Así se aprobó la Ley No Más Olé: la batalla política que cambió a Colombia

La Ley No Más Olé marcó un antes y un después en Colombia: tras décadas de intentos fallidos, el Congreso aprobó la prohibición de las corridas de toros.

Un cambio histórico que tomó 30 años de intentos. Foto: Pexels
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Por: Alejandro García Ríos

Lamentablemente, muchos conocemos las corridas de toros más de lo que nos gustaría admitir. Sabemos (o al menos hemos escuchado) lo que ocurre detrás de los estadios, donde, al fondo de la “diversión” y el espectáculo, también hay sangre, dolor y crueldad. Durante mucho tiempo se consideró un lujo, una tradición o una forma de entretenimiento, pero siempre a costa del sufrimiento de los animales. Hoy, con la Ley No Más Olé, ese capítulo empieza a quedar atrás.

Este cambio no nació de la nada. Se fue construyendo durante años. Primero con unos pocos que se atrevieron a cuestionar aquello que muchos aceptaban sin mirar demasiado. Luego, poco a poco, se sumaron más voces, más ciudadanos, más jóvenes que no estaban dispuestos a vivir en la ignorancia ni en la indiferencia.

Contra todo pronóstico, Colombia aprobó esta ley histórica, y esta es la historia de cómo se hizo realidad, contada a través de la mirada de Alejandro García Ríos, representante a la Cámara por la Circunscripción de Risaralda.

Corridas de Toro Ley Colombia
La Ley No Más Olé marcó el fin de una práctica que dividió al país por décadas. Foto: Cortesía

¿Cómo se vivió la votación decisiva en el Congreso?

En el Congreso se viven muchas frustraciones, pero también existen momentos que devuelven la esperanza y el sentido de estar aquí. Para mí, uno de los más importantes fue la aprobación de la ley No Más Olé, que prohíbe las corridas de toros en Colombia.

En medio de todo eso se dieron gestos humanos que no olvidaré. Un congresista de un partido de ideología conservadora me dijo que se apartaba de la instrucción del presidente de su partido y votaría a favor porque se lo había prometido a su esposa, recientemente fallecida, que siempre soñó con ver esta ley hecha realidad.

Una colega, muy enferma, llegó con doble tapabocas, con gripe y fiebre, pero con la convicción de votar, sabiendo que cada voto era decisivo. Fue en esos momentos donde supe que podíamos lograrlo.

¿Qué papel jugaron los activistas y quienes impulsaron la causa durante décadas?

No estábamos solos. Ahí estaban la senadora Esmeralda Hernández y el representante Juan Carlos Losada, que llevaban años empujando esta causa. Y estaban también los activistas que, durante décadas, insistieron contra todo pronóstico, recordándonos que valía la pena dar esta pelea, dando ánimo de seguir, inspirándonos como ejemplo de resiliencia.

Siempre recordaré la carta de Gabriela, una niña de 12 años, que siempre estuvo allí dándonos apoyo en compañía de su madre, Patricia Riveros. Los toritos Valentino, Toribio y Abelardo. El sticker de Carlos Crespo de sus primeras luchas y la convicción y apoyo de Eduardo Peña, Yani Mateus, Julián Coy y tantos otros. Ellos fueron combustible para tener energía en la lucha que nos correspondía dar en el Congreso.

Ley Olé
Una decisión que representa un avance en civilización, compasión y respeto por la vida. Foto: Cortesía

¿Qué representa la prohibición de las corridas de toros para la cultura y la civilización del país?

Sacar a Colombia de ese listado de solo ocho países del mundo que aún permitían estas prácticas fue un gran reto, incluso personal. Cuando se aprobó la ley, sentí en carne propia lo que escribió Estanislao Zuleta en Elogio de la dificultad porque sí, esta victoria fue dura, pero profundamente significativa.

En un país que ha derramado tanta sangre, aprender a no divertirse con la de un animal es también un signo de civilización. Porque el verdadero grado de humanidad se mide en cómo tratamos a los más indefensos. Ahora iniciaban los tres años para la reconversión económica y laboral, y la transformación de las plazas para ser un espacio de encuentro para conciertos, para la cultura, para la vida.

Lo más valioso —y lo digo con orgullo— es que fue el Congreso quien dio este paso histórico. Durante años, los grandes cambios culturales de nuestro país habían llegado por la vía de la Corte Constitucional: la dosis mínima, la eutanasia, el matrimonio igualitario. Esta vez fue distinto: fue el Congreso quien escuchó el clamor ciudadano y se atrevió a transformar.

La ley fue aprobada, luego demandada, y la Corte Constitucional no solo nos dio la razón, sino que extendió la prohibición a corralejas y peleas de gallos.

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Una ley que reescribe la relación de Colombia con la vida, la cultura y la empatía. Foto: Pexels

La votación final, el camino a la victoria

Ese día, cuando golpeé el atril anunciando la votación final, sentí un nudo en la garganta. Valió el esfuerzo y el cansancio por superar cada intento de hundir el debate. Valió la pena porque cambiamos algo de fondo en este país. Por eso, cuando pienso en esta ley, vuelvo a la frase que me dijo un activista veterano con lágrimas en los ojos: «Lo logramos. Después de treinta años, lo logramos».

Y sí, lo logramos. Y yo todavía me emociono al recordarlo.