¿Por qué Wicked: For Good está siendo ignorada en la temporada de premios?

La conclusión de 'Wicked: For Good' se erige como un manifiesto de notable carga política que, camuflado en una narrativa visual pop, aprovecha su tramo final para exponer la manipulación mediática y el control estatal en un Oz que espeja nuestra realidad actual.

Cynthia Erivo como Elphaba y Ariana Grande como Glinda. Foto: Instagram @wickedmovie.
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El fenómeno cinematográfico del año ha llegado a su clímax, pero no sin controversia. Mientras las salas de cine en Colombia se llenan para presenciar el desenlace de la historia de Oz, ‘Wicked: For Good’, a pesar de contar con el estelar protagonismo de Ariana Grande y Cynthia Erivo, y de haber dominado la conversación digital durante meses, la segunda parte del musical parece estar enfrentando una resistencia silenciosa en ciertos sectores que la tildan de ‘innecesaria’ o ‘menos épica’ que su antecesora.

Esta entrega, que funciona como la conclusión épica del viaje de Elphaba y Glinda, se ha topado con el estigma de las ‘secuelas divididas’. Sin embargo, para muchos defensores del filme, esta no es solo una película más, sino un imperfecto caballo de Troya que utiliza la estética pop para filtrar mensajes políticos y sociales de una vigencia inquietante en 2026. A continuación, desglosamos las razones detrás de este fenómeno y la compleja estructura que sostiene a los musicales modernos.

Ariana Grande
Ariana Grande como Glinda. Foto: Instagram @arianagrande.

Cómo funcionan los musicales: ¿Por qué siempre es peor el segundo acto?

Existe una ‘verdad universal’ en Broadway que parece haberse trasladado a la gran pantalla con esta producción. Al analizar cómo funcionan los musicales, muchos expertos coinciden en una tendencia estructural: el segundo acto suele percibirse como inferior. Pero, ¿a qué se debe esto?

El fenómeno de la pérdida de la novedad se manifiesta principalmente en el primer acto, el cual se encarga de abrir tramas y presentar personajes para prometer un horizonte de posibilidades cargado de euforia y descubrimiento. No obstante, el segundo acto, que en este caso abarca la totalidad de la película ‘Wicked: For Good’, asume la ingrata tarea de cerrar conflictos, lo que irremediablemente implica sacrificar la alegría de lo desconocido por la melancolía de las consecuencias.

A esto se suma la ausencia de ‘Showstoppers’ tras haber quemado su cartucho más potente, ‘Defying Gravity’, al final de la primera entrega, dejando a la secuela sin las canciones enérgicas que tradicionalmente elevan el ánimo del público antes del cierre. Finalmente, la transición hacia un tono más íntimo y oscuro, que sustituye la explosión de color y comedia inicial por una narrativa pausada y reflexiva, puede resultar lúgubre y terminar alienando a quienes buscan un entretenimiento ligero.

¿Qué pasó en Wicked 2 y por qué es un espejo de la realidad actual?

La trama de esta entrega retoma la historia exactamente donde quedó: con Elphaba (Cynthia Erivo) convertida en la ‘Bruja Mala’ y Glinda (Ariana Grande) ascendiendo como la figura pública de Oz. Pero bajo la dirección de Jon M. Chu, la película se aleja de la estética escolar de Shiz para adentrarse en un purgatorio político.

La película narra cómo el Mago de Oz (Jeff Goldblum) utiliza un aparato de propaganda totalitaria para deshumanizar a los animales y convertir a Elphaba en el enemigo público número uno. Es una historia sobre la desinformación y cómo una nación puede ser convencida de que la opresión es necesaria para mantener la paz. En este contexto, la ‘Bruja Buena’ no es más que una fabricación de marketing para mantener complacido al pueblo, una idea inquietantemente actual en 2026.

Cynthia Erivo
Cynthia Erivo como Elphaba. Foto: Instagram @cynthiaerivo.

¿Es lo que hubiese querido Elphaba? El mensaje político de For Good

Si analizamos el núcleo de la historia, esta secuela es mucho más fiel al espíritu de la novela de Gregory Maguire que a la versión edulcorada de Broadway. Es lo que hubiese querido Elphaba: una narrativa que no se calla ante la tiranía.

La película funciona como una crítica al ‘poptimismo’ y a la inactividad de las superestrellas ante las injusticias. Glinda representa a esa figura de poder que prefiere ‘ponerse de perfil’, mientras que Elphaba acepta el exilio y el odio público con tal de no traicionar su verdad. Este enfoque radical es, quizás, la razón por la que algunos sectores prefieren ignorar el mensaje de la película y centrarse solo en los récords de taquilla de Ariana Grande y Cynthia Erivo.

Ariana Grande
Ariana Grande como Glinda y Jonathan Bailey como Fiyero. Foto: Instagram @wickedmovie.

A pesar de los problemas de sobrecarga digital y un montaje por momentos errático, Wicked: For Good es una película más valiente. No se queda en la superficie; se atreve a pinchar su propia burbuja de fantasía para exponer una necesidad de acción.

Es un caballo de Troya perfecto: atrae a las masas con sus estrellas pop y su diseño de producción exuberante, pero les entrega una historia sobre la resistencia ante el fascismo y la manipulación de las masas. Quienes dicen que es peor por ser ‘lenta’ o ‘triste’ quizás están ignorando que la verdadera magia de esta entrega no está en las luces, sino en las sombras del cierre de un musical donde la amistad se convierte en una alegoría política necesaria para el mundo de hoy.