Más allá de la alfombra roja, su presencia en el desfile milanés junto a Stanley Tucci y la enigmática figura de Anna Wintour encendió un diálogo directo entre Hollywood y la industria editorial, reivindicando a The Devil Wears Prada como un clásico atemporal.
El sábado 27 de septiembre de 2025, durante la Semana de la Moda de Milán, algo distinto ocurrió en el desfile de Dolce & Gabbana: Meryl Streep, en el papel de Miranda Priestly, asistió al show mientras se rodaban escenas para The Devil Wears Prada 2.
Streep estaba acompañada por Stanley Tucci, que retoma su rol como Nigel Kipling, y ambos ocuparon la primera fila. Frente a ellos estaba Anna Wintour, histórica inspiración del personaje de Priestly.
La colección presentada por Dolce & Gabbana, titulada PJ Obsession, incluyó piezas que mezclan ropa de noche y atuendos más íntimos: pijamas masculinos con cristales o bordados, lencería de encaje, chaquetas de cuero y brocado, bolsos de piel sintética tipo peluche, stilettos, pantuflas, y combinaciones con calcetines a media pierna.
Según declaraciones del despacho de prensa de Dolce & Gabbana, las tomas que incluyen a Streep y Tucci forman parte del rodaje en Milán para la segunda parte de la película.
Streep vistió un trench de vinilo firmado por Dolce & Gabbana, gafas oscuras típicas de Priestly, y atuendo que remite directamente al personaje que la hizo famosa en 2006. Tucci eligió un traje clásico de tres piezas, que refuerza la estética editorial que Nigel representaba en la cinta original.
Anna Wintour estaba presente para ver la colección PJ Obsession. Aunque no formará parte del elenco de la película según declaraciones recientes de Entertainment Weekly, su figura estuvo ahí ante los flashes, ante la cámara, como un referente real sobre el que se construyó el personaje de Priestly.
La propuesta de Dolce & Gabbana juega con límites entre lo privado y lo público. Pijamas de hombre convertidos en prendas exteriores, transparencias y lencería visibles, uso de texturas mixtas como cuero, brocado y peluches, contrastes entre fragilidad y fuerza. Esa dualidad acompaña el concepto visual que el desfile se propone.
La ambientación incluyó música de Patty Pravo, lo que aporta un matiz local e italiano al evento, que ya de por sí tenía carga simbólica por involucrar a figuras del cine, de la moda editorial y la producción cinematográfica moderna.
Lo que significa este encuentro
- Convergencia entre moda y cine
Este desfile no es solo una presentación comercial, sino parte del rodaje de una película que tiene un lugar especial en la cultura de la moda. Que escenas de The Devil Wears Prada 2 se graben dentro de un desfile real muestra cómo las fronteras entre experiencia estética, entretenimiento y moda institucional se están mezclando más que nunca. - Simbolismo de los personajes reales versus los ficticios
Meryl Streep en el papel de Miranda Priestly junto a Tucci como Nigel revisita roles que ya formaban parte del imaginario colectivo. Anna Wintour, como persona real, añade una dimensión de referencia histórica: su influencia fue clave para la novela original de Lauren Weisberger, y se le reconoce como inspiración del personaje. - Visibilidad mediática y repercusión
Las imágenes generadas tuvieron rápida difusión. Fotografías, clips en redes sociales, medios de entretenimiento describiendo el evento como parte del rodaje: todo eso convierte la pasarela en contenido, no solo para asistentes, sino para una audiencia global. - Relevancia de The Devil Wears Prada hoy
La cinta original (2006) permanecía como referencia para hablar de edición de moda, liderazgo femenino, exigencia en el ambiente editorial, y sobre la cultura del lujo. Que su secuela utilice elementos reales del circuito de la moda para filmar aporta verosimilitud y refuerza la vigencia del tema.
Cuando The Devil Wears Prada estrenó hace casi veinte años, su fuerza residía en revelar al público lo que sucede detrás de las portadas de revista, lo que implica editar, decidir, imponer estándares. Lo que vimos en Milán no es mera evocación, es extensión de esa narrativa. Meryl Streep y Stanley Tucci no solo retomaron roles. La pasarela de Dolce & Gabbana se convirtió también en set de cine. Anna Wintour fue parte del decorado y del mito mismo.
Este tipo de momentos confirman que la moda actual vive también de escenas que combinan diseño y cine, donde los límites entre personaje y persona se vuelven útiles. Lo que importa ya no es sólo ver qué se propone en colección, sino también cómo ese desfile dialoga con historias que el público reconoce. Y esta vez, la historia fue contada en Milán, frente a cientos de asistentes, fotógrafos, cámaras, y millones más viendo desde lejos.
