El Salón Internacional Alta Relojería, celebrado en Ciudad de México, no solo reúne a las mayores casas del lujo, sino que reafirma el peso de América Latina en una industria que históricamente giró en torno a Suiza y Asia.
La alta relojería siempre ha tenido su geografía propia. Durante décadas, los epicentros fueron Ginebra, Tokio, París o Nueva York. Sin embargo, 2025 marca un punto de inflexión: Latinoamérica ya no es un destino secundario, sino un actor con peso propio en la estrategia global de las marcas. Y el Salón Internacional Alta Relojería (SIAR), que se celebra del 14 al 16 de octubre en Ciudad de México, es la mejor prueba de ello.
En su edición número 19, el SIAR no solo funciona como escaparate de lujo; se ha convertido en la plataforma donde las maisons prueban tendencias, evalúan mercados y construyen comunidad. Detrás de cada vitrina y cada reloj de edición limitada, hay una pregunta de fondo: ¿cómo se está transformando el consumo del lujo en América Latina?
Fundado en 2007, el SIAR nació con una premisa clara: acercar la relojería suiza a un público que, aunque conocedor, carecía de eventos de alto nivel en la región. Casi dos décadas después, el proyecto de Carlos Alonso se ha convertido en un referente global.
México, sede del evento, representa más del 40 % del mercado relojero latinoamericano. Su ubicación geográfica, su estabilidad económica relativa y la madurez de su clientela lo convirtieron en el punto de encuentro perfecto entre Europa y el resto de América.
El lema de este año, México LAB, resume el espíritu de la edición: posicionar al país (y por extensión, a la región) como un laboratorio donde el lujo se adapta, se prueba y se proyecta hacia nuevos consumidores.
Más de 50 marcas participarán, desde gigantes como Breitling, Piaget, IWC y Bvlgari hasta independientes como De Bethune, CIGA Design y Massena LAB. Lo interesante no es solo quién asiste, sino cómo las marcas eligen este espacio para lanzar versiones exclusivas que solo se venderán en mercados latinoamericanos.
En la última década, el mercado global de relojería ha experimentado un desplazamiento. Asia, particularmente China, impulsó las ventas durante años, pero la desaceleración económica del gigante asiático obligó a las marcas a mirar hacia otros territorios.
En ese mapa redibujado, América Latina se volvió estratégica. No tanto por volumen (aún representa menos del 10 % de las ventas globales), sino por la calidad del comprador latinoamericano, que mezcla pasión, conocimiento y fidelidad de marca.
El SIAR capitaliza esa energía. En un mismo salón, se cruzan los grandes coleccionistas de México, Colombia, Chile y Argentina, junto a distribuidores, joyerías y relojeros independientes. Las maisons entienden que en la región no se vende por impulso, sino por relación: el lujo aquí se construye desde la conversación, no desde la vitrina.
El efecto en Colombia: una oportunidad que crece
Colombia, aunque aún no alberga un evento de la magnitud del SIAR, es uno de los mercados más prometedores de la región. En los últimos cinco años, el país ha visto un incremento sostenido en la apertura de boutiques de lujo y un crecimiento del coleccionismo privado.
Ciudades como Bogotá y Medellín ya cuentan con grupos de aficionados que coleccionan relojes de alta gama con el mismo rigor que los europeos. Las redes sociales, sumadas a la profesionalización del comercio especializado, han permitido que la comunidad relojera colombiana crezca con identidad propia.
La conexión con el SIAR es directa: muchas marcas aprovechan su presencia en México para fortalecer alianzas en Colombia, lanzar colecciones limitadas en conjunto con distribuidores locales o incluso organizar exhibiciones paralelas.
En términos simples, lo que sucede en el SIAR repercute semanas después en el mercado colombiano. Es una extensión natural del circuito, donde las tendencias, los precios y las estrategias se replican casi de inmediato.
Otro motivo por el que el SIAR importa tanto a la región es su capacidad de traducir las tendencias globales a códigos locales. En 2025, las marcas coinciden en un mismo punto: el lujo debe ser coherente, medible y responsable.
En América Latina, eso se traduce en tres ejes principales:
- Educación relojera, que fomenta el conocimiento técnico y el valor artesanal.
- Sostenibilidad visible, con materiales reciclados y prácticas éticas verificables.
- Exclusividad cultural, con piezas inspiradas en la identidad local.
La nueva generación de compradores en Colombia y México no busca solo estatus. Busca narrativa, autenticidad y pertenencia. Por eso, cada año el SIAR incluye paneles dedicados al arte, la moda y la herencia artesanal, extendiendo la conversación más allá del objeto.
Latinoamérica en la conversación global
La edición 2025 del SIAR llega en un momento clave. El informe anual de Deloitte sobre la industria relojera incluye, por primera vez, un capítulo dedicado al mercado latinoamericano. Según el estudio, la región crece a un ritmo superior al promedio mundial en relojes de entre 5.000 y 20.000 dólares, un rango donde Colombia destaca.
Esto demuestra que el futuro del lujo no se limita a Europa o Asia. La diversificación geográfica es una necesidad estratégica para las maisons, y América Latina es el terreno ideal para experimentar con nuevos modelos de relación y distribución.
Más allá del lujo: una nueva identidad regional
En última instancia, el SIAR es más que un evento de relojería: es un espacio de construcción cultural. Al igual que los festivales de cine o las semanas de la moda, redefine cómo se percibe el lujo latinoamericano en el mundo.
Para Colombia, participar de esa conversación significa proyectar su propio talento (diseñadores, artesanos, joyeros) en un contexto internacional. La alta relojería comparte con la moda y el arte la búsqueda de precisión, belleza y legado.
