LA MIRADA A TRAVÉS DE LA INFANCIA QUE CONQUISTÓ ART BASEL CON MAESTRÍA

Por: Damián Torres

Con una trayectoria de más de dieciséis años, doce exposiciones individuales y más de cincuenta colectivas, Javier Caraballo se ha consolidado como una de las voces más auténticas de la pintura contemporánea colombiana.

Desde sus orígenes en Barranquilla, su obra ha viajado por escenarios internacionales como Miami, Singapur y, recientemente, Art Basel en Zúrich. En una conversación con Esquire Colombia, el artista comparte las raíces caribeñas que nutren su trabajo, la presencia constante de la infancia como eje narrativo y la forma en que la creatividad infantil dialoga con la historia universal del arte.

¿Cómo se gestó tu interés por el arte? ¿Hay algún recuerdo de la infancia que haya marcado tu sensibilidad artística?

Siempre me han gustado las actividades artísticas infantiles: las que yo realizaba y las que observaba hacer a otros niños. Mi recuerdo más antiguo es ver en televisión a Walter Lantz, los hermanos Warner y Walt Disney. Antes de cada programa había un capítulo donde mostraban cómo se dibujaban las figuras animadas, y para mí eso fue el origen de todo: la motivación para acercarse al dibujo y la pintura.

¿De qué manera tu identidad barranquillera y caribeña ha moldeado tu perspectiva artística?

La mirada caribeña en mi trabajo se basa en las vivencias propias de la costa: el color, la alegría, el optimismo y la forma de abordar una obra artística como lo hicieron grandes maestros: Alejandro Obregón, Ángel Loochkartt y Enrique Grau.

En tu obra predominan niños desarrollando diferentes actividades. ¿Qué rol juegan el gesto, la repetición y el cuerpo en tu proceso creativo?

La presencia de los niños es fundamental: son protagonistas de la escena, pintando, contemplando o jugando con colores para dar forma a un mundo onírico donde la travesura, el gesto y la actividad artística se transforman en la obra misma.

Tu estilo es bastante característico. ¿Cómo ha evolucionado tu percepción del arte al exponerte en circuitos artísticos internacionales como Miami o Singapur?

Mi estilo lo defino como una pintura contemporánea hiperrealista que narra una historia a través del arte, en escenas donde los niños son los protagonistas que intervienen o pintan grandes obras maestras pertenecientes a la historia de la pintura universal.

Exponer en el exterior siempre es una novedad. En mi caso, la obra se ha vuelto más robusta y se ha nutrido de otras perspectivas de la pintura contemporánea. Estos escenarios internacionales funcionan como trabajo de campo para observar qué sucede en el mundo del arte y cómo mi trabajo es recibido en esos circuitos.

Tu trabajo presenta referencias directas a otros artistas. ¿Cómo eliges los temas o artistas a referenciar?

La serie Niños maestros de la pintura se basa en una etapa de la creatividad infantil que abarca desde el garabateo hasta el realismo. Son “niños genios” capaces de pintar o reinterpretar grandes obras maestras. Selecciono piezas según movimientos pictóricos de distintas épocas —Renacimiento, Barroco, Rococó, Romanticismo, Impresionismo, Pop Art— y artistas contemporáneos, con el objetivo de narrar la historia del arte desde la creatividad infantil.

Los temas que elijo no son al azar. Hoy el trabajo artístico se basa en investigaciones sobre identidad, arte y vivencias del artista como testigo de su época, narrando lo que sucede a su alrededor. En mi caso, hablo de la infancia, donde me interesa la narrativa gráfica infantil como arte, revelando un lenguaje oculto, silencioso y no verbal que dice mucho sobre nuestra forma de ver la vida. Me atraen esos primeros trazos y garabatos —esa comunicación inicial que pasa desapercibida— para mostrar un lado amable y creativo que recorre las etapas del dibujo y la grafía infantil.

Es un gran logro estar en Art Basel con The Color of Colombia, lo que implica un cambio de escenario cultural. ¿Cómo sentiste el recibimiento de tu obra en Zúrich?

Formar parte de la feria de arte más importante del mundo es un logro y un plus para mi carrera. La conexión del público con mi obra fue excepcional. Mi trabajo está dirigido a un público universal, y esa conexión final responde a las preguntas que me planteo durante el acto creativo. Es gratificante saber que el espectador completa la obra frente a ella, y que esta puede defenderse por sí misma. En Zúrich, ver el interés de entidades gubernamentales suizas, galeristas y coleccionistas de talla mundial fue un gran estímulo para seguir creciendo.

El diálogo entre tus piezas y el contexto expositivo suizo fue especialmente dinámico. ¿Tuviste que adaptar tu obra para conectar con ese público o preferiste mantenerte fiel al discurso original?

Me mantuve fiel al discurso original. Mi obra tiene la ventaja de conectar universalmente: todos fuimos niños y dibujamos. Las narrativas visuales de mi trabajo, que incluyen iconografías como el árbol, la casa, las nubes o el sol, generan un diálogo universal. Estas imágenes yuxtapuestas sobre obras de arte icónicas crean una experiencia de tiempo, espacio y memoria.

Gestionar la tensión entre lo poético y lo político no es fácil. ¿Tu trabajo tiene una intención política o sientes que lo político aparece inevitablemente?

Partiendo de la premisa “todo arte es político”, mi obra podría leerse como un acto de “travesura”: un niño que raya una obra importante dentro de un museo. Si lo hiciera un adulto, podría considerarse un acto de protesta. En mi caso, son actos de creatividad y poesía que buscan llamar la atención sobre las formas en que los niños ven y crean arte.

¿Crees que el arte puede transformar estructuras sociales o su rol es más íntimo y silencioso?

El arte impacta la sociedad y puede generar cambios. Mi trabajo parte de un proceso de investigación-creación que incluye talleres con niños de comunidades vulnerables, mostrándoles que su entorno puede transformarse en una obra de arte y que sus sueños son alcanzables. Aspiro a ser un ejemplo de superación y un referente local.

Finalmente, ¿qué te inquieta ahora como artista? ¿Qué le dirías al Javier Caraballo que comenzaba a explorar el arte en Barranquilla?

Me inquietan las situaciones externas que no controlo y el inevitable nerviosismo antes de cada muestra. Ese miedo nunca desaparece y ya forma parte de la vida artística, incluso después de dieciséis años, doce exposiciones individuales y más de cincuenta colectivas. Le diría a mi yo del pasado que el esfuerzo, la disciplina, el sacrificio y la fe con que estudié y trabajé mi carrera son el camino hacia el éxito, y siguen siendo la clave para lograrlo.

En esta pág: Javier Caraballo, fotógrafo: Wilver Lareus. Pág. opuesta: Título: máster of painting Técnica: óleo sobre lino Año 2024 Medidas: 130×150 cm. y 150×130 cm. Colección privada / fotógrafo: Wilver Lareus