Jack Guzman: El día que un colombiano se convirtió en Power Ranger

El actor Jack Guzmán recuerda el primer día que llegó al set de Power Rangers. De extra a personaje regular, el colombiano confiesa cómo la serie se convirtió en la escuela de su vida.

Jack Guzmán, el colombiano que se convirtió en héroe sin efectos especiales. Foto: Cortesía

Por: Emilio Gala 

Antes de las películas de Marvel, las producciones millonarias, el CGI y los múltiples superhéroes con poderes extraños, existía una banda de personajes que nos enseñó el poder de la amistad, la individualidad y la valentía: los Power Rangers. Un grupo de humanos con trajes coloridos que combatían las fuerzas del mal. Todos teníamos nuestros favoritos (el rojo, el azul, el rosa, el amarillo) pero había uno que inspiraba especialmente a los jóvenes: el Power Ranger negro.

Este mítico héroe era diferente: más serio, más seguro, el arma secreta. Un símbolo de coraje. Pero más allá del personaje, conectábamos con el hombre detrás de la máscara. Se trataba de Jack Guzman, de la generación Fuerza Salvaje (2002), cuya historia quedó en la memoria del país por ser un colombiano que llegó a convertirse en Power Ranger.

En conversación con Esquire Colombia, Jack Guzman nos lleva al momento en que le dieron el papel del Power Ranger negro y cómo, antes de eso, enfrentó el síndrome del impostor, el reto de construir una nueva familia frente a cámaras y, por supuesto, lo que significaba ponerse el famoso traje negro que lo volvió inolvidable para toda una generación.

Power Ranger Negro
Mucho más que un traje negro: disciplina, miedo y valentía. Foto: Cortesía

¿Cómo vivió Jack Guzman su primer día como Power Ranger?

Recuerdo el primer día como si fuera ayer. Me sentía tan nervioso que pensé que iba a vomitar. Yo venía de hacer papeles de extra, de esos donde apenas caminas por el fondo, así que cuando me tocó llegar como personaje regular, con elenco armado, luces, cámaras, crew… me temblaba todo el cuerpo. 

Tenía miedo de que el director gritara “¡Corte!” y me dijera que no servía para esto, que no era suficiente. El corazón me latía tan fuerte que pensé que el equipo de sonido iba a pedirme que me calmara. Viví ese síndrome del impostor, esa vocecita que te dice que te van a descubrir, que no eres tan bueno como los demás. 

Cuando me dijeron que el papel era mío, claro que fui feliz, pero más que nada lo vi como una oportunidad laboral. Yo siempre fui fan de los Power Rangers, así que lo viví como un sueño hecho realidad. Lo que sí sentí fue alivio de no tener que seguir de extra y poder ganarme la vida como actor. Aunque eso venía con otro tipo de responsabilidades: aprender diálogos, cuidar la iluminación, entender el set… Para mí, Power Rangers fue mi universidad.

¿Cómo fue la experiencia de grabar Power Rangers desde adentro?

Con el elenco éramos como una familia. Pasábamos doce, catorce horas juntos, y se sentía bien cuando el ambiente era chévere. Entre bromas, juegos y risas, el tiempo pasaba volando. Grabé 44 episodios y luego, como todos, volví a audicionar. Porque eso somos los actores: profesionales en buscar trabajo.

Los trajes… ¡ah, los trajes! Solo nos los pusimos como tres o cuatro veces en toda la serie. La mayoría de las escenas con cascos eran los dobles, unos cracks japoneses que se lanzaban de segundos pisos y caían de espaldas como si nada. Pero cuando sí me lo ponía, me sentía como Superman. A veces me miraba y pensaba: “¿Cómo así que un peladito como yo está aquí disfrazado de héroe?” Era irreal. Muy bacano. 

Elenco de los Power Ranger 2002
El momento en que un colombiano llevó su historia hasta la pantalla global. Foto: Cortesía

Hoy, después de casi 25 años, no he vuelto a ver esos episodios. Pero me encantaría sentarme con la gente y verlos juntos, hablar con ellos, reírnos, recordar. Recientemente volví a actuar después de casi dos años fuera, y tuve la fortuna de grabar seis episodios de una serie de Netflix. Una bendición. Me trataron como rey. 

Y bueno, aquí sigo. Agradecido. Con la armadura invisible puesta.