Tres países sede, 48 selecciones y 104 partidos: la Copa del Mundo de 2026 es la más extensa y ambiciosa de la historia. Una expansión que abre la puerta a naciones debutantes, reordena las jerarquías y vuelve más compleja la ruta hacia el título. Además, para Colombia, representa la posibilidad de volver a soñar con la gloria, en un Mundial que podría marcar el rumbo de su nueva era.
Hay Mundiales que se recuerdan por las selecciones campeonas, otros por una jugada, algunos por un resultado, otros por las figuras que emergieron y varios por sus sedes, que dieron vida a encuentros memorables. El del 2026 aspira a ser recordado por todo a la vez. La Copa del Mundo de Canadá, México y Estados Unidos es la primera con 48 equipos, la primera organizada por tres países y la primera en disputar 104 partidos. El torneo se celebra del 11 de junio al 19 de julio de 2026, y la propia FIFA estima que más de seis millones de aficionados asistirán a los estadios de las 16 ciudades anfitrionas.
Por Alan Téllez

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El nuevo formato y las sedes del Mundial 2026
La FIFA rediseñó el mapa del torneo. A diferencia de lo vivido en Qatar 2022, donde el campeonato fue más compacto por su extensión territorial y la cercanía entre sedes, el Mundial 2026 es una competencia atravesada por miles de kilómetros, husos horarios distintos y climas radicalmente opuestos.
Aquí, el mapa también juega. Para evitar un caos absoluto, la FIFA dividió las 16 ciudades sede en tres regiones: Este (Toronto, Boston, Nueva York/Nueva Jersey, Filadelfia, Atlanta y Miami), Central (Kansas City, Dallas, Houston, Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México) y Oeste (Vancouver, Seattle, San Francisco y Los Ángeles). La idea es que, durante la fase de grupos, las escuadras permanezcan en una misma zona geográfica y reduzcan los desplazamientos. Aun así, ningún Mundial había exigido tanto fuera de la cancha.
Asimismo, el sistema de competencia cambia con la ampliación del número de selecciones. El torneo cuenta con doce grupos de cuatro equipos; avanzarán los dos primeros de cada sector y los ocho mejores terceros, para completar una ronda de 32 equipos desde los dieciseisavos de final. Ese ajuste modifica el tono del campeonato: ya no basta con ganar un partido decisivo, sino con sobrevivir a un calendario que concede una segunda vida a quienes no se derrumban de inmediato.
El sorteo final se realizó en Washington D. C. el 5 de diciembre de 2025, y el calendario definitivo quedó cerrado tras definirse los últimos cupos en marzo de 2026, cuando Irak obtuvo el último boleto en el repechaje y completó el grupo de 48 escuadras. La ruta clasificatoria fue un maratón de 899 partidos a lo largo de 937 días. Con los grupos y cruces ya definidos, la justa anticipa desafíos exigentes, con duelos destacados como Portugal vs. Colombia, Brasil vs. Marruecos y España vs. Uruguay, por mencionar algunos.
Debutantes y ausencias que marcan la edición
La expansión abrió la puerta a historias inéditas: Cabo Verde, Curazao, Jordania y Uzbekistán debutarán en una Copa del Mundo masculina. La FIFA dedicó una nota específica a esos cuatro países porque su presencia resume el espíritu del formato ampliado: más federaciones con la posibilidad real de alcanzar el máximo escenario. Curazao, además, llega con un peso simbólico particular por su condición de pequeña nación caribeña; Cabo Verde lo hace como uno de los casos más llamativos de crecimiento futbolístico entre naciones de población reducida.

El simbolismo del Estadio Azteca: tradición y memoria
México, por su parte, vuelve a hacer historia. Es el primer país en albergar tres Copas del Mundo masculinas y el mítico Estadio Banorte —todavía llamado por todos Estadio Azteca— recibe el partido inaugural entre México y Sudáfrica, repitiendo, de forma curiosa, el duelo que abrió el Mundial de Sudáfrica 2010.
Un verdadero templo del fútbol: el mismo que en 1970 nos regaló el “Partido del Siglo” y la imagen de Franz Beckenbauer jugando con el hombro dislocado; donde Pelé levantó su tercera Copa del Mundo y se consagró como “O Rei” junto a una selección de Brasil plagada de leyendas; y donde en 1986 Diego Armando Maradona firmó su inmortalidad con el “Gol del Siglo” ante Inglaterra, además de la polémica “Mano de Dios”, antes de alzar el trofeo en un escenario convertido en mito. El Azteca no solo abre el Mundial, sino también una conversación sobre la permanencia de ciertos lugares en la memoria del fútbol.
Estados Unidos: escala y modernidad
Si México ofrece tradición, Estados Unidos aporta escala. La mayoría de los estadios sede pertenecen a franquicias de la NFL o fueron concebidos para el fútbol americano, con capacidades masivas, tecnología avanzada y operación profesionalizada. El país ya organizó con éxito el Mundial de 1994, edición que durante años mantuvo récords de asistencia total. Desde entonces, el soccer creció de forma evidente. La MLS (integrada por equipos de Estados Unidos y Canadá) se consolidó: llegaron figuras internacionales, surgieron academias y la selección nacional dejó de ser una curiosidad para convertirse en un rival habitual. El Mundial 2026 será la vitrina definitiva para ese proceso.
Canadá: debut y consolidación futbolística
Canadá completa la ecuación como sede debutante. Su presencia no es decorativa, ya que ha elevado su perfil futbolístico en años recientes, especialmente tras clasificar a Qatar 2022 y desarrollar una generación de nivel encabezada por Alphonso Davies y Jonathan David. Toronto y Vancouver ofrecen dos plazas estratégicas para conectar el torneo con el mercado canadiense y la costa del Pacífico norteamericano.

¿Quiénes son los quipos favoritos para ganar el mundial 2026?
Varias selecciones ya figuran en el primer plano:
- Argentina busca defender el título con una base que se mantiene sólida y liderada por Lionel Messi. Francia sostiene una de las plantillas más profundas del fútbol mundial, con un relevo generacional constante que le permite mantenerse en la élite y con un Kylian Mbappé que busca volver a levantar la Copa.
- España se presenta impulsada por una nueva camada técnica y talentosa, mientras que Inglaterra conserva una generación madura que necesita transformar su potencial en títulos.
- Brasil, como siempre, parte entre los favoritos, aunque con la tarea de dejar atrás la irregularidad de los últimos años.
- Alemania busca recuperar el peso internacional que históricamente la ha definido.
- Portugal continúa combinando la experiencia de Cristiano Ronaldo con talento emergente en un equipo que se mantiene competitivo.
En un campeonato de estas dimensiones, la profundidad del plantel es aún más determinante. El nuevo formato, además, abre espacio para escuadras que pueden irrumpir. Marruecos ya demostró en Qatar 2022 que África puede llegar a semifinales. Japón y Corea del Sur se presentan con procesos consolidados que los convierten en rivales incómodos. Estados Unidos, como anfitrión, tiene la posibilidad de capitalizar la localía, mientras que Ecuador y Uruguay acuden con una mezcla de juventud e intensidad que puede marcar diferencia en un campeonato largo.
Los grandes ausentes de la Copa del Mundo más extensa
Pero el encanto de esta Copa no está solo en los favoritos, sino en sus ausencias. Italia volvió a quedarse fuera tras caer en el play-off europeo y se perderá su tercer Mundial consecutivo. Chile, igualmente, quedó fuera de la lista de clasificados, y Nigeria, otro nombre históricamente pesado, no estará en la cita tras caer en el repechaje africano. El nuevo formato amplía la puerta, sí, pero no elimina el drama; solo lo redistribuye.
Ídolos eternos y récords que podrían redefinir la Copa del Mundo
La Copa del Mundo también tiene su aristocracia, ese club pequeño y casi ceremonial de quienes han participado en cinco Mundiales. Solo ocho futbolistas lo han logrado:
- Antonio “La Tota” Carbajal (México)
- Lothar Matthäus (Alemania)
- Gianluigi Buffon (Italia)
- Rafael Márquez (México)
- Andrés Guardado (México)
- Guillermo Ochoa (México)
- Lionel Messi (Argentina)
- Cristiano Ronaldo (Portugal)
Por ello, este Mundial podría ser histórico al ofrecer la posibilidad de que algunos de ellos rompan esa marca y disputen su sexta Copa del Mundo, como ocurre con Lionel Messi, Cristiano Ronaldo y Guillermo Ochoa.

Colombia y el desafío tras su regreso a la Copa del Mundo 2026
Además, este Mundial 2026 marca el regreso de Colombia a la justa internacional. La Tricolor aseguró su clasificación con una jornada de anticipación, terminó tercera en la eliminatoria sudamericana con 28 puntos y volvió a la Copa del Mundo tras quedar fuera de Qatar 2022. La Selección se repuso de esa ausencia y cerró el proceso por encima de Brasil y Uruguay, un hecho que refleja tanto su nivel competitivo como el peso simbólico de este regreso.
La escuadra de Néstor Lorenzo cuenta también con un grupo de jugadores con experiencia en grandes escenarios. El calendario, por su parte, juega a favor de Colombia. En el Grupo K, se enfrentará a la debutante Uzbekistán el 17 de junio en el Estadio Azteca, a República Democrática del Congo el 23 de junio en el Estadio Akron de Guadalajara y a Portugal el 27 de junio en el Hard Rock Stadium de Miami. Son tres partidos en escenarios distintos, pero con una misma oportunidad: avanzar a la fase decisiva sin tener que cruzar el continente entero. Para el aficionado colombiano, sobre todo el que vive en Norteamérica, ese mapa hace más viable una presencia numerosa en las tribunas.
El cierre ante Portugal asoma como el duelo más atractivo del grupo. No solo por el peso histórico de una selección europea que ha mantenido en la élite en los últimos años, sino por lo que representa la figura de Cristiano Ronaldo. El portugués llegará a 2026 con la mira puesta en disputar, probablemente, su último Mundial y en conquistar ese título que falta en su carrera. A su alrededor, Portugal cuenta con un plantel sólido con jugadores de primer nivel en Europa, capaces de sostener el ritmo y la exigencia de un torneo largo. Para Colombia, ese partido no será solo una prueba deportiva, sino también una confrontación directa frente a una élite que no concede margen de error.
Al final, el Mundial 2026 no se recordará solo por su tamaño, sino por las historias que deje en la cancha. Entre estadios imponentes, distancias largas y un formato que exige algo distinto, el fútbol volverá a hacer lo que siempre ha hecho: parar el mundo durante más de un mes para disfrutar de encuentros vibrantes. Para Colombia, el desafío es claro: no basta con estar, hay que competir de verdad. Porque en un torneo que promete cambiar muchas cosas, lo esencial sigue siendo lo mismo: quién está listo para dar el paso y escribir su propia historia.
