Luis Vegas: una voz para las historias que no siempre encuentran quién las cuente

De Venezuela a México: la trayectoria del actor que lleva su identidad migrante al centro de su trabajo escénico.

Hay actores que buscan el papel perfecto y hay actores que buscan el papel que los hace querer decir algo. Luis Vegas pertenece al segundo grupo. Con una trayectoria que combina cerca de treinta montajes teatrales entre Venezuela y México, apariciones en series como ‘Bandidos’ y ‘Rosario Tijeras’, y películas como ‘Los Demonios del Amanecer’, Vegas se ha construido un lugar propio en la escena actoral latinoamericana sin dejar de lado su identidad como migrante venezolano.

Desde el proceso detrás de Malandrito, su unipersonal sobre la crisis migratoria venezolana escrito junto al dramaturgo mexicano Juan Carlos Franco, hasta su experiencia trabajando con el reconocido director Julián Hernández, Vegas habla sobre lo que realmente lo mueve a la hora de elegir un personaje, y sobre cómo ha aprendido a ya no perseguir la fama, sino perseguir el corazón de las historias que cuenta.

¿Qué buscas hoy en día en un personaje antes de decidir si lo vas a interpretar o no?

Luis Vegas: ‘Creo que inicialmente busco que me convoque creativamente, o sea, que me resuene, que genere en mí preguntas y cuestionamientos, y que me plantee retos y desafíos. Y creo que, en segundo término, me interesa mucho, desde la actuación, desde el arte de interpretar, establecer un vínculo con el espectador. Me interesa que el espectador se sacuda, se estremezca, que genere pensamientos críticos, distintas posturas. Creo que eso también es algo que viene muy cargado en lo que me gusta embarcarme.

Pero de principio, creo que esas son las dos cosas más importantes: primero, que encienda algo en mí internamente que diga «esto definitivamente me llama, me atrae». Y después, siento que también es muy importante la cuestión del espectador: qué carga política tiene eso, qué carga social tiene, de qué manera puede resonar en la audiencia.

Hablando del tema de Malandrito, ¿qué cambia en ti cuando estás detrás de la historia, cuando tienes que poner tu cuerpo y tu voz al servicio de la visión del proyecto?

Luis Vegas: ‘Bueno, particularmente Malandrito es un proceso muy particular, muy específico, porque es una obra que escribo yo también en colaboración con un dramaturgo mexicano. Lo que yo necesitaba poner en escena era la crisis migratoria que viene sucediendo, por lo menos con Sudamérica, específicamente con Venezuela. Yo soy venezolano. Desde hace por lo menos unos 15 años hay una ola migratoria fuerte de exilio, y saberme parte de eso me generaba una agonía, incluso, saber que había una problemática tan fuerte que me había tocado a mí, que le ha tocado a tantos millones de personas, y que yo no estaba haciendo nada.

En ese sentido, creo que poner el cuerpo y la voz en un discurso que pondera una situación humanitaria urgente y pertinente me hace sentir, de alguna u otra manera, como un artista responsable. Como un creador escénico que está atento también a las problemáticas contemporáneas, y que más allá de estar en una serie increíble o estar haciendo películas, lo que generaba en mí era preguntarme dónde estoy parado yo, cuál es mi discurso, qué es lo que tengo que decir, qué es lo que tengo que compartir con el mundo. De ahí nace un poco ese proyecto en particular, y no había otro motor más singular para mí que la crisis misma, y que yo necesitaba poner mi cuerpo ahí también.’

Hablando de Los demonios del Amanecer, ¿qué te atrajo del personaje que interpretas o qué descubriste de ti mismo al interpretarlo?

Luis Vegas: ‘Sí, descubrí un montón de cosas. De principio porque siento, y sigo sintiendo, que el personaje es bastante cercano a mí en cuanto a la aspiración de lograr tantas cosas, de conseguir un lugar en el mundo, de establecerte tal cual como un creador escénico que haga cosas, que genere controversia en la audiencia, en el público, que sea visto. Siento que eso en algún momento sí fue mi sueño, y que consecuentemente se ha ido logrando. Pero las cosas van cambiando, y con el tiempo también me doy cuenta de que mis intereses ya son otros.

Creo que esta proyección de un mañana próspero como artista es muy de la juventud, y aferrarnos a eso, ilusionarnos, y cuando hay un tropiezo, un obstáculo, sentir que somos un fracaso total, siento que es algo que habita mucho en Orlando, mi personaje, y que en algún momento yo me encontré mucho ahí. Por otro lado, la película trajo consigo aprendizajes tremendamente importantes para mí, porque es un cine muy minucioso, muy detallado, muy técnico. Hay un universo ahí discursivo, pero también narrativo, que me hizo conectar directamente con eso y sentir que necesito darle voz a esto. Esto me llama por la danza, me llama por lo escénico, me llama por la visión de un cine distinto, muy distinto al que se hace comercialmente.’

Esta cinta ha recorrido muchos festivales importantes. ¿Qué significa para ti que esta historia tan íntima llegue a públicos y contextos culturales distintos?

‘Creo que significa un montón de cosas. De principio, saber que lo que se produce en México de esta manera, llamémosle íntima, en la propia calidad del producto, pero también como cine independiente, y en ese tenor pensar «nos están viendo en Ámsterdam, nos están viendo en Tokio, nos están viendo en Berlín», me hace sentir orgulloso de ser parte de la gente que hace cine mexicano. Ese cine mexicano que a lo mejor hacemos desde una labor tan titánica, tan ardua y tan complicada, que finalmente pueda ser visto y ver la luz, no solo aquí, sino en todos los continentes, es un mérito importante.

Un mérito que no solo es mi trabajo, sino el de un montón de gente que trabaja de manera increíble y profesional, y que podría estar haciendo el mejor cine de la mejor calidad en cualquier parte del mundo, y saber que eso lo estamos construyendo en México. No solo lo construimos aquí, sino que estamos trayendo historias mexicanas, estamos viendo la Ciudad de México, estamos viendo a las personas que la habitamos, no estamos en la ilusión de un México que no existe, que eso también pasa mucho en el cine, en la representación y en el streaming. Eso es real, son nuestras calles, nuestros olores, nuestra música, todo eso está ahí. Saberme parte de ese producto que se exporta hacia afuera, cuando otras cosas que también se producen confunden lo que puede ser México y su gente, es lo que más me enorgullece.’

¿Qué tan importante ha sido para ti elegir personajes que se salgan o desafíen las etiquetas que muchas veces impone la industria?

‘Sí, yo creería que hay algo de suerte también, porque esos personajes etiquetados no han dejado de estar ahí presentes para mí, porque mucha gente sí piensa que eso es lo que yo puedo dar, o lo único a lo que estoy destinado a interpretar, y siento que eso es un problema desde arriba, desde una industria y desde personas que me ven, o que pueden ver a otros compañeros, y deciden «tú vas para acá, tú entras en este saco». Fuera de eso, también he tenido el privilegio de trabajar hasta ahora con directores que me han colocado en otro lugar, que sí me consideran para personajes de cualquier índole, no solamente lo que pueda dar por mis rasgos fenotípicos o mi piel, sino que he tenido la oportunidad de que gente me haya visto y me diga «oye, creo que funcionarías muy bien para esto», y esa ha sido también mi fortuna.

Digo suerte porque reconozco que no es lo más habitual, porque estamos dentro de una industria que sí categoriza a partir de cómo te escuches, de cómo te veas, de dónde vengas, de tu contexto, y te van segmentando. Pero creo que en mi caso sí he tenido muchísima gente que ha confiado en mí para darle color a otras cosas.’

Trabajaste con Julián Hernández, un director con una mirada muy particular sobre el deseo, la intimidad y las relaciones humanas. ¿Qué aprendiste de él durante el rodaje y cómo influyó en tu actuación?

‘Sí, he aprendido un montón de cosas, porque con Julián no he dejado de trabajar, desde que lo conocí hace cuatro años no hemos dejado de hacer cosas; el año pasado hicimos otra película que está a punto de terminar su proceso de postproducción. Creo que es definitivamente un súper maestro para mí, es con quien he entendido el cine de una manera mucho más íntima, mucho más introspectiva; entender que la actuación no siempre es la ilustración gestual de lo que le está pasando al personaje, sino que podemos encontrar otros caminos que revelen lo que le puede estar ocurriendo, qué es lo que le afecta.

Siento que eso es lo que he aprendido con él, como si miráramos, como espectadores, con una lupa los ojos del personaje y dijéramos «está en medio de un proceso de incertidumbre, de duda, porque acaba de venir de aquí», y como no escuchamos tal cual lo que siente, entonces tenemos que descifrarlo. Ha sido de las cosas más provechosas e interesantes de mi colaboración con él: entender que es un cine de sensaciones, dejarte afectar por el lenguaje de la cámara, por el trabajo actoral, por la iluminación, por la música. Hay un montón de cosas que están ahí acompañando al actor, y que se vuelve en un tránsito mucho más sensitivo que cifrado, que nombrado, que verbalizado.’

Si pudieras sentarte hoy con el Luis de hace un par de años, cuando estaba iniciando su carrera actoral, ¿qué consejo le darías?

‘Creo que le diría que se sorprendería mucho de cómo cambia la perspectiva, que lo que él creía en ese entonces que era importante, es lo menos importante. Yo antes creía que si estaba en todas las obras posibles, o me quedaba en todos los proyectos posibles, eso iba a ser significante, y ahora siento que no. Ahora lo que siento es que tengo que encontrar primero dónde está un corazón ahí palpitante, que se asocie también conmigo, con mi historia y con las personas involucradas, y esa es la recompensa más grande: saber que me subo a un barco con un montón de gente, y vamos con la intención de llegar hacia un mismo destino, y eso es con lo que me quedo.

Ya no me importa mucho si me vuelvo tendencia, o si la gente me ubica por todos lados; lo que me importa es que, por lo menos en una persona, generar que le pasen cosas. Ese es mi regalo ahora. Saber que soy parte de un ejército de gente muy comprometida con el arte, muy comprometida con los problemas actuales, muy comprometida con poner un discurso en una pieza artística que genere cosas. Eso es lo que le diría: te vas a dar cuenta de que estás un poquito perdido, pero ese norte va a llegar conforme vayan pasando los años, y vayas encontrando dónde están los verdaderos tesoros.’

Luis Vesga ha sabido transformarse en cada proyecto, como una ciudad que ha visto crecer carreras y también ha recorrido caminos difíciles, pero que siempre ha llevado el corazón en sus raíces. Ese mismo amor por quién es y de dónde viene lo ha llevado a hacer arte con sentimiento, sensibilidad, compasión y propósito: un tipo de arte que invita a la reflexión a través del entretenimiento y que lleva las historias de quienes no pueden contarlas a los oídos de las grandes audiencias.

Uno de los talentos latinos más destacados de los últimos años, sin duda. Un nombre que no debemos perder de vista mientras seguimos de cerca su ascenso, que seguramente apenas comienza.

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