GLAMPING EN LA SIERRA NEVADA DE SANTA MARTA

Un despertar distinto entre la selva y el cielo.

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POR: Ulises García

El primer sonido que se escucha al despertar en la Sierra Nevada de Santa Marta no es una alarma, sino el murmullo constante del río. La luz entra a través de la lona beige de una tienda de campaña que huele a lino limpio y madera húmeda, mientras el canto de los pájaros marca el inicio de un día donde el lujo no interrumpe la naturaleza, sino que se integra con ella.

Glamping, dicen. En esta región de Colombia, donde las montañas besan el mar Caribe y las nubes se aferran a la selva, esa palabra toma otro significado. No se trata solo de una tienda lujosa con cama king size y desayuno orgánico. Es una manera de estar y pertenecer al entorno sin invadirlo, de ser testigo y no turista en una tierra sagrada.

En la distancia se ven las cumbres nevadas, aun cuando se está a minutos del mar. Los koguis llaman a esta sierra “el corazón del mundo”, y al recorrerla, todo tiene sentido: el aire es más limpio, el tiempo más lento, y cada paso parece llevarte hacia algo que habías olvidado.

La Sierra Nevada —considerada sagrada por los pueblos indígenas kogui y arhuaco— guarda un equilibrio frágil entre modernidad y sabiduría ancestral. En proyectos como Gitana del Mar o Senda Koguiwa, los visitantes descubren una forma de turismo que prioriza el silencio, la contemplación y la conexión a través de clases de cocina local, caminatas hacia cascadas escondidas, rituales de cacao, masajes al aire libre y noches bajo un cielo salpicado de estrellas.

En medio de la selva, cada detalle cuenta una historia: la arquitectura que dialoga con el entorno, los materiales que respiran con el clima, los rituales que invitan a detenerse. Más que un viaje, es un regreso; no necesariamente a un lugar, sino a un estado más simple, más pleno.

Porque en la Sierra Nevada de Santa Marta no se viene a desconectarse del mundo, sino a volver a conectarse con uno mismo. Y eso, a veces, también es lujo.