Adiós a la obsesión por los jovencitos, los millennials y los colágenos. Hoy, ser un daddy está de moda. ¡Y es real! Solo basta ver a Pedro Pascal desenvolviéndose de aparición en aparición con una energía tan seductora y carismática, enamorando a todos a su paso para confirmarlo. Es eso o… ¿serán síntomas de los daddy issues que carga toda una generación?
Por Luis Téllez
En los últimos años, Pedro Pascal ha sido omnipresente: en la pantalla, en memes, en entrevistas y en los sueños de medio internet. Y aunque no tiene hijos, se ha ganado un apodo que lo sigue a todas partes: daddy. Pero, ¿por qué? ¿Son sus canas? ¿La edad? ¿Su mirada protectora? ¿El común denominador entre sus personajes? ¿O simplemente un fetiche? Confuso, sí, especialmente si no estás crónicamente en línea como el 99% de la Gen Z.
Lo cierto es que, hoy por hoy, cuando alguien te llama daddy, rara vez se refiere a un padre de familia real. En el slang digital, puede ser un amigo, un amante, un ligue de medianoche y hasta tu celebrity crush, pero nunca se refiere a tu familiar de sangre. De entrada, apunta a ser ese hombre —generalmente mayor— que te atrae —platónica o sexualmente— por su carisma, madurez, seguridad y cierta actitud protectora. No es el clásico joven inquieto con falta de responsabilidad afectiva. Es alguien que —en tu imaginación— impone y a la vez seduce; que respetas, pero también deseas. Tal vez porque proyecta todo lo que no encontramos en nuestras figuras paternas reales… O porque —aceptémoslo— simplemente ya no estamos para perder tiempo con inmadureces.
La conexión entre Pedro Pascal y el término en cuestión se consolidó gracias a sus papeles en The Mandalorian y The Last of Us, donde encarna un rol paternal adoptivo. Él mismo lo admite: «Hubo una época en la que The Mandalorian era muy paternal con el bebé Grogu, y Joel era muy paternal con Ellie. Son papeles paternales. Eso es lo que son», dijo en una mesa redonda de actores de drama de The Hollywood Reporter. ¿Pero eso… enamora?
Y aunque esos personajes apelan hoy a nuestro lado emocional, no podemos ignorar que el término daddy trae una carga sexual desde mucho antes. En la cultura gay, por ejemplo, suele usarse para describir a hombres mayores, corpulentos y con una energía dominante. Las mujeres heterosexuales, por su parte, podrían asociarlo con el estereotipo del sugar daddy: ese hombre mayor que ofrece lujos a cambio de atención, compañía o algo más.
Pero en la actualidad hay una diferencia clave: el daddy —ante la mirada de las nuevas generaciones— no es necesariamente rico, una mera fantasía ni mucho menos tu papá. Es más bien una vibra, una ironía. Es una broma y un cumplido al mismo tiempo y, por tanto, —desde la mirada millennial— cool, y algo a lo que aspirar.
Piensa en daddy como el equivalente masculino de mother —otro término popularizado por la comunidad queer—. Ninguno se refiere a un rol parental literal; más bien, funcionan como títulos honoríficos de adulto en su mejor momento, que después de todas las vicisitudes de la vida “se las sabe todas” y luce bien haciéndolo. Una forma de admiración, respeto y deseo. Ser daddy representa ser maduro, confiable, protector y un poco misterioso, y sí… algo sexy. Así que si cumples con todos estos requisitos: ¡felicidades! Eres lo que todos quieren, pero pocos pueden ser.
