Hemos visto La Odisea de Nolan: Tom Holland es su talón de Aquiles, pero alejarse de la épica es su gran acierto

La estelar película de Christopher Nolan va a sorprender a muchos, enamorar a unos y horrorizar a otros. En medio de odios o de elogios superlativos, analizamos las virtudes y los peros de la ambiciosa adaptación homérica del director de ‘Oppenheimer’.

Foto: Universal

Por:  Rafael Sánchez Casademont
Este artículo se publicó originalmente en 
Esquire España.

Pocos cineastas despiertan más expectación que Christopher Nolan, autor que conquistó con Oppenheimer el cielo de los Oscar tras décadas recibiendo el favor del público y de unos fans tan entregados que lo veneran cual deidad cinéfila. Seas creyente o no de Christopher Nolan, La Odisea era un proyecto disparatadamente esperado por la escala de su ambición. Con un presupuesto de 250 millones de dólares, en la película encontramos un reparto de estrellas sideral compuesto por Matt DamonAnne Hathaway,Tom Holland, Robert PattinsonZendayaCharlize TheronLupita Nyong’o, Jon Bernthal, Benny Safdie, John Leguizamo, Elliot Page, Himesh Patel, Samantha Morton y Mia Goth.

El material de partida, por supuesto, no podía estar a mayor altura. Tras años de ciencia ficción y suspense, y después de abordar al icónico Batman y al padre de la bomba atómica, Nolan se atreve ahora con Homero. Su obra es nada menos que la base fundacional de la narrativa occidental; no hay una historia, un relato o una obra de arte en este lado del mundo que no parta de sus términos, conceptos y formas. Nolan, con el ego merecidamente subido, ha ido con todo para conquistar el corazón mismo de su arte. ¿Lo ha conseguido?

Foto: Universal

Lamento decepcionar a quien haya llegado aquí en busca de los superlativos absolutos que suelen rodear los estrenos con esta aura y que son especialmente habituales cuando se habla del cine de Christopher Nolan. La Odisea no es la mejor película de la historia y puede que tampoco sea la mejor del año, pero es mucho más que una película más. De hecho, es una de las mejores de toda la filmografía de Nolan y eso, para mucha gente, significa algo muy grande.

La Odisea de Nolan es un triunfo, una película impresionante cuyas imágenes están a la altura de una narración ágil, compleja pero accesible. Todo ello sirve para arropar a unos personajes llenos de matices cuyas emociones, con algún que otro traspiés, acaban brillando en un acto final algo descontrolado y, quizá por eso, más carnal y sincero que el a veces robótico cine del inglés.

En 172 minutos de metraje, el inglés se las arregla para contar, con un ritmo envidiable y una gran capacidad de síntesis, el viaje de Ulises, que tarda diez años en regresar a Ítaca. La, a veces arbitraria, fragmentación narrativa del director de Memento se acompasa aquí bien con el ritmo de un relato que bebe de la Historia, pero, sobre todo, de los mitos.

Foto: Universal

Hoy leemos La Odisea como un referente escrito, pero la obra se transmitió en forma de cantos y su base (pese a las adaptaciones a prosa) siempre será el verso. Así, el inglés marca y modula con acierto el ritmo de su historia, reservando revelaciones de, por ejemplo, la guerra de Troya para el tramo final de la vuelta de Ulises a casa; mientras que, en otros momentos, apuesta por la sencillez y encadena varios encuentros trágicos vividos por la tripulación del rey de Ítaca de manera cronológica, dando continuidad a una narración forzosamente episódica.

Pero advertimos que la película acabará decepcionando a quienes esperen la épica y el espectáculo machote de Troya o 300; el tráiler ya dejaba ver que la apuesta iba por un camino muy distinto. Aquí brillan los músculos y los bíceps de los actores (se incide en ellos, de hecho), pero no la épica. Los impresionantes pasajes de Ulises están marcados por la culpa y la reflexión, por el peso de sus “hazañas” en su alma mortal. Sí, aquí Ulises vive un conflicto moral muy similar al que Nolan consiguió capturar en el protagonista de Oppenheimer.

Foto: Universal

Para Nolan, Ulises no es solo un guerrero legendario, un gran líder y un estratega mítico; también es el culpable de todas las muertes provocadas por sus decisiones. El recorrido que lleva desde el mítico general griego que ganó la guerra de Troya, gracias a la argucia del caballo; hasta el anciano que, diez años después, llega solo y como mendigo a su Reino de Ítaca, es poderoso, pero queda muy lejos de un relato épico. Es más bien un retrato de la caída a los infiernos y de la desmitificación de este gran hombre.

Quizá por eso funcione tan bien el apartado visual de la película. Rodada visiblemente en celuloide (como ya ocurría en Una batalla tras otra, por poner un gran ejemplo reciente) y con unas armaduras austeras y planas, La Odisea transmite realidad, carne y fuerza elemental. Los personajes, su fuego, su barro y sus golpes conviven con una aproximación a los mitos cercana al horror. En este aspecto (y sin querer entrar en spoiler más allá de lo popularmente conocido de la historia), brillan especialmente los encuentros con el cíclope, con Tiresias en la frontera del Inframundo y con la bruja Circe.

Ninja Theory / Xbox Game Studios

‘Hellblade: Senua’s Sacrifice’ recuerda a los momentos más mitológicos y fantásticos de ‘La Odisea’, que no han dejado mostrar a la prensa antes del estreno.

Si a algo recuerda estéticamente La Odisea no es a 300 ni a Furia de titanes(¡menos mal!), sino a la saga de videojuegos Hellblade, en la que una guerrera vikinga llamada Senua se adentraba en el inframundo nórdico en busca del alma de su amado mientras su cabeza, su psique, se rompía por el camino.

Ese viaje es también el que nos propone La Odisea: más cercano a una expiación interior que a un relato de aventuras, protagonizado por un explorador incansable y heroico. Quizá por eso, por el poder gravitacional de Ulises y su viaje, la película de Nolan flojea cuando se aleja de él, especialmente en los pasajes de Telémaco. Tom Holland, ya demasiado mayor para seguir haciendo de adolescente, pero incapaz de escapar de ese registro, sostiene a duras penas una trama que siempre parece un tropiezo… Hasta el final, cuando ambos mundos (el de Ulises y el de Telémaco) se reúnen por fin.

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Hablando de estos pasajes, no podemos decir que Nolan corrija con La Odisea su cacareado maltrato a los personajes femeninos. Las apariciones de la Calypso de Theron y de la Atenea de Zendaya son meramente anecdóticas, como también lo es la presencia de la inocente y traicionera sirvienta de Mia Goth. Con más peso, aunque no mucho más tiempo, podemos hablar de las apariciones de la Circe de Samantha Morton y, sobre todo, de la Penélope de Anne Hathaway.

Sin embargo, aquí también tenemos buenas noticias. Aunque el material de partida no era el mejor para hacer brillar a un personaje femenino, las actrices consiguen aprovechar al máximo sus minutos. Todo pasa, por supuesto, por una Hathaway que sostiene el lado «flojo» de la historia con pura potencia y rabia, dotando al personaje «que espera» de un espíritu activo sin dejar de resultar fiel al texto original.

Foto: Universal

No nos olvidamos de Elliot Page, muy lejos del papel de Aquiles que muchos tránsfobos se apresuraron a adjudicarle (para compararlo, de paso, con Brad Pitt) para alimentar las «acusaciones» de que la adaptación de Nolan sería woke. Su papel, también escaso, es el de un joven soldado que sirve primero como símbolo de lealtad y después como fantasma de la culpa para el propio Ulises. Y sí, Elliot Page es un actor más que adecuado para encarnar a este guerrero que tanto pesa en la conciencia de Ulises.

En contra de La Odisea juega precisamente su condición de adaptación casi perfecta y total, tanto por habilidad como por medios, de un relato tan clásico como fundacional. No estamos ante una obra que proponga una relectura distinta, otra aproximación que interpele, provoque o sorprenda. Estamos ante una película que seguramente se convertirá en la referencia a la que recurrir para conocer y disfrutar de una de las historias más esenciales de la humanidad, pero que muy probablemente no cambie ni la historia de su género, ni la del cine, ni la vida de sus espectadores. La Odisea es más un tributo al pasado que una propuesta para el futuro. El único que, en La Odisea, vive un viaje fundamental y transformador es el propio Ulises. Pero no seamos duros…, que La odisea, la película, no sea un antes y un después tal y como lo fue la obra en la que se basa, era algo inevitable.

No obstante, tratándose de Christopher Nolan, hay quién tenía esperanzas en que tras ese horizonte que tanto fija el rumbo de Ulises encontrásemos ese “algo más”. Pero es que al final todo se trató, desde el nacimiento de esta historia hace casi 3.000 años, de volver a casa.