La historia de Luis Alfonso no se cuenta únicamente a través de los escenarios llenos o las canciones virales, sino también en los silencios de la casa, en los caballos, en el sancocho familiar y en la certeza de que el éxito solamente tiene sentido cuando se comparte con quienes han estado desde el principio.
Por Damián Torres
Así, al recordar a aquel muchacho humilde que soñaba con salir adelante, nos habla sobre el papel fundamental de su esposa y sus hijos, las lecciones que le dejaron los excesos y su forma de entender la música regional popular colombiana como un espacio de encuentro, más que de competencia. Al mismo tiempo, se reconoce como un hombre de fe, “contentoso” y convencido de que el verdadero legado no está únicamente en las canciones, sino en la manera de vivir: una en la que la autenticidad pesa más que la fama.

La historia de Luis Alfonso contada por él mismo
Lo qué me iba a imaginar todo esto. He recibido muchos milagros y muchas bendiciones. Me siento muy afortunado por todo lo que he logrado de la mano de Dios, de mi familia y mi equipo.
La verdad, siempre he estado rodeado de mi familia y de mi equipo de trabajo, que me han ayudado a mantener los pies en la tierra; pero yo soy un muchacho humilde, que viene de abajo, entonces ese cuento no me lo creo. Yo lo que siento es que la gente nos quiere mucho y eso lo agradezco.
Sigo siendo el mismo pelado soñador, echado para adelante. Para mí lo más importante es mi familia: es mi pilar y mi mundo. Mis tres hijos y mi esposita son todo para mí. Me gusta disfrutar de las cosas que no puedo siempre por mi trabajo: montar a caballo, hacer un sancochito, jugar con mis hijos, ver películas con ellos, llevarlos al colegio, lo que hace un papá en su vida cotidiana.
Me costó entender que mi trabajo era con lo que otros se entretenían y disfrutaban, y el licor casi me cuesta mi matrimonio; pero mi esposita Luisa es un ángel en la Tierra y un día me dijo que si yo seguía así, ella no sería capaz de continuar conmigo. Eso me abrió los ojos y me ayudó a organizar y entender cuáles eran mis prioridades. Ahora, en un show, no tomo: paso con agua y suero para mantenerme. Y si me quiero enfiestar lo hago en mi casa con mi familia.
Soy un enamorado de las mujeres, y uno aprende a convertir esos sentimientos en arte. No siempre es necesario estar viviendo los despechos para poder plasmarlos. No solo le canto al desamor, también le canto al amor, a la belleza, a la vida, a la envidia, a mis raíces montañeras.
El maestro Vicente Fernández y el señor Darío Gómez: para mí, esos dos señores son pioneros en el género de México y Colombia, respectivamente. Los admiro, los sigo, y me gustaría haber tenido la oportunidad de conocer a don Vicente y compartir más con don Darío, invitarlos a un sancochito, hablar de la vida, de la música.
Siempre he dicho que la música no es para competir sino para compartir. Con ninguno de mis coleguitas me he confrontado y no siento que vaya a hacerlo. Me llevo bien con todos y entre todos nos apoyamos. De pronto habrá a quienes la confrontación en redes les funcione, pero ese no es mi camino. Yo busco dejar un legado bonito y no que digan “ese man tan grosero o tan peleador”.
Procuro junto con mi equipo hacer canciones y videos limpios. Soy padre de familia y mi regla para hacer mi música es que mis hijos puedan ver y escuchar mis videos y mis canciones, entonces sí soy muy meticuloso con eso. Si de pronto algo está subido de tono y siento que mis hijos no deberían escucharlo o verlo, se cambia por algo que sea apto para ellos. Además, gran parte de mi público también son los niños, y yo soy consciente de eso.
Mi equipo y yo no nos forzamos a nada. Simplemente lo que se transmite es lo real que se vive en el día a día. Soy una persona muy alegre, me gusta molestar a la gente, sentirme cercano, entonces el contenido en redes se hace de manera orgánica. Procuramos no mostrar espacios que de pronto no se deban, como mi intimidad con mi familia o la creación de música, porque al filtrarse nos traería problemas, reuniones de temas exclusivos, etcétera.
Para mí no hay fracasos, todo ha sido crecimiento y oportunidad en mi vida. La he luchado, pero nunca me he visto como una víctima. Soy un bendecido de Dios por todo lo que me ha dado, todos esos “no” que alguna vez recibí fueron la gasolinita para que con más ganas siguiera luchando por los sueños.
Solo quiero ser un buen artista, también quiero ser una buena persona. Le pido siempre a Dios y a las almas del purgatorio que me iluminen en el camino, que me muestren siempre por dónde seguir.
