En temporada de calor solemos pensar en bebidas frías para aliviar la sensación de bochorno. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que consumir líquidos calientes como sopas, caldos o café puede ser más efectivo para regular la temperatura corporal. Este hábito, común en regiones como Sonora y en culturas de Asia y Latinoamérica, activa mecanismos naturales de enfriamiento. Además, estudios recientes señalan que estas prácticas no solo ayudan a refrescarse, sino que también aportan beneficios nutricionales y de hidratación que fortalecen al organismo durante los días de calor extremo. Incluso, especialistas destacan que este tipo de consumo puede convertirse en una estrategia cultural y saludable para enfrentar olas de calor cada vez más frecuentes.
¿Tomar cosas calientes ayuda a refrescarse?
Aunque parezca contradictorio, beber líquidos calientes estimula la sudoración. Cuando el sudor se evapora, el cuerpo se enfría de manera más eficiente que al consumir bebidas frías. Este efecto es más notorio en climas secos, donde la evaporación ocurre rápidamente. Por eso, en estos luagares, es común escuchar que “en casa que se respeta, se comen caldos en verano”. La práctica, transmitida por generaciones, tiene respaldo científico y cultural, y se ha convertido en una tradición, demostrando que lo aprendido de madres y abuelas tiene fundamento fisiológico.

¿Por qué tomar cosas calientes ayuda a refrescarse?
La explicación está en los termorreceptores de la lengua y la garganta, que al entrar en contacto con líquidos calientes envían señales al cerebro. Este interpreta la situación como un aumento de temperatura y activa la sudoración para enfriar el cuerpo. La National Library of Medicine confirma que este mecanismo es una forma natural de termorregulación. Así, aunque al inicio se perciba más calor, el resultado final es una sensación de frescura cuando el sudor se seca. Este proceso, además, ayuda a mantener estable la temperatura interna del organismo, evitando golpes de calor y favoreciendo la adaptación a ambientes extremos.
Precauciones y recomendaciones al momento de tomar cosas calientes
Si bien los caldos y bebidas calientes son beneficiosos, no se recomiendan en ambientes húmedos, ya que la evaporación del sudor es menos eficiente. Tampoco son aconsejables para personas con problemas de deshidratación, hipertensión o enfermedades cardíacas. Los niños pequeños y adultos mayores deben moderar su consumo, pues su capacidad de regulación térmica es menor. La recomendación principal es acompañar estas bebidas con suficiente agua natural y observar cómo responde el organismo. Además, es importante no abusar de su consumo, ya que en exceso pueden generar incomodidad o malestar en quienes no están acostumbrados a este hábito.
Alimentos y bebidas que debes evitar en el calor
Durante el verano, algunos productos pueden empeorar la sensación de calor o provocar deshidratación. Las bebidas alcohólicas, por ejemplo, tienen un efecto diurético que favorece la pérdida de líquidos. Las carnes rojas en exceso dificultan la digestión y aumentan la temperatura corporal. Los alimentos grasosos y frituras pueden provocar intoxicaciones y malestar estomacal, mientras que los productos muy salados contribuyen a la retención de líquidos. Finalmente, los alimentos azucarados generan cansancio y deshidratación. En conjunto, estas opciones no solo afectan la sensación de frescura, sino que también incrementan el riesgo de problemas de salud durante los días de calor extremo.

¿Qué bebidas son más recomendables en verano?
Los caldos más adecuados para consumir en temporada de calor son aquellos ricos en vegetales y proteínas ligeras. El caldo de pollo, por ejemplo, aporta colágeno y nutrientes que favorecen la digestión y fortalecen el sistema inmunológico. La sopa de verduras es otra opción saludable, ya que hidrata y proporciona vitaminas esenciales.
El café caliente puede producir un efecto similar al de los caldos, equilibrando la temperatura corporal. Sin embargo, su eficacia depende del clima: funciona mejor en ambientes secos que en húmedos, donde la evaporación del sudor es limitada. Además, el café contiene cafeína, lo que puede provocar efectos secundarios como insomnio o palpitaciones si se consume en exceso. Por ello, aunque puede ser una opción para refrescarse, se recomienda moderar su ingesta y acompañarla siempre con suficiente agua para evitar deshidratación.
Consumir caldos y bebidas calientes en verano es una práctica respaldada por la ciencia. Aunque parezca contradictorio, este hábito activa la sudoración y ayuda a enfriar el cuerpo en ambientes secos. Además, aporta beneficios nutricionales y culturales que lo convierten en una opción saludable frente al calor extremo. La clave está en la moderación y en elegir preparaciones que aporten hidratación y nutrientes esenciales.
