En el mundo del diseño contemporáneo, pocas figuras combinan cultura, innovación y liderazgo como Jason Mayden. Actualmente Chief Design & Visioneering Officer de Jordan Brand, Mayden ha construido una carrera marcada por la intersección entre deporte, tecnología, música y cultura global. A lo largo de su trayectoria, se ha consagrado como pionero dentro de la industria del diseño deportivo, abriendo camino en los equipos de diseño del universo Jordan en Nike.
Sin embargo, detrás de su rol dentro de una de las marcas más influyentes del planeta, hay una historia marcada por identidad, resiliencia y una conexión profunda e inesperada con Colombia. En conversación con Esquire Colombia, Mayden reflexiona sobre sus raíces afrolatinas, su primera experiencia en Cartagena, el poder de la autocreencia (self-blief) y cómo la creatividad, la tecnología y la cultura pueden inspirar a nuevas generaciones en todo el mundo.
Por: Karina Ochoa de Baker
Tuve la oportunidad de conocer brevemente a Jason Mayden durante un evento de Jordan en Nueva York. Lo que me llamó la atención desde el primer momento no fue solamente su trayectoria profesional, sino la forma en que hablaba de Colombia. No lo hacía desde la distancia ni desde el estereotipo, sino desde una experiencia profundamente humana. Sus historias sobre Cartagena, sobre “Pollo” y sobre la sensación de pertenencia que encontró allí mostraban una conexión real con el país.
Pero más allá de eso, lo que realmente me cautivó fue su forma de pensar sobre creatividad, liderazgo y propósito. Jason habla del diseño como una herramienta cultural y de esperanza. Por eso quise que esta conversación existiera, porque escuchar voces como la suya puede inspirar a muchos jóvenes creativos en Colombia a imaginar caminos que antes parecían muy lejanos.

Jordan nació en el baloncesto, pero hoy es una fuerza cultural que trasciende el deporte. ¿Cómo explicas esa transformación?
—La idea central que explica por qué Jordan conecta con tanta gente en el mundo es la autocreencia. Existe un tipo de persona al que llamamos the defier. Es el niño o la niña que cree en algo que nadie más puede ver todavía. Yo lo sentí cuando tenía siete años y le decía a la gente que quería trabajar para Michael Jordan. Muchos pensaban que era una fantasía. Michael Jordan nace en un contexto cultural específico, pero lo que representa es universal. Los zapatos y la ropa son el resultado final.
El verdadero propósito de la marca es ofrecer esperanza a gran escala, mostrar ejemplos de personas que lograron algo extraordinario y permitir que otros imaginen que ellos también pueden hacerlo. Yo soy alguien que logró el sueño que tenía de niño. Y siento una responsabilidad profunda de ayudar a que otros también lo intenten.
Tu rol implica guiar equipos creativos y también trabajar con el legado de una figura como Michael Jordan. ¿Cómo defines el liderazgo en ese contexto?
—Pienso en liderazgo de dos maneras. La primera es el concepto de stewardship. Yo no poseo a mi equipo; mi equipo me ha sido confiado por un periodo de tiempo. Mi trabajo es cuidar su talento y ayudar a dirigirlo hacia algo significativo. Me importa mucho la historia que ellos contarán en el futuro sobre su tiempo trabajando aquí.
La segunda forma de liderazgo es construir líderes. Siempre pienso en sucesión. Cuando trabajas con el legado de una figura como Michael Jordan, tienes que pensar en siglos, no en temporadas. La grandeza no es un momento espectacular, sino hacer bien las cosas pequeñas todos los días.
Muchas personas ven tu carrera como una historia de éxito. Pero también has hablado abiertamente del riesgo y del miedo. ¿Cómo convives con esos sentimientos?
—Para mí el miedo aparece cuando falta preparación. La preparación es el verdadero antídoto. Cuando sabes que has hecho el trabajo, lo que sientes no es miedo, sino una mezcla de nervios y emoción. Yo lo llamo estarnervexcited: ese momento en el que sabes que algo importante está por suceder, pero también sabes que te has preparado para estar ahí.
También pienso mucho en el sacrificio de mis ancestros. Muchas generaciones antes de mí tomaron decisiones difíciles, migraron, enfrentaron obstáculos enormes con la esperanza de que sus hijos y nietos tuvieran más oportunidades. Yo siento que soy el retorno de esa inversión. Por eso no puedo permitirme que el miedo me detenga. Lo que intento hacer es honrar ese legado empujándome constantemente fuera de mi zona de confort.
Es importante entender que el objetivo no es evitar el riesgo, sino aprender a tomar el “tiro” (shoot the ball). Michael Jordan me enseñó eso incluso antes de conocerlo. Él siempre estaba preparado. Cuando llegaba el momento, tomaba el tiro sin miedo. Mi único talento especial, honestamente, es la persistencia. Me niego a rendirme. Y creo que esa es una cualidad que cualquiera puede desarrollar. Al final, el éxito no es la ausencia de fracaso: es la decisión de seguir intentándolo.

En un momento decidiste dejar Nike, incluso estando en el rol que habías soñado desde niño. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión?
—Sí, fue una de las decisiones más difíciles de mi vida. En ese momento ocupaba uno de los cargos que siempre había soñado. Había regresado a Jordan y estaba liderando la innovación en footwear, algo que para mí tenía un significado muy profundo porque Michael Jordan había sido mi héroe desde que era niño.
Pero ocho meses después de asumir ese rol, mi hijo enfrentó un problema de salud. Y para mí siempre ha estado muy claro que mi prioridad es ser un buen padre y un buen esposo. Así que tuve que tomar una decisión muy directa: ¿me quedaba en ese puesto o ponía toda mi energía, mi red de contactos y mis habilidades al servicio de mi hijo? Elegí a mi hijo.
Mucha gente no entendió esa decisión. Pero yo sé cómo funciono: cuando estoy comprometido con algo, estoy completamente comprometido. Así que me fui y empecé prácticamente desde cero. Empecé a enseñar en Stanford, trabajé con startups. Fui conductor de Uber por un tiempo para sostenerme mientras reconstruía mi camino.
Hacía trabajos de branding y diseño para pequeñas empresas por unos cuantos dólares, cuando antes ganaba mucho más en Nike. Ese proceso era parte del aprendizaje. Quería entender un mundo diferente: cómo funcionaban las startups, cómo se captaba capital, cómo se construían compañías desde el inicio. Todo eso me permitió desarrollar nuevas habilidades y encontrar un camino que no hubiera imaginado antes. Pero lo más importante es que pude estar presente para mi hijo cuando más lo necesitaba. Para mí, eso siempre fue lo correcto.
¿Cómo influye la curiosidad en la innovación y el uso de inteligencia artificial?
—Creo que nace de la curiosidad. Desde muy joven tuve interés por entender cómo funcionan las cosas. Me enseñé a mí mismo diferentes aspectos de ingeniería mecánica y eléctrica, simplemente por curiosidad. Me gustaba construir, experimentar, crear pequeños gadgets. Por eso, cuando hablamos hoy de inteligencia artificial, prefiero llamarla “inteligencia aumentada”. Estas herramientas no están aquí para reemplazar la imaginación humana, sino para amplificarla.
La tecnología nos permite visualizar ideas más rápido, organizar pensamientos y encontrar conexiones entre diferentes áreas del conocimiento. También ayuda a cerrar la distancia entre la mente creativa y la mente analítica. A veces los diseñadores vemos las ideas muy claramente en nuestra cabeza, pero otras personas del equipo necesitan herramientas para poder visualizar lo mismo.
Lo que más me emociona es que estas herramientas reducen la barrera de entrada. Hoy alguien puede demostrar su talento sin las credenciales tradicionales ni los caminos más convencionales. Lo que realmente importa es la calidad de las ideas. Para muchos jóvenes en todo el mundo (en Colombia, en cualquier parte) eso significa acceso a oportunidades que antes simplemente no existían.

¿Hay alguna herramienta de IA que estés usando mucho en este momento? ¿Y algún libro que recomendarías?
—Una herramienta que estamos utilizando bastante ahora mismo es Vizcom. En nuestro campo se ha convertido en algo muy útil para visualizar ideas rápidamente y explorar conceptos en etapas tempranas del proceso creativo. Pero también me gusta experimentar constantemente con nuevas tecnologías. Siempre estoy probando cosas, construyendo herramientas o explorando nuevas formas de trabajar.
En cuanto a libros, normalmente estoy leyendo varios al mismo tiempo, desde economía hasta filosofía o ficción. Recientemente volví a leer Parable of the Sower, de Octavia Butler. Ella es una de mis autoras favoritas dentro de la ciencia ficción. Y algo que también forma parte de mi rutina diaria es leer la Biblia.
Hoy vivimos en un mundo saturado de contenido, redes sociales y herramientas que permiten crear y publicar constantemente. ¿Cómo destacar en medio de ese ruido?
—Siempre digo algo: la verdad no necesita estrategia. En una época en la que cada vez es más difícil distinguir lo real de lo artificial, la autenticidad se vuelve más valiosa. Las personas empezarán a buscar experiencias que se sientan humanas, incluso imperfectas.
Las cosas que antes nos parecían defectos (las imperfecciones, las historias personales, los momentos vulnerables) serán precisamente lo que haga que algo se sienta verdadero. Cuando todo se ve demasiado pulido, demasiado perfecto, empieza a perder sustancia, no se siente real. Y creo que estamos entrando en un momento donde la gente volverá a valorar el craft, el detalle, la huella humana detrás de las cosas.
Por eso trato de no perderme demasiado en el ruido de las redes sociales. Leo más libros de los que hago scroll. Me gusta la experiencia de una librería, las conversaciones que surgen cuando compartes ideas con otras personas, cuando recomiendas un libro o descubres uno nuevo. Creo que esas experiencias (la conversación, el intercambio de conocimiento, el tiempo dedicado a pensar) serán cada vez más importantes en el futuro. Porque a fin de cuentas, lo que realmente conecta a las personas no es el contenido perfecto, sino las historias que se sienten honestas y humanas.
Jordan también ha construido una relación muy fuerte con la música latina, especialmente con artistas colombianos como J Balvin. ¿Cómo vive Jordan esa conversación?
—Lo que ha pasado en Medellín en los últimos años es realmente extraordinario. Artistas como Karol G y J Balvin han convertido la cultura de la ciudad en un fenómeno global. Y no se trata solamente de la música. Es el sonido, la actitud, la forma de hablar, la energía, incluso el acento paisa. Hoy escuchas ese estilo en diferentes partes del mundo y muchas personas ni siquiera se dan cuenta de dónde viene.
He tenido la fortuna de ver ese proceso de cerca. Con José —J Balvin— ha sido un privilegio poder ayudar a contar su historia dentro de nuestra industria. Ver a un artista de Medellín llegar a escenarios globales y representar su ciudad con tanto orgullo es algo muy poderoso. Hace poco, cuando regresó a Medellín para sus conciertos, tuvimos la oportunidad de colaborar en parte del merch para su equipo. Fue algo que hicimos casi de manera espontánea, porque sabíamos que era un momento muy importante para él, para la ciudad y para el país.
También es especial porque Jordan tiene un significado muy fuerte en Colombia. Ese símbolo representa algo distinto allí. Para muchas personas no es solo una marca; es un símbolo cultural. Y siempre pienso en el impacto generacional: en el niño que está viendo todo eso desde su barrio, soñando con ser como él; tal vez algún día conozcamos a ese niño, tal vez ese niño se convierta en un atleta Jordan. Ese es el tipo de impacto que realmente importa: cuando una historia inspira a la próxima generación.

Tu conexión con Colombia parece muy personal más allá de lo profesional. ¿De dónde nace?
— Mi familia es profundamente mestiza: tenemos raíces en República Dominicana, Puerto Rico y Colombia, así que crecí dentro de una identidad afrolatina muy diversa. Pero mi conexión real con Colombia se volvió mucho más profunda cuando conocí a mi esposa. Su madre es antropóloga y pasó muchos años trabajando con comunidades indígenas en diferentes partes del mundo. Mi esposa creció rodeada de esas culturas, así que desde el principio hubo en mi vida una gran curiosidad y respeto por las historias y tradiciones de América Latina.
Mi primer momento realmente transformador en Colombia fue en Cartagena, cuando conocí a las palenqueras. Fue antes de que la ciudad se convirtiera en el destino turístico que es hoy. Recuerdo sentir que estaba en un lugar donde no tenía que explicar quién era.
Mi forma de hablar, de vestir, de moverme, mi energía… todo era bienvenido. También conocí a un hombre al que todos llamaban “Pollo”. Me llevó por la ciudad en taxi con mi esposa y mis hijos y me dijo: “Hermano, bienvenido a casa. Quiero mostrarte la gente, la comida, la historia”. No tenía mucho, pero tenía una generosidad enorme. Ese momento me dio un profundo sentido de pertenencia. Cartagena me enseñó que muchas veces uno entiende una cultura simplemente sentándose a conversar y compartiendo una comida.
¿Qué fue lo que más te impactó de la cultura colombiana?
—La resiliencia. Cuando llegué a Colombia no sentí primero el dolor histórico. Lo que percibí fue la belleza de una cultura que honra profundamente su diversidad y su herencia; percibí una energía muy fuerte de orgullo cultural, de comunidad, de gente que conoce su historia y la lleva consigo. Además me sorprendió cómo la historia forma parte de la conversación diaria.
En Estados Unidos muchas veces las historias se transmiten dentro de las familias o a través de los mayores, casi como una tradición oral. En Colombia sentí que esa memoria está mucho más integrada en la forma en que la gente habla de su país, de su cultura, de sus raíces.
Eso fue algo muy poderoso para mí, porque conecta con la historia de la diáspora africana y con la manera en que diferentes culturas han construido identidad a través del tiempo. Sentí que había una conciencia muy clara de esa herencia y una forma muy hermosa de celebrarla. También reforzó algo que mis padres siempre me enseñaron: acercarse a otras culturas con curiosidad y humildad; no asumir que uno tiene las respuestas, sino escuchar y aprender de las personas que viven esa cultura todos los días.
Siempre digo algo: si aprendes sobre Colombia solo a través de internet, realmente no estás aprendiendo sobre Colombia. Tienes que estar ahí; tienes que caminar por sus ciudades, sentarte a conversar, compartir una comida, hablar con la gente. Es en esos momentos en los que realmente empiezas a entender un lugar.
¿Cuál es tu comida colombiana favorita?
— La arepa de chócolo, especialmente la que venden al lado de la carretera con muchísimo queso. También las obleas y el chocolate caliente con queso. He tenido algunas de las mejores conversaciones de mi vida en una finca tomando chocolate con queso. Son recuerdos llenos de amor.
