Sebastián Mejía Uribe, mejor conocido como Tatán Mejía, es uno de los nombres que definieron el freestyle motocrossen Colombia. A lo largo de su carrera ha llevado este deporte a lo más alto del continente, con un título sudamericano obtenido en Ecuador y un subcampeonato latinoamericano en Chile. Su trayectoria lo ha convertido no solo en el referente de la disciplina en su país, sino también en una de las figuras más reconocidas del motocross freestyle en Latinoamérica.
Si la vida de Tatán tuviera una apertura cinematográfica, no empezaría con un estadio ni con una rampa, sino con un niño tímido, de esos a los que “no se espera mucho”, como él mismo lo dice: ‘No sería la persona a la cual la gente le estuviera apostando que va a triunfar en algo’. Hay una verdad incómoda en esa imagen: la fe social suele ser selectiva.
Por: Nancy Estrada
Quién es Tatán Mejía: la historia del niño al que nadie apostaba por su éxito
En su colegio, Tatán no ocupaba los lugares que el imaginario popular reserva para los “que van a ser alguien”: ‘Yo no fui el mejor estudiante ni el más popular’, recuerda, y suelta una frase que en Colombia se entiende sin subtítulos: ‘Cuando no juegas fútbol y no sabes de matemáticas, en teoría no vas a ser nadie en la vida’.
A esa edad, además, su cabeza ya iba a otra velocidad: ‘Tengo un TDAH… y en ese momento no se hablaba de ese tema, no se sabía nada, entonces era visto como un bicho raro que no iba a servir para nada’. No hay autocompasión en su relato; hay precisión. Como si estuviera señalando el punto exacto donde la narrativa pudo romperse y, sin embargo, no lo hizo.
La moto apareció como aparecen las cosas serias: sin pedir permiso. ‘Hasta que encontré la moto, [encontré] el deporte y supe que era muy, muy, muy bueno en este cuento’, comparte. Y entonces llegó esa primera evidencia física de destino: ‘La primera vez que salté una rampa quedé segundo’. A veces, una sola escena basta para que el cuerpo entienda lo que la sociedad no supo leer.

Tatán Mejía y la motivación detrás de su éxito: cómo la crítica se convirtió en impulso
En Latinoamérica, escoger un deporte extremo no solo implica elegir una disciplina: es asumir la incomprensión como paisaje. Tatán lo narra con nombre propio y memoria intacta: ‘Tuve una profesora de Castellano que me dijo que me pusiera a estudiar si yo creía que iba a vivir de las motos… ‘Si crees que vas a vivir de las motos, póngase a leer mejor’.
Esa frase (que podría sonar a regaño común) se convirtió en un punto de quiebre. Porque hay comentarios que, sin quererlo, construyen una personalidad entera. Tatán lo reconoce sin filtro: ‘Es frustrante, pero también es motivador. Yo siento profundamente que uno logra más cosas desde la rabia que desde el amor’. Luego explica su teoría con una crudeza que no busca agradar, sino contar verdad: ‘Creo que el amor es muy permisivo. La rabia y el dolor te invitan a hacerlo muy duro y a levantarte muy temprano y a trabajar más que el resto’.
En su mundo, la rabia no es resentimiento; es una herramienta de enfoque. Un músculo psicológico. Lo interesante no es la rabia en sí, sino lo que hace con ella: ‘Ese fue como el primer escalón donde me dijeron que no podía. Lo utilicé a la vuelta para demostrar que sí podía’. Hay una frase implícita detrás: si el mundo te da una etiqueta, puedes quedarte con ella o convertirla en combustible. Tatán eligió lo segundo.
Tatán Mejía y el freestyle motocross en Colombia: cómo se convirtió en pionero del deporte
Hay una dimensión del pionero que pocas veces se cuenta: la soledad de explicarle al mundo lo que todavía no entiende. Tatán lo vivió así: ‘Me costó entender que era el primero en Colombia. Me costó darle a entender a la gente que no conocía el deporte, que había un deporte’. No era solo competir; era traducir a marcas, a medios, al público:
‘Me costó hablar con las marcas… Aquí hay un deporte extremo. No es que yo sea un payaso, sino que es, de verdad, un deporte profesional’. En esa frase hay orgullo, pero también cansancio. Porque cuando un deporte es joven en un país, el atleta termina siendo embajador, pedagogo, productor y atleta, todo a la vez.
Y aun así, Tatán encontró escenarios que confirmaban que el esfuerzo no era local: ‘Tuve la oportunidad de saltar en la Diana Cazadora en México, cerraron Avenida Reforma. Yo solo, un colombiano’. No es una anécdota turística: es una certificación. En el fondo, Tatán estaba diciendo: “sí, esto que hago existe” y “sí, puede poner a un país en el mapa”.

El miedo en el freestyle motocross: cómo Tatán Mejía lo usa como herramienta para competir
Hay deportistas que venden la ausencia de miedo como una virtud. Tatán va por otro camino: ‘Lo uso’, responde cuando se le pregunta qué hace con el miedo antes de un salto. Su definición es tan simple como contundente:
‘El miedo es una herramienta súper poderosa, es lo que te mantiene vivo y te dice: “no hagamos más de la cuenta porque nos matamos”’. En un país donde a veces se aplaude el exceso y se confunde valentía con imprudencia, esa claridad es casi contracultural.
Tatán diferencia el miedo “bueno” del miedo “malo” con lógica de atleta: ‘Hay miedo cuando no estás tan bien preparado y ese miedo uno tiene que oírlo’. No romantiza la intuición: la convierte en diagnóstico. ‘Es tu cuerpo el que te está hablando, [diciéndote] que no estás preparado para eso’, afirma. Y cuando sí hay preparación, el miedo cambia de forma. Ese matiz es clave: el objetivo no es vivir sin miedo, sino entrenar lo suficiente para que el miedo deje de ser una alarma roja y se convierta en un recordatorio de respeto.
Por eso su método incluye algo que muchos no ven: invertir en seguridad como parte de la disciplina: ‘Para que no tuviera miedo, tenía que entrenar más duro, tener mejores herramientas, mejores motos, invertir en todo lo que pudiera evitar un accidente’. En su mundo, la valentía no es saltar igual; es prepararse mejor.
La vida de Tatán Mejía fuera de las motos: libros, televisión, automovilismo y nuevos retos
Sería fácil reducir a Tatán a su casco. Pero su carrera se ha negado a ser lineal: ‘Ha sido tan bonito… porque no ha sido solamente en la moto’. A los 41, enumera su propio “imposible” como quien enumera rutas: ‘Escribí un libro bestseller; he protagonizado dos películas, quedé segundo en MasterChef, presenté un reality, competí en automovilismo y gané’.
No lo dice para alardear, sino para explicar un principio: la mentalidad del atleta es transferible. ‘Toda esta trayectoria te muestra las herramientas para alcanzar las metas que quieras, solo hay que trabajar más duro que el resto, entrenar “un poquitico más”’ confirma.
La frase “un poquitico más” se repite como mantra. No habla de genialidad; habla de ventaja acumulada. Ese “poquitico” es el verdadero lujo competitivo: la hora extra, la repetición extra, la decisión incómoda. Y aquí aparece un detalle precioso, íntimo: entre metas públicas y logros masivos, Tatán nombra uno que no cabe en trofeos:
‘En este momento montar en moto con mi hija es un sueño, de los más motivadores’. Lo llama “cliché”, pero lo dice con la convicción de quien ya entendió que el cliché, a veces, es solo una verdad que la gente repite porque funciona. Su curiosidad actual lo confirma: ‘Estoy en un curso de navegación, para navegar en un velero. Vivo en una montaña y lo quiero hacer’. No es capricho, sino filosofía: ‘Me inspira salirme de la comodidad, estar incómodo’. Y lo resume con una propuesta que parece reto anual: ‘Hagamos algo que creamos que no podemos’.

La vida personal de Tatán Mejía hoy: familia, tranquilidad y nuevas prioridades
Con millones de seguidores y estatus de referencia, Tatán sabe que la influencia no se elige, se administra: ‘Te guste o no, estás motivando a una nueva generación y tienes la responsabilidad de que esa nueva generación sea mejor que tú’.
Esa responsabilidad, en su caso, se traduce en decisiones que entendemos bien en términos de estilo de vida: lo que consumes, lo que te permites, lo que te quitas. ‘Yo soy una persona que no toma trago ni está de fiesta. Encontré mi motivación en otros lados porque siento que ser uno más es ser uno menos’, describe.
Y luego llega la parte que revela al Tatán adulto, el que ya no necesita demostrar todo el tiempo: ‘Me niego a negociar mi tranquilidad y mi tiempo’. Lo dice como sentencia: ‘Que me quiten mi tranquilidad por la necesidad de una marca, es un no rotundo’.
Hay un giro interesante aquí: el hombre que vivió para el público decide, conscientemente, bajarle el volumen al ruido. ‘Ya le dediqué toda una vida al público… ahorita me quiero dedicar tiempo a mí’, afirma. En un mundo donde “más” siempre parece mejor, Tatán está defendiendo el derecho a que la meta deje de correrse. Y eso es exactamente lo que está haciendo hoy:
‘Me estoy regalando tiempo y me estoy regalando libertad, estoy compartiendo con mis niñas y con mi esposa’. Como si el verdadero podio fuera el sofá de la casa, el trayecto de colegio, la tarde sin pantalla.
La conversación con Tatán Mejía se desarrolla con mayor profundidad en las páginas de la versión impresa de Esquire Colombia de febrero-marzo de 2026. En ella, el piloto habla sobre los momentos determinantes que marcaron su carrera y su vida personal, comparte algunos de los consejos que lo han guiado fuera de la pista y reflexiona sobre su visión del mundo.
Sus palabras se convierten también en una guía para las nuevas generaciones que buscan abrirse camino, recordándonos por qué Tatán es una de las figuras más influyentes del deporte en Colombia, alguien cuya historia vale la pena seguir más allá de la moto.
