su esencia cuando olvidan sus inicios. Antes de innovar, hay que recordar. Y eso es exactamente lo que hizo Chopard con su nuevo reloj: el L.U.C 1860, creado para celebrar los 30 años de su manufactura en Fleurier (Suiza).
El nombre no es nuevo, pero la composición sí. Después de tres décadas, la maison rinde homenaje al primer gran reloj que marcó su entrada en la alta relojería, incorporando los avances técnicos actuales. Así logra una mezcla precisa entre tradición e innovación, dando como resultado una pieza de lujo silencioso que define a un verdadero conocedor: aquel que aprecia lo contemporáneo, pero entiende que los grandes relojes son los que han definido épocas.
Tres décadas para perfeccionar el L.U.C 1860
El L.U.C 1860 es un ícono de Chopard que nació en los años 90 y que hoy se relanza con todo lo que la marca ha perfeccionado en 30 años. Para 2026, llevamos en la muñeca una pieza que es delicada y fuerte al mismo tiempo. Su caja de 36.5 mm apuesta por la discreción, mientras que su construcción en Lucent Steel™ (un acero de alta pureza) le da un brillo que se acerca al del oro.
La atención recae en la esfera, en tono “Azul Areuse”, inspirada en un río suizo. Este color no es casual: simboliza la continuidad y el vínculo con la naturaleza, elementos profundamente ligados a la identidad de la manufactura.


Sabemos que una pieza de alta relojería se define por su ejecución, y el nuevo L.U.C 1860 es prueba de ello. La esfera de oro blanco de 18 quilates está decorada a mano con guilloché tradicional, utilizando maquinaria centenaria.
La luz se refleja de manera distinta en cada línea, generando profundidad y dinamismo. Los índices en forma de espiga, las agujas dauphine y el pequeño segundero a las 6 completan un diseño limpio, sin distracciones, donde la ausencia de fecha refuerza su pureza.
Alta relojería: precisión, técnica y detalle
Con un grosor de apenas 3.30 mm, este reloj incorpora un microrrotor de oro de 22 quilates que mantiene su perfil ultraplano sin comprometer el rendimiento. Es una pieza clásica que no necesita exagerar para destacar: su diseño, proporción y ejecución hablan por sí solos, pensados para quienes realmente entienden la relojería, tanto la vintage como la contemporánea.
En el lado técnico, este modelo integra la tecnología Chopard Twin, que permite una reserva de marcha de hasta 65 horas sin perder estabilidad energética. Además, cuenta con certificaciones como el COSC (cronómetro) y el Punzón de Ginebra, dos de los estándares más exigentes de la relojería suiza. Estas distinciones garantizan precisión, calidad en los acabados y excelencia en el ensamblaje. Y algo importante: este nivel de certificación no es común en relojes de acero.

30 años de manufactura: el origen del legado L.U.C
En 1996, Chopard creó su propia manufactura en Fleurier por iniciativa de Karl-Friedrich Scheufele. El objetivo era claro: desarrollar relojes desde cero, combinando el saber hacer tradicional con la innovación técnica.
Hoy, 30 años después, la marca celebra ese momento clave retomando uno de sus modelos más importantes. La colección L.U.C (nombrada en honor a Louis-Ulysse Chopard) se ha convertido en el reflejo de esta evolución, consolidándose como un referente de estética tradicional refinada y excelencia mecánica.
Como menciona Scheufele: ‘Para mí, el modelo L.U.C 1860 es el reloj más emblemático de la colección L.U.C. Representa el inicio de nuestro viaje al corazón de la bella relojería, un recorrido a veces difícil y lleno de descubrimientos. Este reloj se ha convertido en un clásico, tal y como lo imaginé hace 30 años.’

L.U.C 1860: un reloj que dice más haciendo menos
Este lanzamiento no solo presenta un reloj, sino que encapsula la historia de la maison: desde su fundación en 1860, pasando por el punto de inflexión en 1996 con la creación de su manufactura, hasta hoy, con 30 años de evolución reflejados en una sola pieza.
El L.U.C 1860 es un reloj que tiene menos, pero dice más. Una pieza que no busca imponerse, sino ser entendida. Y para muchos, precisamente por eso, se posiciona como uno de los grandes relojes de la historia.
