La historia del cigarro: Un ritual de lujo y contemplación

Sin darnos cuenta, muchos comparten la misma adicción: el cigarro. Pero, ¿de dónde nació esta costumbre, cuál es su historia y cómo nos afecta realmente?

Un símbolo de poder y, en ocasiones, de elegancia, pero siempre un tema de conversación. Así fue la evolución del cigarro. Foto: Peaky Blinders

El acto de fumar, ese ritual personal que ha acompañado a periodistas, pensadores, figuras políticas y artistas a lo largo de los siglos, tiene sus raíces en las tradiciones milenarias del continente americano. Hoy, el cigarro (o cigarrillo) es uno de los formatos más populares para el consumo de tabaco, pero su viaje desde un ceremonial indígena hasta un producto industrializado y, posteriormente, objeto de debate sanitario, conforma una historia del cigarro fascinante.

El tabaco, en sus diferentes formas (puros, pipas o cigarrillos), es un compañero en momentos de introspección, ayudando a muchos a concebir ideas y a organizar pensamientos mientras el ‘pitillo se incineraba entre sus dedos’. Muchos personajes en series y películas lo usan como Chandler Bing en ‘Friends’, Sherlock Holmes en ‘Sherlock’, Winston Churchill, Thomas Shelby en ‘Peaky Blinders’, entre otros.

Cigarros historia
Si bien ha existido desde hace años, evolucionando con el tiempo, sus efectos en la salud siguen siendo igual de peligrosos. Foto: Pexels

¿Qué es el cigarro?

El cigarro o cigarrillo, como se le conoce en la actualidad, es una porción de planta seca, generalmente tabaco picado, envuelta en papel delgado en forma cilíndrica, y que comúnmente incluye un filtro para ‘reducir los daños a la salud’. Lo del filtro es mentira, ya que fue añadido en los 1950s para ‘reducir’ la exposición a sustancias tóxicas y fueron promovidos como ‘segura’ y ‘saludable’, pero no se redujeron la exposición de los compuestos tóxicos del tabaco, según la publicación ‘Ciencia y Salud’ de la Escuela de Salud Pública de México.

La descripción más antigua del tabaco se remonta al siglo XVI, cuando Fray Bartolomé de las Casas, en su ‘Historia de las Indias’, lo definió como ‘ciertas hojas secas envueltas en otras hojas… Se encienden por un extremo y se chupan por el otro… para introducir en los pulmones ese humo con el que adormecen el cuerpo y así se embriagan’.

No obstante, es crucial entender el peligro que conlleva: el cigarro es mucho más que tabaco y nicotina, pues su contenido químico y toxicidad incluye más de 4.000 sustancias químicas, de las cuales alrededor de 70 son cancerígenas. Entre estos componentes tóxicos se encuentran la nicotina (el químico adictivo), el alquitrán (causante de cáncer), el arsénico (veneno para ratas), amoníaco, monóxido de carbono e incluso elementos radiactivos como el Polonio-210.

Thomas Shelby
Thomas Shelby fumando en ‘Peaky Blinders’. Foto: Cortesía Netflix.

¿Quién descubrió el cigarro?

Quienes descubrieron el cigarro, los primeros fumadores conocidos, en la era moderna fueron los indígenas taínos de la isla de Cuba, quienes aspiraban el humo de ‘tubos de hojas secas’ llamados cojiba o cohiba; de hecho, el término ‘tabaco’ se cree que originalmente hacía referencia al tubo en forma de ‘Y’ que utilizaban para inhalar el tabaco en polvo.

Posteriormente, el 6 de noviembre de 1492, los exploradores Luis de Torre y Rodrigo de Xerez observaron por primera vez esta práctica y llevaron la noticia a Cristóbal Colón, marcando el inicio de la difusión del tabaco en Occidente.

Más adelante, su introducción en las altas esferas europeas, que lo facilitó la realeza y los embajadores, como Jean Nicot (quien dio nombre a la nicotina), embajador francés en Lisboa, quien llevó las hojas de tabaco a la reina Catalina de Médici en 1560, popularizando su uso en las cortes. Simultáneamente, Walter Raleigh adoptó el hábito de las tribus indias en América del Norte y lo difundió en Inglaterra, aunque su práctica fue condenada por Jacobo I.

La historia del cigarro

La historia del cigarro comienza con un origen ceremonial entre el 2000 y el 3000 a.C., cuando la planta se extendió por todo el continente americano desde el altiplano andino. Posteriormente, un hito fundamental fue el ‘descubrimiento’ para el viejo continente (entre el 28 de octubre y el 6 de noviembre de 1492), momento en que Cristóbal Colón y sus hombres observaron y registraron el acto de fumar tabaco por primera vez en Cuba.

Luego, alrededor de 1560, se dio la llegada a Europa, donde el tabaco comenzó a darse a conocer en España, Portugal y Francia. Sin embargo, el nacimiento del cigarrillo como lo conocemos hoy ocurrió en el Siglo XVIII en Sevilla, cuando mendigos y obreros crearon las primeras ‘papelinas’ o ‘cigarrillos’ al enrollar tabaco remanente en papel, un hábito del que hay constancia gráfica en pinturas de Francisco de Goya.

Finalmente, el proceso de consumo masivo se consolidó con la industrialización en 1885, gracias a la invención de la máquina de vapor Bonsack, lo que permitió la producción de millones de cigarrillos y marcó su despegue comercial global.

¿Por qué existe la adicción al cigarro?

La adicción al cigarro existe porque el consumo del tabaco ha pasado de ser un uso ritual y curativo con profundo significado cultural para las tribus americanas a una adicción química moderna impulsada por la nicotina, transformando el placer en necesidad física.

En su tránsito, sirvió como acto de rebeldía y emulación adulta en la juventud, y se consolidó en la cultura como un medio para la búsqueda de inspiración y reflexión entre intelectuales, manteniendo aún hoy una percepción social de distinción y decadencia que lo asocia a un ritual de estilo pese a sus riesgos mortales.

Winston Churchill
Winston Churchill en ‘The Crown’ fumando. Foto: Cortesía Netflix.

El cigarro ha evolucionado dramáticamente desde su origen como un elemento de ritual prehispánico libre de filtros, definido por De las Casas como un sahumerio adormecedor, hasta su actual identidad como un producto masivo cuya adicción química a la nicotina eclipsa cualquier uso por inspiración o distinción.

A pesar de la industrialización y los fallidos intentos por hacerlo parecer ‘seguro’, su contenido de más de 4.000 sustancias tóxicas, incluyendo el Polonio-210.

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